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¡Atacando, pura candela! Los Hermanos Flores regresan a Coachella para su segundo show

Los Hermanos Flores regresan al escenario de Coachella con más confianza tras un debut histórico que conquistó el desierto de California.

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Por Lissette Figueroa
Publicado el 18 de abril de 2026

 

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A pocas horas de su segunda presentación en Coachella, Los Hermanos Flores regresan al escenario tras un debut que marcó historia para la música salvadoreña. La orquesta conectó con una audiencia diversa, desde salvadoreños en la diáspora hasta público internacional que vibró con su cumbia. Su primer show combinó emoción, identidad y fiesta, con un repertorio que evocó la migración y también el baile. Ahora, con mayor confianza tras conocer la dinámica del festival, enfrentan este segundo fin de semana con altas expectativas, en un escenario donde esperan repetir —y elevar— la energía que los convirtió en protagonistas.

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Ha pasado una semana desde que la Orquesta Internacional Los Hermanos Flores subió al escenario Outdoor Theatre del Coachella Valley Music and Arts Festival y convirtió el desierto californiano en una extensión de El Salvador.

Entre el sol del desierto y cumbia, el público —muchos con banderas azul y blanco— respondió como si se tratara de una fiesta patronal lejos de casa. Para el segundo fin de semana, esta sábado 18 de abril, la orquesta se ha preparado para repetir —y superar— un momento que ya quedó marcado como histórico.

Lejos de bajar el ritmo tras su primer show, la agrupación y su equipo continuaron afinando cada detalle. Ensayos, ajustes técnicos y encuentros con la diáspora salvadoreña han sido parte de la agenda en estos días en California.

Los Hermanos Flores se presentarán en el escenario Outdoor Theatre de Coachella este segundo fin de semana.

En Los Ángeles, incluso, ofrecieron una conferencia de prensa donde dieron más detalles sobre el documental que capturará no solo su paso por Coachella, sino también los momentos más íntimos antes y después de subir al escenario.

Una especie de memoria audiovisual de lo que significa, para una orquesta nacida en San Vicente, tocar en uno de los festivales más influyentes del mundo y hacerlo, además, en el segundo escenario más importante del evento.

El reto no ha sido menor. Coachella es, en esencia, un festival asociado a generaciones más jóvenes, a sonidos contemporáneos que van del pop al indie y la electrónica, con una estética que marcó a toda una época, especialmente durante los años 2010. En ese universo, la presencia de una orquesta tropical salvadoreña con seis décadas parecía, en principio, improbable.

Sin embargo, lejos de esquivar el desafío, Los Hermanos Flores lo asumieron con naturalidad. Nory Flores lo ha contado en entrevistas: ni siquiera conocía el festival antes de recibir la invitación. Pero entendió su magnitud y no lo dudó. “Si nos están invitando, vamos a estar ahí con la voluntad de Dios”, le dijo a su hijo en ese momento.

Así comenzó un proceso que se extendió por más de seis meses y que tuvo su primer gran resultado el pasado 11 de abril. Ese día, la emoción se mezcló con la incertidumbre. Carlos Cortez lo resumió así: presentarse en un festival de alcance global, frente a un público diverso, no solo salvadoreño sino de todo el mundo, implicaba una responsabilidad distinta.

“Nos sentimos orgullosos por estar como centroamericanos en ese gran monstruo de escenario”, expresó, recordando también la respuesta del público, que no tardó en validar el esfuerzo con aplausos, gritos y banderas en alto.

El público responde con euforia al debut de Los Hermanos Flores en uno de los escenarios más importantes del mundo.
El público respondió con euforia al debut de Los Hermanos Flores en uno de los escenarios más importantes del mundo. Foto: Los Hermanos Flores.

Para César Cortez, la experiencia tuvo un componente profundamente humano. Habló de ese miedo natural frente a lo desconocido, de la tensión previa que acompaña a los grandes momentos, pero también de lo que ocurrió cuando finalmente salieron al escenario.

La imagen que narra es clara: una multitud ya encendida, esperando y reaccionando al instante en que los vio aparecer. “Nos recibieron como si fuéramos héroes”, dijo. Y en ese recibimiento, agregó, hubo algo más importante: la sensación de estar en casa, incluso a miles de kilómetros de distancia.

Ese vínculo con el público fue, en gran medida, el corazón del espectáculo. Entre los asistentes había salvadoreños de la diáspora, hijos de migrantes que crecieron fuera del país pero heredaron su cultura, otros compatriotas que viven en El Salvador y viajaron por la experiencia, así como latinoamericanos y público internacional que se dejó llevar por el ritmo de la cumbia.

El repertorio no fue casual. Muchas de las canciones interpretadas hablan precisamente de migración, de distancia y de identidad: temas como Emigrante latino, Sin visa ni pasaporte y El ausente resonaron con fuerza en ese contexto.

Pero también hubo espacio para la celebración, con clásicos bailables como La enfermera, Salvadoreñas, El comején y, por supuesto, La bala. Además ese sentimiento de orgullo y de identidad estuvo explicito en Mi país y Arriba El Salvador.

Ahora, de cara a su segunda presentación este fin de semana, el panorama es distinto. La incertidumbre inicial ha sido reemplazada por experiencia. “Vamos un poquito más relajados”, reconoce César Cortez. Ya conocen la dinámica del festival: los tiempos, los accesos, el camerino, el recorrido hasta el escenario.

Haber estado ahí, haberlo vivido, les da una ventaja que no tenían hace una semana. Y también hay expectativa: dentro del circuito de Coachella, se dice que el segundo fin de semana suele tener aún más energía, e incluso, más público.

Desde el equipo, la invitación es clara. Jimmy Orellana lo resume en un mensaje directo para quienes asistirán: llegar con la misma emoción de la primera vez, apoyar y dejarse llevar por el espectáculo. Para quienes no pudieron estar en la primera fecha, insiste, esta es una oportunidad que no se repite fácilmente. No solo por el show, sino por lo que representa.

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