Fernando Palomo: "Soy del Alianza FC desde mi primera memoria"
ENTREVISTA. Fernando Palomo charló con elsalvador.com para desgranar su fervor por Alianza Fútbol Club, descubre aquí varios detalles sobre semejante pasión
Fernando Palomo charló con elsalvador.com para relatar como surgió su fervor desmesurado por Alianza Fútbol Club.
El génesis de su simpatía por el equipo, la memoria más preciada con la divisa alba, el rival que más disfruta ver caer enfrente y un sinfín de vivencias teñidas casi en su totalidad de blanco...
Salvo, salvo, por la presencia de esa famosa letra "A" meramente roja; justo de ese matiz que le evoca nada menos una muy singular anécdota de infancia.
Previo a convertirse en uno de los relatores salvadoreños de mayor renombre en el periodismo deportivo internacional, Fernando Palomo lucía ya alojaba en el pecho una pasión que marcaría su existencia.
Su vínculo con Alianza FC germinó en forma simultánea a sus tempranas reminiscencias, entre la insistencia de dos hermanos que procuraban volcarlo hacia veredas antagónicas.
Entrenamientos de libre acceso a los que asistía en su niñez, idas al escenario deportivo y una lealtad que resistió trances complejos: lejanías geográficas y décadas de permanencia en el exterior.
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Aquí la charla:
—Un colega nuestro, Diego Borinsky, dijo alguna vez en X: "Los periodistas no nacemos de un repollo. El 95% somos hinchas de un club. Si eso te invalida para hacer una nota, no habría notas". ¿Compartís esa idea, Fernando?
—No sé si tanto en número, de hecho creo que es un porcentaje mucho más alto (risas) del que comparte Diego, pero sí, comparto que todos nacemos así, si nos gusta esto (el oficio) nos apasionamos primero por el juego y dentro del mismo vamos identificándonos con un equipo.
La profesión después te lleva, de alguna manera, a descolorar (por así decirlo) tus colores, pero siempre tenés unos con vos.
Cuando sos pequeño, obviamente ambicionás en algún momento ser futbolista y tratás de hacerlo con aquel equipo que más cerca tenés por una cuestión geográfica.
Después ese equipo también se te acerca al corazón.
Si sos apasionado por este juego, probablemente eso se desarrolló gracias a la pasión que primero te creció por un equipo.
Entonces, la respuesta corta es: sí.
Incluso, se me hace difícil imaginar a alguien a quien realmente le guste el fútbol y ejerza este oficio, y sin haberse aficionado antes por alguna camiseta.
—¿Cómo nace y cuándo tu pasión por Alianza Fútbol Club?
—¿Cuándo? Creo que tendría que ser al nacer, prácticamente.
Mis hermanos mayores me llevan ya suficientes años como para que pudieran tomar sus propias determinaciones.
Ellos decidieron en su momento —quizás les llegó más tarde que a mí— uno ser de FAS y el otro ser de Alianza FC.
Y al ser yo el menor, pues ambos creo que se tomaron la tarea de tratar de condicionar mi afición por uno de los dos equipos.
Entonces sí recuerdo, vagas memorias, pero desde muy pequeño escuchar cómo mi hermano Eduardo me intentaba convencer de ser aficionado de FAS.
Y creo que, en la debilidad o el cansancio por la insistencia, caí en la trampa y dije que apoyaría a FAS.
Eso, solo para ponerme a llorar porque le había quedado mal a mi hermano José, con quien ya estaba más que comprometido.
No con él, sino que ya me había comprometido con Alianza. Porque a Alianza yo lo podía ver de cerca.
A Alianza lo veía entrenar. Es más, creo que durante mis primeros años lo vi muchas más veces entrenar.
Los entrenamientos nos quedaban muy cerca de la casa. Primero fueron sus entrenamientos, y luego, ir al estadio.
Quizás por todo lo que conllevaba aquello, finales de los setenta, no sé si mis hermanos eran tan conscientes de la inseguridad que se podría llegar a vivir en aquel momento yendo a la cancha.
Pero era definitivamente mucha más carga ir con un niño de seis años al estadio, que ir solos. Entonces no me llevaban mucho a los juegos, pero sí me llevaban más a ver los entrenos.
Soy del Alianza FC desde mi primera memoria.
—¿Recordás la primera vez que fuiste al estadio para ver algún partido de Alianza?
—No sé si fue el primero, pero sí es el primer juego del que guardo memoria. Y recuerdo perfectamente que fue un miércoles.
Yo creo que hasta la fecha llegué en algún momento a encontrarla, porque fue un miércoles por la noche de 1978, en algún momento del año. Un 0-0 contra Luis Ángel Firpo en el estadio Cuscatlán.
—Es decir que en ese primer recuerdo, pese a todo, no lograste vivir la alegría del gol
—No, pero salí sorprendidísimo porque Alianza no había hecho ninguna sustitución. Y no recuerdo si fue cierto o no, pero no hicieron ninguna sustitución.
Para mí eso fue lo más sorprendente: que terminaron con lo mismo con lo que comenzaron.

