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TMO vs. VAR: lo que FIFA aún puede aprender del rugby

El Mundial de Rugby 2023 permitió escuchar cómo árbitros y TMO construían numerosas decisiones. ¿Qué puede aprender la FIFA con respecto al VAR?

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Resumen del artículo:

El Mundial de Rugby 2023 permitió escuchar cómo árbitros y TMO construían numerosas decisiones. ¿Qué puede aprender la FIFA con respecto al VAR?

La Copa Mundial de la FIFA 2026 fue probablemente el torneo de fútbol con mayor despliegue tecnológico de la historia.

Hubo cámaras corporales en los árbitros, un balón conectado, seguimiento óptico, recreaciones tridimensionales de los jugadores y una versión más avanzada del fuera de juego semiautomatizado.

Sin embargo, una de las piezas más sencillas continuó ausente para el espectador: escuchar qué dicen el árbitro, el VAR y sus asistentes cuando analizan una decisión.

El contraste resulta particularmente visible con el rugby.

En la Copa del Mundo de Francia 2023, una revisión formal del Television Match Official, universalmente conocido como TMO, podía convertirse en una conversación abierta ante millones de personas: el árbitro exponía qué había visto, el TMO indicaba qué quería comprobar, aparecían las repeticiones y las partes discutían lo que mostraban las imágenes antes de alcanzar una resolución.

No era transparencia absoluta. El rugby también dispone de comunicaciones privadas y el denominado “bunker” introducido en aquel Mundial no retransmitía toda su deliberación. Pero el aficionado podía seguir una parte mucho mayor del razonamiento arbitral que en el fútbol.

La diferencia deja una pregunta después del Mundial 2026: si FIFA posee cámaras, micrófonos, audio en tiempo real, decenas de señales de televisión y una sala VAR centralizada, ¿qué le impide acercarse al modelo del rugby?

La respuesta está menos relacionada con la tecnología que con la forma en que el fútbol ha decidido gobernarla.

El TMO deja ver una decisión mientras se construye

El TMO del rugby y el VAR del fútbol parten de una idea similar: utilizar imágenes televisivas para corregir errores importantes sin reemplazar por completo al árbitro que dirige el encuentro.

La diferencia aparece en la manera de mostrar ese proceso.

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Foto: AFP

Durante una revisión formal de TMO, el árbitro puede detener el juego, formular qué necesita revisar y observar las repeticiones en la pantalla gigante del estadio. El operador selecciona las tomas solicitadas y la conversación entre el TMO y los árbitros acompaña esas imágenes.

El procedimiento permite que quien ve el partido entienda no únicamente qué ocurrió, sino también qué está buscando el árbitro.

La mecánica suele ir de lo general a lo particular. Ante una acción peligrosa, por ejemplo, primero puede mostrarse una toma que permita apreciar el contexto y posteriormente ángulos cerrados o cámara lenta para determinar el punto de contacto, el grado de peligro y posibles elementos atenuantes.

En jugadas de anotación también existe una pregunta concreta. El árbitro puede comunicar que su decisión en cancha es “try” o “no try” y pedir imágenes que permitan confirmarla o modificarla.

Eso produce una diferencia importante para el espectador: conoce la hipótesis inicial y después observa cómo la evidencia puede sostenerla o derribarla.

El TMO tampoco depende simplemente de lo que decide mostrar una transmisión de televisión. El sistema recibe las distintas cámaras orientadas al terreno y el operador puede trabajar con cámara lenta, reproducción a velocidad real, zoom, imágenes sincronizadas y pantalla dividida.

Sin embargo, decir que el rugby transmite “absolutamente todo” sería incorrecto.

World Rugby dispone de un canal público, empleado para las revisiones formales y susceptible de ser retransmitido, pero también de un canal privado. Las intervenciones rápidas del TMO mientras el balón continúa en juego, por ejemplo, pueden realizarse por esa vía privada.

Además, el Mundial de 2023 incorporó el sistema conocido como Foul Play Review Bunker. Cuando una acción alcanzaba como mínimo el umbral de tarjeta amarilla pero no estaba claro si merecía roja, el jugador salía temporalmente y un oficial especializado tenía hasta ocho minutos para analizar todas las imágenes disponibles.

Esa deliberación del bunker no era retransmitida íntegramente. Una vez tomada la decisión, el resultado llegaba al equipo arbitral y se comunicaba mediante las pantallas del estadio y los gráficos de televisión.

