¿Cuánto depende El Salvador del exterior para abastecerse?
La dependencia salvadoreña de las importaciones atraviesa variedad de rubros ¿Cuál país necesita más de ellas en toda América Central? ¿Será el nuestro?
La dependencia salvadoreña de las importaciones atraviesa la alimentación, el transporte, la agricultura y el cuidado personal. Entre enero y septiembre de 2026, el país compró mercancías por 14.486,4 millones de dólares, casi tres veces lo que exportó.
La exposición incluye alimentos terminados, pero también ingredientes, fertilizantes, combustibles y repuestos necesarios para mantener en funcionamiento la producción nacional.
Las importaciones aumentaron un 10 % durante esos nueve meses, mientras las exportaciones alcanzaron 5.093,1 millones de dólares, según el Banco Central de Reserva (BCR). Por cada dólar vendido al exterior en mercancías, El Salvador compró aproximadamente 2,84 dólares.
El alcance de esa dependencia exige distinguir dos cuestiones: cuánto se gasta en compras externas y qué proporción del consumo nacional satisfacen. Una factura elevada demuestra exposición comercial, pero no permite afirmar, por sí sola, que determinado porcentaje de todos los productos consumidos sea importado.
La vinculación también es productiva. Hasta septiembre, las compras de bienes intermedios sumaron 5.421,9 millones de dólares y las de bienes de capital, 2.775,6 millones. Ambas categorías muestran que el abastecimiento externo sostiene insumos y equipos utilizados dentro del país.
Alimentos: la dependencia también está dentro de lo fabricado en casa
El Salvador importó alimentos por 3.294,1 millones de dólares en 2025, un 13 % más que el año anterior, según cifras del BCR recogidas por Diario El Mundo. Las preparaciones comestibles representaron 819,6 millones y los cereales, 527,8 millones.
Las conservas forman parte de ese abastecimiento. La plataforma WITS del Banco Mundial, con datos de comercio de Naciones Unidas, registra compras de atún, listado y bonito preparados o conservados por 4,1 millones de dólares en 2025, principalmente desde Costa Rica.
Esa partida permite observar una familia de productos, aunque no equivale a toda la comida enlatada. Las estadísticas clasifican los alimentos por su composición y preparación; por ello, sumar únicamente una categoría no permite medir todas las conservas ni determinar su participación en el consumo nacional.

La dependencia continúa detrás de las marcas elaboradas localmente. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos documenta que los fabricantes salvadoreños utilizan materias primas e ingredientes importados, entre ellos trigo, aceites, derivados lácteos, harina de soja y aditivos especializados.
Su informe de abril de 2026 sitúa las importaciones de productos agrícolas intermedios en unos 692 millones de dólares durante 2025. Esto significa que un alimento procesado en territorio salvadoreño puede conservar una exposición considerable a los precios y suministros internacionales.
La FAO advirtió en octubre de 2026 que las necesidades de importación de cereales para el ciclo 2026/2027 serían superiores al promedio. Señaló la demanda de maíz para alimentación animal, de trigo y arroz para consumo humano, y las pérdidas productivas asociadas a la sequía.
Las compras externas también amortiguan problemas de abastecimiento. Según el organismo, los elevados volúmenes importados contribuyeron a mantener los precios del maíz blanco y del frijol rojo por debajo de los niveles de un año antes, pese a las dificultades agrícolas.
Fertilizantes y combustible: importar para sembrar y transportar
En fertilizantes, WITS registra importaciones por 71,9 millones de dólares en 2025. China suministró 33,5 millones y Rusia, 15,7 millones: juntos concentraron aproximadamente el 68,4 % del valor comprado, una exposición relevante a dos proveedores.
Estos montos no equivalen al porcentaje de fertilizantes utilizados que procede del extranjero, porque también deben considerarse mezclas, producción y existencias nacionales. Sí muestran que una parte importante del abastecimiento agrícola depende de cadenas internacionales.
Un estudio de 2022 coordinado por la Unidad Ecológica Salvadoreña, con apoyo de Oikos, documentó obstáculos para cambiar las prácticas agrícolas en cuatro municipios del occidente. Entre ellos figuraban el arrendamiento de tierras y las dificultades para invertir en recuperación del suelo.
Ese diagnóstico local ayuda a entender por qué reducir la necesidad de insumos externos requiere cambios duraderos. Las familias consultadas explicaron que cultivar terrenos ajenos limita la continuidad de prácticas agroecológicas cuyos beneficios necesitan varios ciclos agrícolas.
En los derivados del petróleo, la dependencia es más directa: El Salvador carece de producción petrolera. Durante 2025, las importaciones alcanzaron 2.338,2 millones de dólares, incluyendo gasolina, diésel, propano y lubricantes; Estados Unidos concentró el 87,9 % del valor.
