Tikal, la ciudad maya que emerge entre la selva de Guatemala
Tikal invita a los salvadoreños a explorar templos mayas, caminar entre la selva de Petén y descubrir uno de los grandes tesoros históricos de Guatemala.
Caminar por Tikal es adentrarte en una antigua ciudad maya donde enormes templos sobresalen entre los árboles, los monos aulladores rompen el silencio y cada sendero conduce a una historia de reyes, guerras y ceremonias.
Ubicado en el municipio de Flores, en el departamento de Petén, el Parque Nacional Tikal es uno de los destinos turísticos más impresionantes de Guatemala. Su combinación de patrimonio arqueológico, selva tropical y vida silvestre lo convierte en una parada ideal si buscás una experiencia que reúna historia, naturaleza y aventura.
Las dimensiones del sitio ayudan a entender su importancia. En su momento de mayor esplendor, Tikal pudo albergar a decenas de miles de personas y extenderse mucho más allá del sector que actualmente recorren los turistas. En el área central se han registrado alrededor de 5,000 construcciones prehispánicas, aunque solamente una pequeña parte ha sido restaurada y habilitada para recibir visitantes.
Esto significa que buena parte de la antigua ciudad continúa escondida bajo la vegetación. Mientras avanzás por los caminos del parque, algunas elevaciones que parecen simples colinas pueden ocultar templos, plataformas o antiguos edificios mayas todavía sin excavar.
Una ciudad rodeada por el sonido de la selva
El nombre Tikal suele relacionarse con expresiones como “lugar de las voces” o “Ciudad de las Voces”, en referencia a los sonidos que se escuchan en el bosque. Basta caminar durante unos minutos para comprenderlo: las aves cantan desde las copas de los árboles, los insectos acompañan el recorrido y los monos aulladores producen sonidos que pueden escucharse a gran distancia.
Sin embargo, los especialistas consideran que el antiguo nombre de la ciudad pudo haber sido Mutul, representado en las inscripciones mediante un símbolo asociado con un mechón de cabello anudado.

Tikal estuvo habitada durante aproximadamente 1,500 años. Su desarrollo comenzó varios siglos antes de Cristo y alcanzó su mayor importancia durante el período Clásico de la civilización maya. Desde aquí gobernaron dinastías que controlaron territorios, establecieron alianzas y sostuvieron enfrentamientos con otras ciudades poderosas.
La UNESCO describe a Tikal como uno de los principales sitios de la civilización maya, con templos, palacios y plazas ceremoniales construidos en medio de una extensa región selvática. En 1979 fue inscrito como Patrimonio Mundial por su extraordinario valor cultural y natural.
Los templos que no te podés perder
La Gran Plaza es uno de los sectores más fotografiados del Parque Nacional Tikal. En este espacio se levantan frente a frente el Templo I, conocido como el Templo del Gran Jaguar, y el Templo II o Templo de las Máscaras.
El Templo I alcanza cerca de 50 metros de altura y fue construido durante el período de mayor esplendor de la ciudad. En su interior fue enterrado Jasaw Chan K’awiil, uno de los gobernantes más importantes de Tikal y responsable de una victoria militar contra la poderosa ciudad de Calakmul en el año 695.
Al otro lado de la plaza se encuentra el Templo II, desde cuyos alrededores se obtiene una de las vistas más conocidas del Gran Jaguar. Entre ambos aparecen estelas, altares y edificios que fueron utilizados para actividades políticas, religiosas y administrativas.

Otro punto imprescindible es el Templo IV o Templo de la Serpiente Bicéfala. Con aproximadamente 65 metros, es la construcción más alta de Tikal y una de las estructuras prehispánicas más elevadas del continente. Desde su parte superior se observa el dosel de la selva y, a la distancia, las crestas de otros templos que parecen flotar sobre un inmenso océano verde.
El recorrido también puede incluir el Mundo Perdido, uno de los complejos más antiguos del sitio; la Acrópolis Central, relacionada con actividades administrativas y residenciales; la Acrópolis del Norte, utilizada durante siglos para enterramientos y ceremonias, y los complejos de pirámides gemelas.
Una experiencia entre arqueología y naturaleza
Tikal no es únicamente un conjunto de ruinas mayas. El parque forma parte de una extensa zona boscosa vinculada con la Reserva de la Biosfera Maya, una de las áreas naturales más relevantes de Centroamérica.
Durante la visita podés encontrar monos araña, monos aulladores, pizotes, pavos ocelados, tucanes y otras especies. Por esa riqueza natural, el lugar también atrae a fotógrafos y observadores de aves que llegan temprano para recorrer los senderos cuando existe mayor actividad de fauna.
Lo mejor es llevar calzado cómodo, ropa fresca, agua, protector solar y repelente. Las distancias entre algunos templos son largas y buena parte del recorrido se realiza sobre caminos rodeados de vegetación. También conviene respetar las áreas restringidas, no alimentar a los animales y evitar tocar los monumentos.
Para completar el paseo, dentro del centro de visitantes se encuentra el Museo Sylvanus G. Morley, donde se exhiben piezas cerámicas y otros objetos que permiten conocer la historia de Tikal desde otra perspectiva. El museo abre de lunes a domingo, de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, según el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.
Visitar Tikal es mucho más que tomarte una fotografía frente a una pirámide. Es caminar por una ciudad que fue centro político, religioso y económico del mundo maya; escuchar la selva desde lo alto de un templo y comprender que, debajo de la vegetación, todavía quedan numerosas historias esperando ser descubiertas.
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