Por eso, el gran aprendizaje del rugby no consiste necesariamente en poner al aire cada palabra pronunciada por cada oficial. Consiste en distinguir qué conversación debe ser pública y cuál puede permanecer operativa, sin ocultar el razonamiento central de una revisión formal.

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Foto: AFP

El mundial 2026 mostró imágenes, pero no abrió la sala VAR

El sistema utilizado por FIFA en 2026 fue tecnológicamente mucho más sofisticado que el estrenado en Rusia 2018.

El VAR mantuvo su principio fundamental: intervenir ante errores claros y obvios o incidentes graves inadvertidos en situaciones capaces de modificar un partido, como goles, penales, expulsiones directas y confusiones de identidad.

Para 2026 se ampliaron determinadas competencias. El videoarbitraje pudo corregir una expulsión producida por una segunda amarilla claramente incorrecta, intervenir en casos ampliados de identidad equivocada y, como opción para las competiciones, corregir inmediatamente un saque de esquina concedido de forma manifiestamente errónea.

FIFA añadió además la tecnología avanzada de fuera de juego semiautomatizado. Dieciséis cámaras ópticas seguían posiciones de futbolistas y balón, los jugadores habían sido escaneados tridimensionalmente y el balón conectado aportaba información sobre el instante de contacto.

En fueras de juego posicionales claros, la tecnología podía incluso enviar una alerta directamente al equipo arbitral sobre el terreno, reduciendo la necesidad de pasar primero por todo el procedimiento tradicional del VAR.

El Mundial también incorporó cámaras en los árbitros. El llamado Referee View transmitió imágenes de alta definición desde la perspectiva del colegiado y FIFA promocionó la herramienta como una forma de acercar al público al arbitraje.

Pero ahí aparece una paradoja.

La cámara era capaz de transmitir video y audio en tiempo real, pero el espectador podía mirar desde los ojos del árbitro sin escuchar la conversación decisiva que mantenía con el VAR.

Las propias Reglas de Juego 2026/27 son explícitas. Los árbitros pueden utilizar cámaras corporales y estas pueden incorporar micrófonos, pero esos micrófonos no pueden utilizarse para retransmitir las comunicaciones con el VAR.

FIFA sí avanzó en otra dirección: los árbitros pueden anunciar públicamente la decisión después de determinadas revisiones, una práctica experimentada previamente en torneos FIFA y consolidada como opción reglamentaria por el IFAB.

Es una mejora respecto al antiguo silencio.

Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre escuchar “después de la revisión, la decisión es penal” y escuchar al VAR explicar qué contacto observa, al árbitro responder qué había apreciado en vivo, solicitar otro ángulo y justificar finalmente por qué modifica o mantiene su decisión.

El primer sistema comunica una conclusión.

El segundo permite conocer el proceso.

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Foto: AFP

VAR y TMO: dos filosofías diferentes ante problemas parecidos

En ambos deportes, el árbitro sigue siendo la autoridad principal y la tecnología funciona como asistencia. Tanto FIFA como World Rugby utilizan además el concepto de infracción o error “claro y obvio” para limitar determinadas intervenciones.

Pero su funcionamiento práctico presenta diferencias relevantes.

En el rugby de 2023, cualquier integrante del equipo arbitral podía provocar una revisión dentro de los parámetros establecidos, incluido el propio TMO. En una revisión formal, el árbitro y el oficial de televisión podían dialogar mientras las imágenes eran mostradas al público.

El protocolo también delimitaba cuánto podía retroceder la revisión de determinadas anotaciones. Para varias infracciones se observaban las dos fases inmediatamente anteriores al try, evitando revisar indefinidamente todo lo ocurrido antes de la anotación.

El fútbol utiliza otra estructura. El VAR revisa automáticamente todos los incidentes correspondientes a sus categorías y únicamente recomienda una revisión cuando encuentra el umbral necesario.

En situaciones subjetivas, el árbitro puede acudir al monitor y tomar la decisión definitiva. En otras, particularmente las factuales, puede aceptar directamente la información proporcionada desde la sala VAR.

El gran contraste aparece nuevamente en el audio: la conversación es interna.

Existe también una diferencia interesante en el manejo del tiempo.

El protocolo de VAR establece que una revisión debe completarse con eficiencia, pero no fija un tiempo máximo, porque considera que la exactitud de la decisión es más importante que la velocidad.

