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La mirada sostenida activa empatía, apego y bienestar, y refuerza la intimidad emocional y erótica en la pareja.

Mirar a tu pareja a los ojos fortalece el amor

Dejar el móvil y sostener la mirada puede transformar tu relación. La ciencia y la terapia de pareja explican por qué este gesto simple refuerza el vínculo.

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Por EFE
Publicado el 14 de febrero de 2026

 

TU RESUMEN

Según EFE, mirar a tu pareja a los ojos fortalece el vínculo y la intimidad. La psicóloga Silvia Cintrano explica que el contacto visual no es solo comunicación, sino vinculación: activa sistemas de empatía, apego y bienestar, y refuerza la sensación de exclusividad. En contraste, sustituir la mirada por el móvil —fenómeno conocido como phubbing— genera microdesconexiones que pueden erosionar la relación. Muchas discusiones surgen por la percepción de distancia más que por el contenido. Sostener la mirada, dedicar atención exclusiva y reducir distracciones digitales son gestos sencillos pero reparadores que ayudan a construir relaciones más sólidas y conscientes.

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Mirar a tu pareja a los ojos es mucho más que un acto romántico asociado a los enamorados: es una herramienta poderosa para fortalecer la intimidad, el apego y el bienestar en la relación, según una publicación de EFE. En tiempos donde el “scroll” infinito compite por tu atención, recuperar el contacto visual puede marcar la diferencia entre una conexión profunda y una desconexión silenciosa.

“Venga, sí: mirar la pantalla de tu móvil mientras haces ‘scroll’ es una ventana abierta de par en par al mundo. ¿Pero si tienes a tu pareja enfrente, a pocos metros de ti, qué mundo quieres mirar?”, plantea el texto de EFE. La pregunta no es menor. En los ojos de la persona amada, señala, “vas a encontrar un universo de emociones en el que viven la intimidad, el erotismo, el bienestar, el amor”.

La psicóloga especialista en Terapia de Pareja del Instituto Centta, Silvia Cintrano, lo resume con claridad: “No es sólo comunicación, es vinculación”. Y añade: “Mirar a la persona amada refuerza el apego, activa sistemas de recompensa y bienestar, incrementa la sensación de exclusividad y pertenencia, favorece la intimidad emocional y también la intimidad erótica”.

Mirar es decir estoy contigo

El contacto visual no se limita al terreno romántico, pero en la pareja adquiere un peso especial. Cintrano explica que mirar a los ojos “es una forma primaria de validación”. Desde la neurobiología interpersonal, el contacto visual “activa sistemas vinculados a la empatía, la sincronía emocional y la sensación de seguridad relacional”.

El contacto visual comunica “estoy contigo” y fortalece la autoestima y la sensación de pertenencia.
El contacto visual comunica “estoy contigo” y fortalece la autoestima y la sensación de pertenencia. / Shutterstock

En términos psicológicos, esta práctica abre un espacio de reconocimiento y sintonía. Permite ajustar tono, ritmo y emoción; facilita la regulación emocional compartida y construye confianza. Cuando hablás y la otra persona sostiene tu mirada, el mensaje implícito es contundente: “estoy contigo”.

Esa experiencia, según la experta, tiene “un enorme valor estructurante para la autoestima y el vínculo”. No se trata solo de escuchar palabras, sino de sentirse visto, comprendido y acompañado.

En la vida cotidiana, sin embargo, esta conexión se ve amenazada. Basta recordar escenas habituales en el transporte público, en una cafetería o en un parque: demasiadas personas con los ojos atrapados en la pantalla, incluso cuando están acompañadas. La costumbre de desviar la mirada hacia el teléfono interrumpe pequeños momentos que podrían convertirse en oportunidades de conexión genuina.

Microdesconexiones que erosionan el vínculo

Si mirar construye, no mirar también comunica. Según Cintrano, apartar la vista puede revelar “falta de interés”, “un intento desesperado por parar la comunicación” o incluso “una forma de desprecio pasivo-agresivo”. En consulta, ha observado que muchas discusiones de pareja no escalan por el contenido en sí, sino por la percepción de desconexión.