—Aparte de tus hermanos, ¿qué otros familiares tenés, ya de la familia extendida, que apoyan a Alianza: tíos, primos, sobrinos?
—Bueno, como nosotros creo que no hay. La familia extendida, así como nosotros, al nivel de fanatismo...
Mis sobrinas, las hijas de mis hermanos, han salido más a Alianza que a otros equipos.
—¿Alguno de tus hijos gusta por Alianza?
—Sí. Creo que no conocen otro equipo, también, porque es lo único que les mencioné. Saben que en El Salvador son de Alianza.
—¿Y con quiénes dentro de la familia hubo mayor rivalidad? Me imagino que con tus hermanos hubo bastante molestadera cuando perdía uno contra el rival
—Ah, bueno, sin duda con Eduardo.
Mi hermano mayor, que es el único, digamos, confeso hincha de FAS. Y con mis primos de Santa Ana, que son muchos también.
—¿Cuál es la memoria que más atesorás de Alianza? Seguramente hay varias
—Bueno, para mí el momento más grande fue ver a Alianza campeón en 1987, en penales contra Águila.
Porque era y es el equipo a derrotar para Alianza... Me van a aborrecer por lo que diré, los fanáticos del equipo migueleño, pero al Águila lo quiero ver perder hasta en competencias de baile y contra quien sea.
Lo lamento por ellos, creo que con lo dicho no resto mucho, porque los aguiluchos que no me quieren, no me quieren.
Pero creo que es lo más natural. Ellos sabrán entender (risas).
Yo no me voy a enojar si los aguiluchos me dicen que quieren que Alianza descienda. Claro que sí. Yo también entiendo eso.
Pero sí, por jerarquía, yo creo que, no... , no creo ¡estoy convencido! de que ese es el título (LMF 1987) que más recuerdo en mi historia con Alianza FC. Ese es el momento que más atesoro.
Me acuerdo de estar hincado, ni viendo los penales. Hincado, esperanzado en que algún rezo me permitiera festejar.
Al final fue parte de un día bastante largo porque el estadio entonces estaba en reconstrucción. Estaban clausurados algunos espacios, los de palco, por el terremoto del 86, y había que llegar al estadio temprano para encontrar un buen lugar.
Al final creo que se estaba generando una expectativa increíble.
Se empezaba a recuperar el fútbol de El Salvador del golpe del 10-1 en el 82, que creo que también golpeó un poco el fútbol...
Bastante, no un poco ¡Bastante!
Y el estadio estaba copado. No había un lugar para nadie más y había que llegar muy temprano. La jornada, como te digo, había sido larguísima.
Yo tenía que llegar más temprano que el resto del grupo de mis hermanos y de amigos de mis hermanos para "acordonar" un sector que ya habíamos ocupado durante los juegos previos y "reservarlo" para ellos, que tampoco tardaron mucho en llegar.
Yo creo haber llegado a las diez, diez y media de la mañana ese domingo, si no ando mal, y sí, fue domingo. Y el partido comenzó a las tres de la tarde.
Tiempos extra y penales. Imaginate todo el sufrimiento de llegar hasta los penales. Y, de nuevo, yo lo que me acuerdo es estar hincado.
No sé si Sosa metió uno. Reyes sí estoy seguro de que metió el último. Y, de nuevo, ya eran 20 años sin ser campeón.
Entonces yo decía: ¿cómo estoy yo acá cuando parte de mi familia tanto tiempo sin ver a Alianza campeón y yo apenas a los 13 ó 14 años ya lo estoy viendo levantar una liga?
Y yo con los pocos años que habían pasado...

—¿Recordás algún instante que quizá intentara probar tu fidelidad o tu lealtad al equipo?
—Mirá, yo creo que me acuerdo de ver a Alianza jugar contra ADET, en El Tránsito, para tratar de salvar una categoría. No recuerdo qué año. 85, me parece. Y eso me daba mucha pena.
Ver que Alianza deambulaba por lugares donde no merecía. No porque estuviese jugando en El Tránsito, sino porque estuviese deambulando en los puestos de descenso. Eso me generaba muchísima tristeza.
No es que te ponga en duda. A mí nadie me ha puesto en duda, salvo esa vez por mi ingenuidad de niño, que quizás sucumbí ante la presión de Guayo, mi hermano.
Pero solo ese momento.
Y de ahí en adelante nadie, nadie ha puesto en duda mi fidelidad. Nunca me puse a pensar: “Voy a dejar de ser de Alianza”. Para mí eso es inconcebible.
Yo creo que soy fiel creyente de que te podés cambiar de muchas cosas. De religión, de partido político, de nacionalidad, si querés.
Pero nunca te cambiás del primer amor que te dio el fútbol.
Jamás.
—Como aquella frase de Juan Villoro sobre la fidelidad a un equipo que citaste durante la presentación de la indumentaria de Alianza.
—Sí.
Estoy convencido de que con los equipos, cuando sos verdadero aficionado, vos sos de un equipo.
Después lo otro es seguir a un equipo.
