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firpo saprissa octubre 2026 01

Firpo, con las botas puestas

CONTRACRÓNICA. Luis Ángel Firpo encareció hasta límites insospechados su caída en suelo costarricense frente al histórico Deportivo Saprissa. En el mítico escenario de «La Cueva», la escuadra usuluteca vendió cara su derrota a través de una faena que combinó abnegación, temple y un carácter competitivo digno de elogio, configurando un lance que tardará en ser olvidado dentro del concierto centroamericano.

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CONTRACRÓNICA. Luis Ángel Firpo encareció hasta límites insospechados su caída en suelo costarricense frente al histórico Deportivo Saprissa. En el mítico escenario de «La Cueva», la escuadra usuluteca vendió cara su derrota a través de una faena que combinó abnegación, temple y un carácter competitivo digno de elogio, configurando un lance que tardará en ser olvidado dentro del concierto centroamericano.

El Luis Ángel Firpo demostró en «Tiquicia» que la propuesta futbolística conducida por el adiestrador costarricense Marvin Solano posee cimientos firmes para edificar una ilusión ambiciosa hacia el horizonte; una convicción que revalidó el miércoles al plantarle cara al Deportivo Saprissa en la mismísima «Cueva».

Los detractores del cuadro morado argumentarán que el «Monstruo» no atravesaba un momento propicio y que merecía quedar marginado de la Copa de Campeones de la Concacaf por su presente austero, sosteniendo que guarismos definitivos como la cosecha de puntos o el avance internacional resultan incapaces de mensurar al equipo cualitativamente.

Sin embargo, resulta innegable que la indumentaria histórica impone su peso y, considerando el nivel que exhibe la Liga Mayor de El Salvador, corresponde dimensionar en su justa medida que la faena de los usulutecos es acreedora de un aplauso cerrado; habría que ser muy estrecho de miras para juzgar al conjunto pampero guiándose únicamente por el marcador final.

Ciertamente, el complejo presente de la escuadra local halló fiel reflejo en las graderíos del Estadio Ricardo Saprissa Aymá, feudo donde habita el «Monstruo». Un marco multitudinario de bote en bote habría supuesto un entorno aún más amedrentador para la visita, pero muchos simpatizantes prefirieron alentar a la distancia pensando que bastaría para domar al toro usuluteco.

Empero, el juego demandó una entrega colosal, muy superior a la presupuestada por el entorno e incluso por los propios futbolistas del Deportivo Saprissa.

El Firpo concedió la primera aproximación de relativo peligro en la testa de Fidel Escobar, cuando las marcas en la zaga acusaron cierta tibieza; no obstante, el frentazo desviado de Escobar no inquietó al golero ni amedrentó a la escuadra pampera, al punto de que los anfitriones tardaron más de quince minutos en hilvanar su primera tentativa seria.

Posteriormente, Williams probó fortuna sin lograr perturbar la sobriedad de Felipe Amaya. Instantes después, Taylor convirtió un golazo que resultó invalidado por posición adelantada. Un pifión severo de Amaya le sirvió la pelota en bandeja de oro a Gerson Torres para que la mandara a guardar al fondo de los cordeles; el visitante no reaccionaba un carajo en ataque, aunque la meta no quedaba lejos, irónicamente.

La meta de avanzar —pues la del golero Madriz se hallaba lejísimos en la práctica, a tal punto que para alcanzarla había que tomar dos ómnibus y un tren debido al atrincheramiento local en área propia— recobró vida cuando Styven Vásquez tocó a la puerta del golero tico, recordando a los dueños de casa que el visitante guardaba metralla suficiente para dañar.

Aquel 1-0 no aportaba sosiego al Saprissa, aunque alcanzaba para sellar el boleto a la Copa de Campeones. El elenco local supuso que el toro estaba amansado del todo y que no precisaba anotar de nuevo para encauzar la velada hacia el festejo definitivo; sin embargo, en cuanto el Firpo se lo propuso, hizo los deberes para vulnerar la valla tica.

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Foto: Deportivo Saprissa

El dramatismo y la caída final de Firpo

Una incursión punzante de Vásquez desembocó en un tiro penal en favor del Firpo que Cerritos tradujo en gol para el delirio desbordado de la parcialidad visitante, previa revisión determinante del VAR. El 1-1 significó una estocada certera para el Saprissa, obligando a Hernán Medford a quemar todas las naves e introducir cuanta variante disponía para buscar el triunfo como fuera, sin guardarse nada.

Los relatores Franco Rabaglio, Daniel Murillo y Stefan Monge no daban crédito a las alternativas que presenciaban. Rabaglio, de origen argentino, contemplaba atónito la gesta heroica que abrochaba el Firpo —cuadro por el que pocos daban un duro en el exterior—, mientras que los ticos Murillo y Monge no lograban disimular la zozobra patriótica al analizar las jugadas; Monge, en particular, no quitaba la mirada del banquillo de Solano.

El desatino capital del Firpo residió en replegarse en exceso sin el atino de saber posicionarse ni anticipar en el área de las grandes definiciones. De nada sirve estructurar una muralla con cinco o seis defensores si el cerrojo resulta vulnerado por escasos atacantes; para replegarse hay que saber hacerlo con solvencia, pues no basta con hacerse un nudo en el fondo.

En la maniobra previa a la conquista local —sepan disculpar la franqueza—, Mariano Torres ya no posee la aceleración para eludir a dos rivales en hilera como si nada; tampoco juega al ritmo de una caminata, pero concederle la franquicia de enganchar dos veces y sacar el centro constituyó un auténtico despropósito en las postrimerías del pleito. Un descuido minúsculo que sepultó al Firpo por no resguardar el espacio aéreo como exigía la emergencia.

En la acción decisiva capitalizada por Ariel «El Samurái» Rodríguez —tras el desacierto garrafal de permitir que Mariano centrara como si disputara un entrenamiento—, los zagueros usulutecos hicieron vista fija a la pelota en lugar de tomar las marcas rivales para incomodarlos o denegarles la recepción. Cruzaron miradas de tenis, de un lado a otro, sin encimar a ningún oponente en la jugada más simple hacia el gol.

Era un hecho que Gerson Torres intentaría peinar el esférico, pues se hallaba demasiado distante para sacar un frentazo directo a la valla con la colocación y potencia necesarias; se sabía de antemano que buscaría asistir devolviendo el cuero en sentido opuesto, y así aconteció. Allí aguardaba implacable «El Samurái», quien empujó el balón a un metro de la línea de gol, un feudo que debía dominar sin excusas el golero Felipe Amaya. ¡El área chica es siempre tuya, jefe!

A pesar de todo, el Firpo estuvo a tiro de poner de rodillas al Saprissa en Costa Rica, una proeza infrecuente que para los analistas más severos obedeció más a los desaciertos locales que al mérito salvadoreño. Cuéntenla como prefieran: anoche vi a unos toros dejar la piel en el coliseo, a los que solo les faltó resto físico y lucidez mental para coronar una hazaña histórica. Loor al Firpo y loor a su proyecto que, en silencio y paso a paso, continúa cosechando sus dividendos.

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