Salvadoreña forma parte del proyecto del Nobel de Física 2026
Alejandra Granados, científica salvadoreña, participa en IceCube, el proyecto cuyo principal investigador recibió el Premio Nobel de Física 2026.
La científica salvadoreña Alejandra Granados forma parte del proyecto internacional IceCube, un observatorio de neutrinos instalado en la Antártida que está vinculado directamente con el Premio Nobel de Física 2026, otorgado al investigador Francis Halzen por sus contribuciones al desarrollo de esta infraestructura científica y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.
Granados es investigadora de posgrado en la Universidad Estatal de Michigan (Michigan State University, MSU), en Estados Unidos, donde estudia neutrinos procedentes de la Vía Láctea y participa en el desarrollo de nuevos sensores para ampliar las capacidades del observatorio IceCube.
Su relación con el proyecto cobra relevancia luego de que la Real Academia de las Ciencias de Suecia anunciara, el pasado 6 de octubre, que Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, era el ganador del Nobel de Física de este año.
De acuerdo con el comunicado oficial de la Academia, el reconocimiento fue concedido al científico por sus «contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico».
La distinción reconoce décadas de investigación que permitieron utilizar el hielo del Polo Sur como una herramienta para detectar partículas procedentes de algunos de los fenómenos más energéticos del universo.

¿Cuál es la participación de Alejandra Granados en IceCube?
Además de estudiar neutrinos provenientes de nuestra galaxia, Granados integra el equipo de instrumentación de la Universidad Estatal de Michigan que trabaja en la construcción de nuevos módulos ópticos digitales conocidos como mDOM.
Estos dispositivos forman parte de IceCube Upgrade, un proyecto de ampliación diseñado para mejorar la sensibilidad del observatorio ante neutrinos de menor energía, particularmente aquellos que se originan en la atmósfera terrestre.
Los módulos incorporan múltiples tubos fotomultiplicadores, componentes capaces de detectar señales luminosas muy débiles, fundamentales para estudiar las interacciones de estas partículas.
Según el perfil de la investigadora difundido por IceCube, su trabajo combina la investigación astrofísica con el desarrollo de instrumentación científica que contribuirá a mejorar las capacidades del detector.
De las aulas al estudio de partículas del universo
El interés de Alejandra Granados por la física comenzó cuando todavía estudiaba bachillerato. Fue uno de sus profesores quien la animó a elegir esta disciplina como carrera universitaria.
Años después, mientras cursaba sus estudios de pregrado, asistió a una reunión de la Sociedad Estadounidense de Física (American Physical Society) en 2022, donde escuchó diversas conferencias que despertaron su curiosidad por los neutrinos.
Aquella experiencia la motivó a estudiar física de partículas y astronomía. Incluso realizó una presentación sobre IceCube para una de sus clases de astrofísica.
Posteriormente, ingresó al grupo de investigación de IceCube en Michigan State University como estudiante de posgrado, incorporándose a un proyecto que reúne a científicos e ingenieros de diferentes países.
¿Qué es IceCube y por qué ganó el Premio Nobel?
IceCube es un observatorio científico ubicado en el Polo Sur, en la Antártida, que utiliza aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo para detectar neutrinos, partículas subatómicas que atraviesan constantemente la Tierra y nuestros cuerpos sin que lo percibamos.
Estas partículas son difíciles de detectar porque interactúan muy poco con la materia. Sin embargo, cuando alguna colisiona con un núcleo atómico, puede producir señales luminosas que son registradas mediante sensores instalados a gran profundidad.
Francis Halzen propuso en 1988 aprovechar las características del hielo antártico para observar estas partículas. Su visión permitió desarrollar IceCube, cuya construcción concluyó en 2011.
Desde entonces, el observatorio ha contribuido a identificar neutrinos procedentes de regiones lejanas del universo, abriendo nuevas posibilidades para estudiar fenómenos astrofísicos.
El Comité Nobel destacó que el trabajo de Halzen permitió desarrollar una nueva forma de astronomía, capaz de obtener información sobre procesos cósmicos que no pueden estudiarse únicamente mediante la luz.