Que es cuando le vas a un equipo, lo acompañás hasta que cumple con tus expectativas y, si no te las cumple, te pasás a otro que lo haga.
Y yo creo que el fútbol te enseña muchísimas cosas. Y eso, sobre todo: que es muy difícil serle fiel a otra cosa como lo sos con tu equipo de fútbol.
—¿Pudiste venir al país cuando Alianza chocó con El Roble en aquel repechaje de 2009?
—¿Para la permanencia, no?
—Sí, para la permanencia
—No. Pero llegué a una final en 2001, en diciembre, que recuerdo haber llegado directamente del avión. Y me dejaron en el Árbol de la Paz para entrar al estadio.
Digamos que he llegado a otras finales también, pero no directamente del aeropuerto al estadio. Y a esa de El Roble no fui.
Creía igual que iban a celebrar... sabía que no... bueno, no sé. No estaba convencido, pues. Me parecía que iba a ser inconcebible que sucediera (el descenso).
—¿Qué preserva en la distancia tu pasión por el equipo? ¿Los juegos por streaming, los que aparecen en YouTube con distintas calidades de imagen, recortes, la resistencia de tu memoria?
—Bueno, ahora mismo, diariamente, una camiseta que me regaló Jaime Rodríguez. Una camiseta manga larga, de tela de piqué, como calada, que me regaló Jaime hace tiempo atrás.
Me la firmó, me la dedicó y la tengo enmarcada en la pared de casa. Eso lo veo a diario.
A diario veo también una fotografía que me regaló mi hermano del equipo que le ganó al Santos en enero del 66.
Los partidos de la Copa Centroamericana Concacaf, cuando juega, los veo o intento hacerlo. Hoy es bastante noche para mí. Empiezan tarde acá, pero trato de verlos.
Y luego soy un acérrimo enemigo de la piratería.
Muchas veces caigo por una cuestión de último recurso, pero de la piratería soy enemigo. No es que trate... no tengo manera de verlos de otra forma.

—Y alguna vez, ya alucinando un poco, ¿te gustaría que Alianza se enfrentara contra otro Alianza en un amistoso netamente aliancista? Hay uno en Colombia, otro en Panamá y, sin dudas, el más especial está en Lima, Perú.
—Sería bueno eso para recordar al fundador de Alianza.
Traer a Alianza Lima a jugar con los albos para un aniversario sería lindo. Lindo, lindo recuerdo, creería.
No sé si los otros me generan algo diferente. No me parece que los otros tengan ninguna relación con Alianza. En consecuencia, no.
No me parece que tengan nada de especial más que la coincidencia del nombre.
Pero luego de ello, lo que creo que sí podría generar algo semejante, algo emotivo y con sentido, es enfrentar a Alianza Lima.
Por lo que significa el nombre de uno con la historia del nuestro.
—¿Y me dijiste que Águila es, en realidad, el rival que más satisfacción te genera derrotar cada vez que Alianza lo enfrenta?
—Sí.
Porque tengo familia en Santa Ana. Y te digo: si juegan Águila y FAS por un título, de diez veces quiero que en once, gane FAS.
—Ese punto quedó más que resuelto.
—No lo pongás de titular porque si no me van a empezar a compartir los de San Miguel (Risas).
—¿Qué les dirías a los escépticos que creen que te hiciste aliancista recientemente?
—No me conocen.
No son escépticos, son ignorantes nada más. Pero la ignorancia, bueno, se corrige aprendiendo. No los quiero menospreciar por llamarles así.
Simplemente desconocedores de la realidad, llamémoslos.
No sé si el escepticismo tiene la misma acepción que la frase anterior. Pero claramente no me conocen. Yo soy, como te dije, de Alianza desde mi primera memoria.
Mi hermano me llevaba a la altura de su mano, sin tener que subirme en absoluto al cuello.
—¿Alguna vez sentiste cierta afinidad por algún otro equipo aparte de Alianza en El Salvador?
—Lo tuve al ADET en algún momento como un equipo simpático, si querés llamarlo así. Aclaro que nunca hubo un parentesco con el fundador (Héctor Palomo Sol) y nosotros o nuestra familia, que yo conozca al menos.
Con él hubo simplemente un cariño y amistad por lo que él significa en la historia del fútbol en El Salvador y la entrega de su parte que le dio a nuestro balompié.
Creo que por el empuje (me simpatizó ADET) porque era un equipo construido desde el pulmón y con muchísimo cariño y dedicación.
Creo que por eso se convirtió en un equipo muy amigable. Y creo que sí me podría sumar a los que creen o consideran a ADET su segundo equipo en El Salvador.
Después, muchos compañeros de mis hermanos de repente jugaban en Primera División, y también querés que les vaya bien, salvo cuando jugaban contra Alianza (Risas).
—¿Te gustaría improvisar un canto de gol simulando un juego entre Alianza y quien vos quieras?
—Primero, no me gusta el relato de ficción porque no me nace.
Va a ser siempre mucho menor de lo que puede ser incluso hasta un mal escenario si lo hago de verdad. Si lo hago será como debe ser.
Así que esa sí te la voy a deber (Risas).
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