"Los que trabajan con niños son los padres de familia": Manuel Cañadas
ENTREVISTA. La dificultad de la Selección de El Salvador para darle vuelta a un marcador no comienza cuando recibe un gol, sostiene Manuel de Jesús Cañadas
La dificultad insalvable que acusa la Selección de El Salvador para dar vuelta un marcador desfavorable no es un dilema que comience con la caída de su valla, sostiene Manuel de Jesús Cañadas.
Para el prolífico escritor, exfutbolista e historiador, la explicación radica en una conjunción de preparación física, fundamentos técnicos y templanza emocional que debe cimentarse desde la más tierna infancia, y que difícilmente pueda corregir un seleccionador nacional durante el ajustado lapso de una convocatoria.
"Es cuestión que va más allá, va por lo emocional, lo anímico. Y tiene mucho que ver también con la cuestión física, técnica", explica Cañadas al argumentar por qué el combinado nacional tropieza de forma recurrente al intentar recuperarse tras encajar un tanto.
Su lúcida lectura cuestiona que las falencias se reduzcan a una mera falta de actitud de los deportistas. A su juicio, sostener una reacción exige herramientas futbolísticas y una condición física que permitan mantener la intensidad, resolver con criterio y sobrellevar la presión durante la totalidad del compromiso.
"Yo pienso que ellos están capacitados para jugar 70 minutos, pero en esos últimos 20 minutos se ponen tan vulnerables que cualquier equipo los puede superar, mucho menos van a remontar ellos algo", afirma taxativamente sobre el rendimiento del futbolista salvadoreño.
Cañadas describe una espiral de deterioro en la que el agotamiento físico y la desazón se retroalimentan. Al resentirse la capacidad para sostener el ritmo, decae la lucidez para resolver las contingencias del juego y articular una respuesta frente al adversario.
"Hay un momento en el cual uno está tan superado que hasta ya le importa poco que vamos a perder", expresa el entrevistado. En semejante contexto, añade, el deportista puede llegar a desear únicamente el pitazo final al percibir que ha agotado sus recursos.
Desde su mirada, esa fragilidad saca a la luz deficiencias muy anteriores a la designación de un entrenador de primera línea. Un estratega puede poseer vasta experiencia, pero halla un límite infranqueable al tener que enseñar nociones que los futbolistas deberían dominar antes de debutar en la máxima categoría.

Para graficar el escenario, recurre a una analogía académica: el DT arriba como un "catedrático del fútbol", pero tropieza con dirigidos que aún requieren contenidos de "escuela primaria". Su agudo cuestionamiento apunta directo al proceso formativo previo.
"O sea, él va a llegar a ordenarlos, a dosificarlos, a colocarlos táctica y estratégicamente en la cancha", señala. Sin embargo, considera que esa labor se entorpece cuando debe detenerse a corregir la ejecución de un pase o la visión periférica del campo.
La consecuencia, advierte, también redunda en la faceta anímica. Un deportista incapacitado para resolver lo exigido se frustra, en particular cuando la complejidad del trámite escala. Esa inseguridad no se disipa mediante una simple arenga.
"¿Y dónde se le enseña? En las edades primarias. Desde niños tienen ellos que venir con todo ese equipaje", sostiene. Por ello rememora la prédica de Hernán Carrasco en pos de cimentar el trabajo en divisiones inferiores antes de exigir rendimiento profesional.
Cañadas cuestiona la perpetuación de falencias básicas en el fútbol de élite. "En El Salvador hay jugadores que a los 18 años no saben ni parar una pelota", afirma, agregando que ciertos factores coyunturales permiten su inserción en Liga Mayor sin el aprendizaje adecuado.
Tampoco juzga viable suplir esa preparación a pura vehemencia. Al analizar un choque entre FAS y Atlético Balboa, distingue la intensidad competitiva del descontrol motivado por el enojo, desenlace que suele derivar en violencia y expulsiones.
Un entrenador puede empujar a sus dirigidos a correr, explica, pero eso no garantiza aplacar la desorientación ni brindar recursos futbolísticos. La reacción colectiva exige cimientos más firmes que el mero alboroto desde el banquillo.

El rol indispensable de los clubes en la identidad
Su propuesta ubica a las instituciones deportivas en el centro del desarrollo. Cañadas plantea que los clubes deben modelar a los jóvenes que nutrirán al primer equipo, mediante métodos de trabajo continuos y una identidad de juego definida.
"Ellos van con una filosofía, con un trato, con una manera de ser y estar, una identidad", describe respecto a los procesos de referencia. Dicha pertenencia se forja desde la niñez y acompaña la asimilación del sistema táctico.
En ese itinerario, el fortalecimiento emocional debe evolucionar a la par de la técnica. Aprender a relacionarse con el balón, descifrar el partido y resolver contratiempos dota al deportista de herramientas para afrontar derrotas y adversidades.
"Eso mismo también lo va preparando para las caídas", detalla. Para Cañadas, quien lidera etapas infantiles necesita comprender esa dimensión integral y brindar una contención que trascienda la simple organización de ejercicios o instrucciones de ocasión.
Una de sus observaciones más incisivas atañe a la capacitación de los formadores. Reconoce la encomiable voluntad de padres y exfutbolistas en la enseñanza inicial, pero advierte que haber pisado una cancha no equivale a dominar la pedagogía deportiva.
"El gran problema es que en El Salvador los que trabajan con niños son los padres de familia, hombres de buena voluntad", manifiesta. Asimismo, menciona a exjugadores que hallan en las academias una salida laboral, aunque carezcan de la instrucción adecuada.

Capacitación docente y exigencia institucional
El planteamiento de Cañadas interpela directamente a la dirigencia rectora. A su entender, la federación debe exigir a las entidades de Primera División que mantengan divisiones menores atendidas por instructores idóneos y sin formalismos de compromiso.
"Lo importante es que tengan atención los niños", insiste. Demanda además que la captación de valores responda a condiciones atléticas reales y no a favoritismos o padrinazgos: "Descubrir los verdaderos valores".
Cañadas sostiene que reclutar futbolistas tras años de práctica empírica jamás reemplazará el desarrollo temprano. El talento demanda estímulos precoces para madurar aptitudes físicas, técnicas, tácticas y, esencialmente, emocionales.
A partir del legado de Carrasco, enumera preceptos elementales: "Acompañar al que esté en apuros, mostrarse, tocar, circular y distribuir la pelota". Son conceptos grupales indispensables para sobrellevar pasajes desfavorables.
Para Cañadas, ahí se estructura un equipo apto para torcer un marcador: en deportistas con recursos técnicos, resto físico y templanza para encarar la adversidad. "Todas esas cosas son las que tiene que enseñar alguien que ha estudiado eso, pero por sobre todo para los niños", concluye.
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