El estirón de Lamine Yamal puede elevar riesgos, pero no explica por sí solo sus lesiones
Lamine Yamal sí atravesó un crecimiento corporal extraordinariamente rápido durante su irrupción en el Barcelona, pero no explica por sí solo sus lesiones
Lamine debutó con el primer equipo del Barcelona el 29 de abril de 2023, cuando tenía apenas 15 años, nueve meses y 16 días.
En ese momento todavía atravesaba una etapa biológica en la que huesos, musculatura y proporciones corporales podían experimentar modificaciones considerables.
Por eso, relacionar su transformación física con lo ocurrido posteriormente no es una hipótesis absurda desde las ciencias del deporte.
El problema aparece cuando una relación biológicamente plausible se convierte, sin datos médicos individuales, en una explicación causal de lesiones o rendimiento.
Los diez centímetros existen, pero el periodo importa
La fuente original del dato es Deco. En febrero de 2024, el entonces director deportivo del Barcelona contó a La Vanguardia que Yamal había crecido 10 centímetros durante el último año, mientras Relevo precisó que el periodo correspondía aproximadamente al paso de los 15 a los 16 años.
Eso significa que no es exacto afirmar que creció diez centímetros desde el día de su debut en Primera. El intervalo citado por Deco empezó meses antes del 29 de abril de 2023 y terminó meses después, por lo que no existe una medición pública fiable que permita hacer esa resta exacta.
La propia información publicada muestra lo complicado que resulta reconstruir su estatura a distancia. La Vanguardia afirmaba en febrero de 2024 que había alcanzado 1.80 metros, mientras que actualmente la ficha oficial del FC Barcelona lo registra en 178 centímetros y 76 kilogramos.
Esas contradicciones aconsejan no utilizar fichas deportivas como si fueran un seguimiento antropométrico médico. Para determinar exactamente cuánto ha crecido desde abril de 2023 harían falta mediciones estandarizadas realizadas en diferentes fechas bajo el mismo protocolo.
Lo que sí está documentado es el estirón rápido. El traumatólogo Eduard Alentorn explicó entonces a Relevo que Yamal todavía presentaba huesos inmaduros y en crecimiento, mientras un técnico de la cantera azulgrana confirmó que el club había observado aquel gran cambio corporal.
El Barcelona también había preparado un programa específico de fuerza para acompañar su desarrollo muscular. Sin embargo, no existen públicamente estudios de composición corporal, DEXA u otra medición que permita afirmar cuántos kilogramos de músculo ganó desde su debut.
La Revista Española de Nutrición Humana y Dietética estudió precisamente este fenómeno en futbolistas jóvenes y encontró aumentos significativos de variables antropométricas y áreas musculares después del pico de crecimiento, recomendando considerar la maduración biológica al gestionar a los jugadores.

Crecer rápido sí puede elevar el riesgo de lesión
Aquí la hipótesis sí encuentra respaldo científico general. Una revisión publicada en Sports Medicine en 2025, después de analizar 26 investigaciones en academias de fútbol, concluyó que crecer rápidamente —más de 7.2 centímetros por año— aparece asociado con mayor riesgo de determinadas lesiones en futbolistas adolescentes masculinos.
El trabajo distingue, además, dos fenómenos. Las lesiones específicamente relacionadas con el crecimiento son más problemáticas alrededor del peak height velocity o PHV, mientras que el riesgo de lesiones de tejidos blandos de las extremidades inferiores continúa aumentando después de esa fase.
Otra revisión sistemática, publicada en Health Science Reports en 2025, encontró que cinco de ocho estudios registraron su mayor incidencia o carga de lesiones alrededor del PHV. Pero sus autores calificaron la certeza global de la evidencia como muy baja, debido a la heterogeneidad y tamaño de las investigaciones.
La literatura alemana coincide en el mecanismo general. La Deutsche Zeitschrift für Sportmedizin explica que durante el crecimiento adolescente la elongación ósea puede adelantarse temporalmente a la adaptación muscular y que el periodo de máxima velocidad de crecimiento coincide con una vulnerabilidad especial a lesiones por estrés y apofisarias.
Una tesis de la Deutsche Sporthochschule Köln, centrada específicamente en lesiones inguinales en futbolistas, resulta todavía más pertinente para el caso de Yamal. Allí se señala que el PHV masculino puede alcanzar un crecimiento medio aproximado de 10.4 centímetros anuales y que los distintos segmentos corporales no crecen al mismo ritmo.
El trabajo alemán observó que ese crecimiento eleva rápidamente la inercia de los segmentos y las fuerzas requeridas en determinadas acciones. También encontró mayor exigencia de los aductores durante cambios de dirección y concluyó que el crecimiento puberal puede incrementar el riesgo inguinal en esos movimientos.
Eso adquiere interés porque Yamal sufrió durante 2025 un problema recurrente en la zona púbica e inguinal. El Barcelona informó el 13 de septiembre que las molestias le impedían entrenarse y el 3 de octubre comunicó una recaída que debía apartarlo otras dos o tres semanas.
Pero coincidencia anatómica no significa causalidad. No existe un informe médico publicado del Barcelona que atribuya aquellas molestias al estirón, ni sabemos públicamente cuándo alcanzó Yamal su PHV, cuál era su edad ósea, su fuerza aductora o cómo evolucionó individualmente su composición corporal.