“Muchas discusiones no escalan por el contenido, sino por la percepción de desconexión o la interpretación que se realiza” de “gestos sutiles”, como desviar la mirada o fijarla en otro objeto, explica. La ausencia de contacto visual puede interpretarse como desinterés o rechazo, aunque no exista esa intención consciente.

Sustituir la mirada por el móvil, fenómeno conocido como phubbing, genera microdesconexiones que erosionan el vínculo.
Sustituir la mirada por el móvil, fenómeno conocido como phubbing, genera microdesconexiones que erosionan el vínculo. / Shutterstock

“La desconexión empieza, muchas veces, en la ausencia de mirada”, afirma. Y agrega que, al explorar la dinámica cotidiana de las parejas, suele descubrir que apenas se miran mientras hablan, cenan o comparten tiempo. Esa falta de atención exclusiva va creando un terreno propicio para la distancia.

La ruptura, advierte, no suele producirse de golpe. Más bien es el resultado de “microdesconexiones repetidas”. Una de ellas es sustituir la mirada por la pantalla. Este fenómeno tiene nombre: phubbing, unión de phone y snubbing. Aunque “no suele ser malintencionado, sí tiene un impacto importante en la relación de pareja”, señala.

Entre sus efectos, menciona el empobrecimiento del vínculo, la disminución de su calidad, el aumento del distanciamiento emocional y el riesgo de que aparezca la sensación de soledad, incluso estando acompañado.

Generación Z y el desafío del contacto visual

El desafío de sostener la mirada no afecta a todos por igual. Se ha escrito sobre las dificultades de la generación Z para mantener contacto ocular. Cintrano confirma esta tendencia en su experiencia clínica, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes.

No lo atribuye a una incapacidad, sino a “la menor tolerancia al contacto ocular sostenido”. Las generaciones que crecieron mediadas por pantallas desarrollaron, según explica, una enorme competencia comunicativa digital, pero menos entrenamiento en regulación emocional en presencia del otro.

Mirar al otro implica vulnerabilidad. Es como encender una lámpara que ilumina los “circuitos de conexión interpersonal”, procesos complejos que exigen tolerar la intensidad emocional, respetar silencios y exponerse a ser visto tal cual uno es.

En contraste, “la pantalla regula la distancia; permite editar, posponer y evitar”. Es más sencillo enviar un mensaje para decir algo importante o doloroso que sentarse frente a frente y expresarlo con palabras y mirada.

Más allá de una fecha, un hábito consciente

Para los enamorados, sostener la mirada puede convertirse en un ritual cotidiano con efectos profundos. “La mirada sostenida es un gesto sencillo pero profundamente reparador”, subraya la psicóloga del Instituto Centta.

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En consulta, suele recordar que la pareja necesita tiempo de calidad. “Si no hay momentos donde la atención esté dirigida únicamente al otro, es decir, con exclusividad atencional, el vínculo se erosiona de forma silenciosa”, afirma.

Incorporar este hábito no requiere grandes gestos ni planes elaborados. Podés empezar con acciones simples:

  • Guardar el móvil durante las comidas compartidas.
  • Mirar a tu pareja cuando te cuenta cómo estuvo su día.
  • Sostener la mirada unos segundos más antes de despedirte.
  • Practicar conversaciones sin pantallas de por medio.

En un mundo hiperconectado, elegir mirar a quien tenés enfrente es un acto consciente. No implica renunciar a la tecnología, sino equilibrar su uso para no sacrificar la conexión más cercana.

Al final, el mensaje es claro: el amor no se alimenta solo de palabras o mensajes instantáneos. Se construye también en esos segundos de contacto visual donde decís, sin hablar, que estás presente. Y ese gesto, repetido en el tiempo, puede ser uno de los pilares más sólidos para sostener una relación saludable y duradera.

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