SarampiónHermanos Flores en CoachellaArtemis IISemana Santa 2026 Guerra en Irán Copa Presidente 2026

Banner versión desktop Banner versión móvil

Vocalistas de Los Hermanos Flores relatan cómo vivieron su debut en Coachella

En entrevista con elsalvador.com, los vocalistas de Los Hermanos Flores relatan su experiencia en el debut en Coachella.

Avatar del autor

Por Lissette Figueroa
Publicado el 16 de abril de 2026

 

TU RESUMEN

El debut de Los Hermanos Flores en Coachella estuvo marcado por la incertidumbre inicial, que rápidamente se transformó en euforia al ver el respaldo del público. Sus vocalistas relatan cómo pasaron del miedo a la adrenalina, impulsados por la reacción de asistentes de distintas nacionalidades. Momentos como la ovación al subir al escenario, la participación de un exvocalista y el apoyo del staff del festival consolidaron una experiencia inolvidable. Entre abrazos y palabras de gratitud tras el show, la agrupación reafirmó su compromiso de representar dignamente a El Salvador y repetir el éxito en su segunda presentación.

El primer fin de semana de Coachella Valley Music and Arts Festival no solo marcó un hito para la música salvadoreña, sino que se convirtió en una prueba emocional y artística para Los Hermanos Flores.

Sobre ese escenario inmenso, donde convergen culturas, sonidos y miradas de todo el mundo, sus vocalistas Carlos Cortez, César Cortez y Jimmy Orellana vivieron una montaña rusa de sensaciones: nervios, incertidumbre, euforia y, finalmente, una satisfacción compartida que todavía resuena.

Carlos Cortez lo resume con una mezcla de humildad y orgullo: “Nos sentimos orgullosos porque es un festival mundialmente conocido… y nos hace feliz que nosotros como centroamericanos estemos en ese gran festival”. La dimensión del reto no era menor. No se trataba solo de tocar, sino de representar a un país entero frente a un público diverso, donde convergen latinos, estadounidenses y asistentes de múltiples nacionalidades.

Pero antes de la ovación, hubo duda. “El momento más memorable fue cuando llegamos al escenario… vimos que estaba como solo y dijimos, ‘Híjole, no vamos a pegar aquí porque no hay gente’”, recuerda Carlos. La escena cambió en cuestión de minutos. “De repente vamos viendo que eso se llenó rápido… y eso nos puso felices”. Esa transformación —del temor a la euforia— definió el pulso del concierto.

Esa misma sensación de enfrentarse a lo desconocido fue clave para César Cortez, quien describe el debut como un desafío absoluto. “No sabíamos absolutamente nada, no conocíamos el escenario, no conocíamos al público. Era un desafío completamente nuevo”, explica. La emoción, dice, estaba atravesada por algo profundamente humano: “Era una sensación de incertidumbre; una emoción bonita, pero al mismo tiempo el miedo normal ante lo desconocido”.

Los colores azul y blanco brillan en el escenario mientras la cumbia salvadoreña hace historia en el festival.
Los colores azul y blanco brillan en el escenario mientras la cumbia salvadoreña hace historia en el festival. Foto: Los Hermanos Flores.

Sin embargo, ese miedo se transformó en energía. Jimmy Orellana lo describe con claridad: “Nos estaba ganando la ansiedad… pero cuando ya vimos que todo estaba más de lo que pensábamos, ese nerviosismo se convirtió en energía, en adrenalina para dar un mejor espectáculo”. La reacción del público fue el punto de quiebre. No solo respondieron los salvadoreños o los latinos; también lo hicieron personas de otras culturas. “Ver a americanos, italianos bailar y gozar sin conocer la música, eso fue muy especial”, añade.

Uno de los momentos más potentes llegó justo antes de salir al escenario. César lo recuerda como una imagen imborrable: “Cuando vimos aquella cantidad de gente esperándonos… la gente se activó, gritó, elevó las banderas… nos recibió como si de unos héroes se tratara”. Esa recepción no solo los impulsó, sino que les dio una sensación inesperada: “Nos hizo sentir en casa”.

El concierto también tuvo un componente emocional que conectó pasado y presente. La aparición de Julio Roberto, exvocalista histórico de la orquesta, marcó un punto alto en la presentación. “Era justo y necesario darle un vistazo a esa época”, explica César. Pero más allá de la nostalgia, hubo un gesto que resonó profundamente: el llamado público a apoyar a las nuevas generaciones de vocalistas. En medio de críticas y comparaciones en redes sociales, ese respaldo se sintió como un espaldarazo en el momento justo.

Al bajar del escenario, la emoción se volvió íntima. Carlos recuerda cómo los vocalistas se reunieron: “Nos abrazamos, nos dimos las manos y nos dijimos, ‘Bendito mi padre, hemos salido bien de esta gran prueba’”. César también revive ese instante desde lo personal: “Llamé a mis compañeros y les dije, ‘Me siento muy afortunado de haber vivido esta experiencia con ustedes’”. Entre abrazos y palabras sinceras, la magnitud de lo vivido terminó de asentarse.

El reconocimiento no se limitó al público. También vino desde la organización del festival. César relata cómo miembros del equipo, incluso sin hablar español, se acercaron con gestos claros: “Good job, qué excelente trabajo”. Jimmy confirma esa impresión: “Se acercaron y nos dijeron que habíamos hecho un buen trabajo, que les había encantado”. Para una agrupación que llevaba su identidad musical a un escenario global, ese tipo de validación tuvo un peso especial.

Incluso los detalles logísticos se transformaron en símbolos de conexión. La repartición de banderas salvadoreñas entre el público, con ayuda del propio staff del festival, reflejó una colaboración espontánea que trascendió idiomas. “Se volcó toda la atención y el cariño hacia nosotros”, dice César.

La agrupación salvadoreña conectó con un público diverso que respondió con aplausos, banderas y euforia durante su debut.
La agrupación salvadoreña conectó con un público diverso que respondió con aplausos, banderas y euforia durante su debut.

En lo musical, el repertorio fue clave para consolidar esa conexión. Carlos lo explica como una declaración de identidad: “No es una sola canción, son varias las que nos identifican como orquesta”. Entre esas canciones identitarias están Mi país o La bala —esta última destacada por Jimmy como una de las más coreadas— funcionaron como puentes emocionales entre la banda y el público.

Ahora, con un segundo fin de semana por delante, la presión se transforma en expectativa. “Tenemos que hacer el mismo papel o trabajar mejor para que esos fans se vayan contentos”, afirma Carlos. César, por su parte, anticipa una experiencia distinta: “Vamos un poquito más relajados por que ya sabemos cómo es todo”.

El mensaje final es claro. “Que lo vivan al máximo”, dice César, evocando a un fan que, con lágrimas en los ojos, les agradeció tras el concierto. Jimmy lo resume desde el escenario: “No se pueden perder esto por que somos hermanos todos”. Y Carlos lo eleva a una dimensión simbólica: “Queremos que El Salvador nuevamente esté en lo más alto”.

💡
¿Qué deseas ver ahora?