Chef salvadoreño cocina para celebridades en Europa
El chef salvadoreño Miguel Rodríguez ha cocinado para celebridades, líderes políticos y marcas de lujo en Europa, consolidando su nombre en la alta gastronomía internacional.
Por
Betty Carranza
Publicado el 23 de febrero de 2026
El chef salvadoreño Miguel Rodríguez ha construido una destacada carrera en la alta gastronomía europea, cocinando para celebridades, figuras políticas y marcas de lujo como Louis Vuitton y Valentino. Formado en Italia junto a referentes con estrellas Michelin, domina técnicas tradicionales como risottos y pastas frescas, y ha trabajado en eventos exclusivos, yates y escenarios emblemáticos como el estadio San Siro. Su plato insignia, un risotto en crema de parmesano, refleja precisión y creatividad. A pesar del éxito internacional, mantiene vivo su orgullo salvadoreño y sueña con formar nuevas generaciones de cocineros en su país.
El chef salvadoreño Miguel Rodríguez ha logrado posicionarse en la alta gastronomía europea cocinando para celebridades, empresarios, diseñadores y figuras políticas en escenarios exclusivos. Desde restaurantes emblemáticos en Italia hasta yates privados y eventos vinculados a marcas de lujo como Louis Vuitton, Chanel y Valentino, su trayectoria refleja técnica, disciplina y un firme orgullo por representar a El Salvador en la élite culinaria mundial.
Detrás de ese recorrido internacional hay horas de precisión frente al fuego, cuchara en mano, concentrado en un punto de cocción exacto. Porque antes que los reflectores y los nombres famosos, está la cocina.
El arroz comienza a girar lentamente en la olla. La tostatura es precisa. El fondo caliente se incorpora poco a poco mientras la cuchara no deja de moverse. “Respeto el proceso tradicional del risotto, trabajando la tostatura del arroz y la emulsión constante para lograr una textura cremosa y envolvente”, explica Rodríguez.
Su plato insignia es un risotto en crema de parmesano donde, como él mismo describe, “dejo volar mi imaginación, iniciando una delicada danza entre la miel y las almendras hasta alcanzar una caramelización perfecta”. El resultado combina arroz Carnaroli, parmesano curado, bacon crocante y delicados cristales de pera fresca. “Busco que el comensal primero se enamore con la vista, que el aroma despierte su curiosidad y que al probarlo descubra una armonía de texturas”, afirma.

Raíces que no se apagan
Aunque hoy domina técnicas tradicionales italianas como pastas frescas, risottos y antipasti, su historia comenzó mucho antes, en la cocina de su hogar en El Salvador.
“Los recuerdos más fuertes no son materiales: son los aromas, la cocina familiar, la forma en que la comida nos reunía”, recuerda. Su madre, Marisela Rodríguez Orellana, fue una influencia decisiva. “Ella me enseñó a cocinar cuando estaba muy pequeño. La pasión viene de ella”.
A los 17 años dejó el país y se instaló en Italia. El cambio fue radical. Nuevo idioma, nuevas exigencias y un entorno altamente competitivo. “Fue un choque fuerte. Europa me exigió mucho más de lo que imaginaba”, admite. Sin embargo, tenía un objetivo claro: crecer profesionalmente y poner el nombre de El Salvador en alto.
En Milán inició formalmente su camino en Giannasi 1967, un histórico establecimiento gastronómico milanés reconocido por su tradición culinaria. Allí trabajó junto a su padrastro, Dorando Gianasi, figura clave en su formación. “De él aprendí que la excelencia no es una opción, es una obligación”.
Entre Michelin y la élite internacional
Su evolución lo llevó a colaborar con referentes de la alta cocina italiana, incluyendo el restaurante Da Vittorio, galardonado con tres estrellas Michelin, y a participar en producciones culinarias junto a Niko Romito, también distinguido con tres estrellas. Además, trabajó con chefs como Davide Oldani, Gianfranco Vissani, Paolo Cappuccio y Theo Penati.
“La alta cocina se aprende con humildad, resistencia y muchísima paciencia”
Chef miguel rodríguez
Con el tiempo dio el salto al universo del chef privado y los eventos exclusivos. Ha cocinado para figuras como Silvio Berlusconi, Chiara Ferragni, artistas como Rosaría, Paz Vega y Carlos Ponce, entre otros, el diseñador Valentino y el Príncipe de Dubái. También ha participado en experiencias gastronómicas vinculadas a clubes como Inter, AC Milan, Real Madrid y FC Barcelona.
A eso se suman colaboraciones en eventos para marcas internacionales como Louis Vuitton, Chanel, Prada, Dolce & Gabbana y Valentino, donde la atención al detalle y la confidencialidad son fundamentales. En el estadio San Siro asumió el rol de jefe de cocina en eventos deportivos internacionales, coordinando equipos numerosos en uno de los escenarios más emblemáticos de Europa.

Frío, disciplina y carácter
Sin embargo, el brillo de la élite no cuenta toda la historia. “Dormía dos o tres horas al día”, recuerda. Hubo inviernos en los que salía de madrugada con temperaturas cercanas a los cuatro grados para cumplir con sus compromisos. “No ha sido nada fácil. Muchas horas de trabajo. Muchísima disciplina”.
La distancia también pesa. “Estar lejos de casa me daba melancolía, pero aprendí a hacer mi casa donde yo llegara”, confiesa. Esa capacidad de adaptación fue clave en una carrera que lo llevó a cocinar en villas privadas, residencias exclusivas y megayates.
En esos entornos, el margen de error no existe. “La confianza se construye con excelencia en cada plato, incluso cuando nadie está mirando”, afirma.
El Salvador en cada plato
A pesar de su dominio técnico en la cocina italiana mediterránea y su experiencia en propuestas internacionales, Rodríguez insiste en que su identidad nunca se diluye.
“Cada plato es una forma de decir: El Salvador está aquí”, asegura con convicción. En más de una ocasión ha preparado pupusas para clientes internacionales que se sorprenden al saber que quien está detrás del menú es un salvadoreño.
Esa identidad también dio vida a una creación propia: la Pupizza, una fusión entre la pupusa salvadoreña y la pizza italiana, desarrollada con técnica refinada y presentación contemporánea. Una forma simbólica de unir sus dos mundos.
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Hoy continúa desarrollando proyectos de eventos privados de alto nivel y contenido gastronómico digital, mientras mantiene un objetivo claro: devolver parte de lo aprendido a su país. Planea organizar un curso gratuito en El Salvador para formar nuevos talentos.
“Es una deuda personal y emocional”, dice. Porque aunque su cocina hoy se mueva entre parmesano curado, arroz Carnaroli y escenarios internacionales, su historia sigue teniendo el sabor de casa. Y ese origen, asegura, es el ingrediente que nunca falta.
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