De la cumbia al rock pesado, tu música tiene poder terapéutico
Aunque no te des cuenta, esa playlist que ponés para trapear, manejar o ponerte las pilas está haciendo mucho más que acompañarte. Está cuidando tu salud (y no, no es exageración).
Por
Betty Carranza
Publicado el 01 de febrero de 2026
Escuchar música no solo alegra el día, también puede mejorar tu salud mental, reducir el estrés y fortalecer tu sistema inmune. Desde la cumbia hasta el rock pesado, cada ritmo tiene un efecto distinto en tus emociones y tu cuerpo. Estudios de la Universidad McGill y Harvard revelan que la música libera dopamina, regula el estado de ánimo y hasta puede ayudar en terapias contra el dolor o el deterioro cognitivo. Además, evoca recuerdos, refuerza vínculos y mejora la concentración. Crear tu propia playlist terapéutica es una forma accesible y poderosa de cuidarte, sin dejar de disfrutar lo que amás.
Escuchar música no solo alegra el momento, también puede mejorar tu salud mental, reducir el estrés y fortalecer tu sistema inmunológico. Así lo confirma un estudio de la Universidad McGill, en Canadá, que analizó más de 400 publicaciones sobre neurociencia musical y concluyó que la música tiene efectos positivos en el cerebro, el estado de ánimo y hasta en la recuperación física.
Según esa investigación, liderada por el profesor Daniel J. Levitin, escuchar música puede reducir el cortisol, la hormona del estrés, y aumentar la producción de anticuerpos, lo que mejora la respuesta inmunitaria. O sea, lo que vos hacés cuando ponés música para relajarte… ¡funciona!
Además, Harvard Health explica que la música activa varias áreas del cerebro relacionadas con la emoción, la memoria y el movimiento. Por eso, cuando escuchás una rola que te encanta, se libera dopamina: esa sustancia que te hace sentir feliz y motivado, como cuando encontrás pupusas dos por uno.
Tu playlist no está improvisada: responde a tus emociones
Aunque parezca que armás tu lista de reproducción al azar, en realidad estás seleccionando música según cómo te sentís. Esa canción que te sube el ánimo, la que usás para llorar un poco o la que te da energía para correr tiene un efecto específico en tu cuerpo y mente.
La doctora Sandra Trehub, psicóloga de la Universidad de Toronto, asegura que "la música cumple una función reguladora, ayudándonos a manejar emociones complejas y a establecer conexiones con nuestras experiencias". Traducción: no estás loco si escuchás la misma canción veinte veces después de una ruptura.
Y no es casualidad que pongás reguetón para hacer ejercicio o baladas para manejar en la noche. Hay géneros musicales que tienden a generar respuestas específicas, dependiendo de su ritmo, armonía y letra.

Lo que cada ritmo puede provocar en vos
- Cumbia, salsa o merengue: levantan la energía, ayudan a liberar tensión y dan ganas de mover el esqueleto, aunque estés lavando trastes.
- Baladas y boleros: ideales para introspección, drama y un poquito de llanto necesario.
- Rock pesado o metal: perfectos para liberar emociones intensas y hacer catarsis sin romper platos.
- Electrónica y techno: buenísimos para enfocarse, trabajar o limpiar sin distracciones (¡modo robot activado!).
- Música clásica o instrumental: tus aliados para relajarte, dormir o bajarle el ritmo al día.
Estas respuestas varían según la personalidad y el contexto de cada quien, pero la relación entre ritmo y estado emocional está más que documentada.
Un recurso para el bienestar emocional
La música también se está usando con fines terapéuticos en entornos clínicos. La musicoterapia, una disciplina respaldada por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, ayuda a personas con ansiedad, depresión, dolor crónico e incluso deterioro cognitivo.
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"La música tiene la capacidad de acceder a partes del cerebro que otras terapias no logran activar. Por eso se usa para estimular la memoria en pacientes con Alzheimer o para mejorar el estado de ánimo en procesos de rehabilitación física", explica la musicoterapeuta Deforia Lane.
Además, un estudio citado en The Washington Post encontró que escuchar música regularmente podría estar asociado con un menor riesgo de desarrollar demencia. Todavía se investiga más a fondo, pero todo apunta a que mantener una vida musical activa podría ser tan bueno como una caminata diaria.
Música, memoria y conexión emocional
Otro aspecto fascinante es la capacidad de la música para evocar recuerdos y sensaciones. Según un artículo de National Geographic en Español, las melodías activan el hipocampo, una región del cerebro esencial para la memoria.
Por eso, una canción puede transportarte a una etapa de tu vida, a una persona o a un lugar con solo sonar unos segundos. Esa reacción es instintiva y profundamente humana, lo que convierte a la música en un puente emocional muy poderoso.
Y no solo se trata de recuerdos. La música también fortalece los vínculos sociales. Cantar en grupo, bailar o compartir canciones crea sensaciones de pertenencia y conexión, algo esencial para el bienestar emocional. Porque sí, mandar una canción por WhatsApp también es una forma de decir "te quiero".
Tips para armar tu "playlist terapéutico"
No necesitás ser terapeuta para usar la música a tu favor. Aquí algunas recomendaciones sencillas:
- Elegí canciones que conecten con cómo te sentís o cómo te querés sentir.
- Variá ritmos según el momento del día: algo activo por la mañana, más suave por la noche.
- Incluí música sin letra para relajarte o concentrarte mejor.
- Permitite descubrir nuevos géneros: podrías sorprenderte con sus efectos.
- Usá audífonos cuando necesités una experiencia más inmersiva (y para evitar la bulla de la calle).
Escuchar música es mucho más que entretenimiento
La próxima vez que pongás tu cumbia favorita para trapear o ese rock pesado que te anima a seguir en la oficina, recordá esto: estás cuidando tu salud. La música, lejos de ser un simple acompañamiento, es una herramienta poderosa para el bienestar, una forma de autocuidado accesible, personal y profundamente efectiva.
Porque al final, la música no solo se escucha. Se siente, se vive, y en muchos casos, también sana. Y si además te hace bailar con la escoba, mejor.
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