¿Por qué cada vez se tienen menos hijos? Las razones de la caída de la natalidad
El descenso de la natalidad es un fenómeno global que ocurre desde hace décadas y afecta especialmente a países desarrollados. Según informó *The New York Times*, diversas investigaciones señalan que el crecimiento económico, junto con factores sociales y culturales, está encareciendo la crianza y reduciendo el número de hijos que las personas deciden tener.
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Agencias
Publicado el 25 de marzo de 2026
El descenso de la natalidad es un fenómeno global impulsado por múltiples factores, entre ellos el crecimiento económico. Según *The New York Times*, a medida que los países se vuelven más ricos, tener hijos resulta más costoso en términos de tiempo y dinero. Aunque las personas suelen desear más hijos, muchas terminan teniendo menos debido a limitaciones económicas. Además, los cambios en los roles de género han incrementado la carga sobre las mujeres, especialmente en sociedades donde no hay una distribución equitativa del trabajo doméstico. En este contexto, la crianza deja de ser una ventaja económica y se convierte en un desafío, lo que contribuye a la caída sostenida de la natalidad.
El descenso de la natalidad no es consecuencia de una crisis repentina, sino de un proceso complejo y sostenido. Según The New York Times, cada vez más investigaciones apuntan a una causa inesperada: el propio crecimiento económico.
En la mayoría de los países desarrollados, las tasas de fertilidad se sitúan entre 1,2 y 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 necesario para mantener estable la población.
Diversos factores influyen en esta tendencia como las políticas de control de natalidad, acceso a anticonceptivos, cambios en los modelos familiares y mayor participación de las mujeres en la educación y el trabajo, entre otros.
Tener hijos es cada vez más costoso
Una de las claves del fenómeno está en el aumento del costo —directo e indirecto— de la crianza.
En economías más desarrolladas:
- Los salarios son más altos, lo que eleva el costo de oportunidad del tiempo dedicado a la crianza. Es decir, el tiempo que los padres invierten en cuidar hijos implica renunciar a ingresos potenciales.
- La crianza exige más recursos, ya que se prioriza la educación, el desarrollo personal y el capital humano.
- Los padres dedican más tiempo a sus hijos: en muchos países desarrollados, el tiempo invertido en crianza se ha duplicado desde la década de 1960.
En economías menos desarrolladas, los hijos suelen contribuir al sustento familiar y apoyar a sus padres en la vejez. En cambio, en países ricos, los sistemas de pensiones reemplazan ese rol.
Menos hijos de los que se desean
Un dato relevante citado por The New York Times es la brecha entre el número de hijos deseados y el número real.
Encuestas de Gallup muestran que el ideal en Estados Unidos se ha mantenido en torno a 2,5 hijos por familia desde finales de los años setenta. Sin embargo, la tasa real es considerablemente menor.
La principal razón mencionada por las personas es económica.
Esto sugiere que el descenso de la natalidad no responde únicamente a una decisión cultural, sino también a limitaciones materiales concretas.
Cambios en los roles de género
El fenómeno también está profundamente vinculado a la transformación de los roles de género.
La economista Claudia Goldin, Premio Nobel en 2023, ha documentado que la caída de la natalidad es más pronunciada en países donde:
- Las mujeres se incorporaron rápidamente al mercado laboral.
- Pero los hombres no asumieron en la misma proporción las tareas domésticas y de cuidado.
En estos contextos, señala Goldin al The New York Times, las mujeres enfrentan una doble carga.
En sus palabras: “las mujeres deben reducir algo”.
Ese “algo”, en muchos casos, son los hijos.
Ejemplo de ello es Corea del Sur, donde la tasa de fertilidad cayó de seis hijos por mujer en la década de 1950 a 0,75 en 2024, la más baja del mundo.
Prosperidad y escasez
A diferencia de las distopías, donde las mujeres fértiles son el recurso escaso, en la realidad contemporánea la escasez adopta otra forma: falta de tiempo, dinero y equilibrio.
“En los totalitarismos —o, de hecho, en cualquier sociedad fuertemente jerarquizada—, la clase dirigente monopoliza las cosas valiosas, por lo que la élite del régimen se las arregla para que se les asignen mujeres fértiles como criadas”, escribió Atwood en una introducción a su libro en 2017.
Sin embargo, la dinámica es distinta. Tener muchos hijos puede ser un símbolo de riqueza, pero para la mayoría implica renunciar a:
- estabilidad económica,
- desarrollo profesional,
- acceso a vivienda,
- educación de calidad para los hijos.
El resultado no es una crisis abrupta, sino un proceso gradual.
Las familias numerosas se reducen. Dos hijos se convierten en uno. O en ninguno.
Más que una decisión ideológica, se trata de una adaptación a las condiciones económicas y sociales del mundo moderno.
La prosperidad, lejos de eliminar las limitaciones, ha transformado la crianza en una inversión cada vez más exigente. Y en ese contexto, tener hijos deja de ser una consecuencia natural del desarrollo para convertirse en una elección cada vez más difícil.
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