La exposición afecta tanto a los desplazamientos como a la distribución de alimentos y la preparación de comidas. Un encarecimiento del combustible puede trasladarse a varias actividades simultáneamente, aunque su impacto final depende de los costes, los márgenes comerciales y las medidas aplicadas.
Higiene, repuestos y medicamentos: otras necesidades vinculadas al exterior
La higiene personal también tiene un componente importado comprobable. Solo las compras de champú sumaron 33,6 millones de dólares en 2025, según WITS; México aportó 21,7 millones, alrededor del 65 % del total de esa partida.
El dato ilustra la concentración del suministro en un producto cotidiano, pero no representa todo el mercado de higiene. Para calcular una dependencia conjunta habría que incorporar jabones, dentífricos y otros artículos, además de contrastarlos con la producción y el consumo nacionales.
Los repuestos tienen otra importancia estratégica: permiten mantener vehículos y servicios de transporte. En 2025, las importaciones de partes y accesorios de los vehículos comprendidos en la partida arancelaria 8708 alcanzaron 144,8 millones de dólares, con China, Japón y Estados Unidos como principales proveedores.
Esa cifra no incluye todas las piezas utilizadas por la economía: neumáticos, baterías y determinados componentes se clasifican por separado. Por tanto, representa una parte del abastecimiento necesario para reparar y conservar equipos, no una factura completa del mantenimiento nacional.
Los medicamentos constituyen otro rubro sensible. Entre enero y septiembre de 2026, el BCR registró compras por 526,2 millones de dólares en medicamentos dosificados o acondicionados para venta al por menor, una categoría fundamental para la continuidad de tratamientos.
La dimensión financiera completa el panorama. En su revisión de octubre, el Fondo Monetario Internacional proyectó para 2026 un déficit comercial equivalente al 31,3 % del PIB y un déficit de cuenta corriente del 4,8 %, dentro de una economía que recibe cuantiosas transferencias externas.
El conjunto de datos revela una dependencia extensa, aunque desigual entre productos. Las importaciones permiten abastecer hogares y empresas, pero también transmiten alteraciones de precios y suministro. Fortalecer la producción viable y diversificar proveedores puede reducir esa vulnerabilidad sin prescindir del comercio exterior.
El Salvador ocupa el cuarto lugar regional por el peso de sus importaciones
El Salvador figura entre los países centroamericanos cuyas importaciones tienen mayor peso frente al tamaño de su economía. Al comparar las compras externas de bienes y servicios como porcentaje del producto interno bruto (PIB), se sitúa por debajo de Nicaragua, Honduras y Belice, pero por encima de Panamá, Costa Rica y Guatemala.
La comparación utiliza datos de 2024 del Banco Mundial recopilados por TheGlobalEconomy, disponibles en inglés y castellano. El ranking ordena los siete países de mayor a menor según este indicador, con un mismo año de referencia para evitar comparaciones entre periodos distintos.
1. Nicaragua: 58,06 % del PIB. Registra la proporción más elevada entre los siete países comparados, con importaciones equivalentes a unos 58 dólares por cada 100 dólares de producción económica.
2. Honduras: 57,56 % del PIB. Ocupa el segundo puesto, medio punto porcentual por debajo de Nicaragua y por encima del registro salvadoreño.
3. Belice: 53,75 % del PIB. Se coloca en tercera posición. Aunque su economía es menor en términos absolutos, sus compras externas representan más de la mitad del valor de su PIB.
4. El Salvador: 51,90 % del PIB. Ocupa el cuarto lugar, con una proporción superior a la de los tres países restantes y cercana a la de Belice.
5. Panamá: 39,32 % del PIB. Sus importaciones tienen un peso relativo inferior al salvadoreño, con una diferencia de aproximadamente 12,6 puntos porcentuales.
6. Costa Rica: 32,80 % del PIB. Se encuentra en sexta posición, con compras externas equivalentes a cerca de un tercio del valor de su economía.
7. Guatemala: 31,45 % del PIB. Presenta la menor proporción del grupo. El indicador salvadoreño la supera en unos 20,5 puntos porcentuales.
Con esta medida, Nicaragua encabeza la clasificación y Guatemala ocupa el último puesto. El Salvador queda en una posición intermedia, aunque forma parte de los cuatro países cuyas importaciones equivalen a más de la mitad de su PIB.
Este resultado no significa que el 51,90 % de lo consumido por los salvadoreños sea importado. El indicador relaciona las compras externas con la producción económica e incluye servicios, maquinaria e insumos, además de productos destinados al consumo final.
Tampoco determina qué país es más dependiente en cada producto crítico. Para comparar alimentos, fertilizantes o combustibles haría falta medir cuánto del abastecimiento interno cubren las importaciones en cada categoría, considerando también la producción nacional y las exportaciones.
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