World Rugby ensayó una solución distinta para las decisiones disciplinarias más complejas en 2023. Con el bunker, el árbitro no tenía que permanecer varios minutos frente a una pantalla analizando cada repetición. Mostraba inicialmente una amarilla, el jugador abandonaba temporalmente el campo y un oficial especializado disponía de hasta ocho minutos para decidir si la sanción debía convertirse en roja.

El partido podía continuar mientras se desarrollaba una parte de la revisión.

Ese mecanismo no puede copiarse literalmente al fútbol, que posee reglas disciplinarias diferentes y no utiliza expulsiones temporales en ese nivel. Pero sí revela una filosofía: la tecnología debe adaptarse al partido y no necesariamente obligar al partido a detenerse hasta que la tecnología termine de trabajar.

El rugby tampoco salió de Francia 2023 sin controversias. Entrenadores cuestionaron la consistencia del bunker y hubo críticas por el uso excesivo del TMO y las interrupciones.

La transparencia no eliminó las discrepancias arbitrales.

Ese punto es fundamental: escuchar una conversación no garantiza que todos estén de acuerdo con la decisión. Lo que sí permite es conocer cómo fue tomada.

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Foto: AFP

La lección para FIFA no necesita una nueva tecnología

El mayor aprendizaje que FIFA podría tomar de World Rugby es precisamente ese: la transparencia no tiene que significar ausencia de controversia; significa hacer visible el procedimiento que produjo una decisión controvertida.

La primera medida sería abrir el audio de las revisiones formales.

No sería necesario retransmitir permanentemente todos los canales del equipo arbitral. World Rugby demuestra que pueden coexistir comunicaciones públicas y privadas.

Cuando el VAR recomiende una revisión en cancha, el audio entre el árbitro y el VAR podría pasar a un canal público sincronizado con las imágenes utilizadas.

El espectador sabría entonces qué se está revisando, qué observó inicialmente el árbitro, qué elemento detectó el VAR, qué repetición resulta determinante y qué regla está siendo aplicada.

Una segunda enseñanza sería mostrar de manera consistente las mismas imágenes relevantes sobre las que están trabajando los oficiales.

El fútbol ya lo hace parcialmente con las animaciones de fuera de juego y las repeticiones televisivas. El paso adicional sería convertirlo en parte del protocolo de comunicación y no dejarlo exclusivamente en manos de la narración televisiva.

La tercera sería separar claramente la comunicación de decisiones de la explicación de decisiones.

Los anuncios mediante el micrófono introducidos por FIFA representan un avance, pero llegan cuando la deliberación terminó. El rugby permite que el público siga buena parte del razonamiento mientras ocurre.

Una cuarta lección está relacionada con los tiempos. El fútbol podría establecer objetivos operativos mucho más definidos para las revisiones y estudiar mecanismos que eviten análisis interminables sin sacrificar precisión.

Y existe una quinta cuestión, probablemente la más importante: la gobernanza.

Las Reglas de Juego del fútbol no dependen exclusivamente de FIFA. Son aprobadas por el International Football Association Board, integrado por FIFA y las federaciones de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

FIFA posee cuatro de los ocho votos; las cuatro asociaciones británicas tienen uno cada una. Para modificar las reglas se necesita una mayoría de tres cuartas partes, es decir, seis votos.

Por eso sería impreciso atribuir únicamente a FIFA la prohibición de retransmitir las comunicaciones del VAR.

Pero también sería incorrecto presentar a la organización como un actor ajeno a esa política: FIFA representa la mitad del poder de voto del IFAB, desarrolla y prueba buena parte de las tecnologías arbitrales y organiza el Mundial que funciona como principal escaparate del sistema.

La evidencia de 2026 permite una conclusión especialmente clara. El fútbol ya consiguió colocar una cámara con micrófono sobre la cabeza de un árbitro, transmitir esa señal en tiempo real, conectar un balón con sensores, crear réplicas tridimensionales de 1,248 futbolistas y centralizar a sus especialistas VAR a miles de kilómetros de algunos estadios.

Lo que todavía no decidió hacer es dejar escuchar al público la conversación que explica por qué un penal es penal, por qué una roja es roja o por qué un gol debe desaparecer.

Esa barrera ya no parece tecnológica. Es reglamentaria y, por extensión, de gobernanza.

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Foto: elsalvador.com

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