Existe además otro factor imposible de ignorar: la carga. Hansi Flick denunció en septiembre de 2025 que Yamal había acudido con dolor a la selección, había necesitado analgésicos, no había podido entrenarse entre partidos y aun así disputó 73 y 79 minutos con España.
En abril de 2026 apareció otra lesión diferente, esta vez en los isquiotibiales de la pierna izquierda, que le hizo perderse el resto de LaLiga. Tampoco el comunicado médico del Barcelona relacionó aquel problema muscular con su crecimiento adolescente.
Ser más alto no significa automáticamente girar peor
La idea de que unas extremidades más largas modifican la mecánica posee una base física. Una revisión de 2025 sobre la denominada adolescent awkwardness explica que el crecimiento distal puede incrementar el momento de inercia y, en teoría, aumentar la resistencia que debe vencer el cuerpo para rotar sus segmentos.
También puede existir un periodo en el que huesos y extremidades aumenten de longitud antes de que musculatura, fuerza, flexibilidad, propiocepción y control postural terminen de adaptarse. De ahí nace el concepto de una posible “torpeza adolescente” temporal durante los grandes estirones.
Pero la misma revisión hace una advertencia esencial: hay poca o ninguna evidencia de que los adolescentes sufran necesariamente un deterioro real de coordinación. Algunos estudios encontraron alteraciones temporales; otros observaron que la coordinación continuaba mejorando durante la pubertad.
Por ello, trasladar directamente la fórmula “más alto = menos ágil” a Yamal sería científicamente incorrecto. El cuerpo humano no gira como un objeto rígido y puede compensar cambios antropométricos mediante fuerza, técnica, coordinación intermuscular, posición corporal y adaptación neuromotriz.
Una revisión sistemática de Sports Medicine sobre cambios de dirección encontró que la rapidez depende de factores como menor tiempo de contacto con el suelo, fuerza de frenado y propulsión, inclinación del tronco, potencia de cadera, rodilla y tobillo y una posición baja del centro de masas durante la maniobra.
Por tanto, un futbolista más pesado necesita producir y absorber mayores fuerzas para acelerar o frenar, pero si aumenta paralelamente su capacidad de producirlas, el efecto no tiene por qué ser negativo. La estatura o el peso aislados no permiten predecir cómo regateará un jugador de élite.
En el caso concreto de Yamal, tampoco existen pruebas estadísticas claras de que su transformación corporal haya deteriorado esa habilidad. Durante 2025, el propio Barcelona destacó que acumuló 285 regates exitosos en las cinco principales ligas europeas, muy por delante del siguiente futbolista de aquella medición.
Más ausencias, pero no una caída estadística
Aquí aparece la mayor corrección a la hipótesis inicial. La temporada 2025-26 sí presentó más problemas de disponibilidad física, pero no una caída pronunciada del rendimiento estadístico de Yamal cuando estuvo disponible.
En 2024-25 disputó 53 partidos oficiales con el Barcelona, jugó 4,368 minutos y anotó 18 goles. En 2025-26, condicionado por las interrupciones físicas, bajó a 45 encuentros y 3,699 minutos, pero elevó su producción hasta 24 goles.
La diferencia es todavía más clara si se observa únicamente LaLiga. Después de registrar nueve goles y 13 asistencias en 2024-25, terminó el campeonato 2025-26 con 16 goles y 11 asistencias, 27 participaciones directas en anotaciones.
Tampoco el regate respalda un deterioro por el aumento de tamaño corporal. StatMuse contabiliza 145 regates completados en 2,856 minutos ligueros de 2024-25 y 127 en solamente 2,262 minutos durante 2025-26.
Al ajustar por tiempo de juego, pasó aproximadamente de 4.57 regates exitosos cada 90 minutos a 5.05. Es decir, el volumen absoluto bajó porque jugó menos, pero la frecuencia con la que superaba rivales aumentó cuando estuvo sobre el campo.
El Barcelona cerró aquella campaña calificándola como la confirmación de su potencial ofensivo y LaLiga lo eligió mejor jugador de la temporada 2025-26. Sus 16 goles fueron además su mejor registro liguero desde que llegó al primer equipo.
Por eso conviene distinguir disponibilidad y rendimiento. Yamal estuvo disponible menos tiempo y sufrió problemas físicos más relevantes, pero cuando pudo jugar no produjo menos: en goles, participaciones ofensivas y regate por minuto, varias de sus cifras fueron superiores.
La ciencia permite plantear que aquel crecimiento cercano a diez centímetros pudo formar parte del conjunto de factores que su cuerpo tuvo que absorber durante la adolescencia. También permite estudiar sus nuevas palancas corporales, las fuerzas sobre aductores y articulaciones y las exigencias de frenar y cambiar de dirección con una anatomía distinta.
Lo que no permite la evidencia disponible es afirmar que ese crecimiento sea la causa determinante de sus lesiones, que sus ligamentos se hayan debilitado por ser más alto o que su motricidad haya empeorado. Para demostrarlo harían falta datos longitudinales individuales que el Barcelona no ha hecho públicos.
La fotografía científica, por ahora, es más matizada: Yamal creció muy rápido, sufrió posteriormente más interrupciones físicas y existen mecanismos biomecánicos que justifican vigilar ese proceso; pero su rendimiento estadístico no se desplomó. Lo que cayó fue principalmente su disponibilidad, no su capacidad de desequilibrar cuando estuvo sano.
