Una autopista submarina de autos impulsa arrecifes en Miami Beach
Autos convertidos en esculturas de hormigón ecológico forman un arrecife artificial frente a Miami Beach para atraer corales y recuperar biodiversidad marina.
Por
EFE
Publicado el 16 de enero de 2026
Un proyecto artístico y ambiental frente a Miami Beach transforma vehículos en esculturas submarinas para crear un arrecife artificial que atrae corales y fauna marina. La iniciativa, llamada Reefline y liderada por la artista argentina Ximena Caminos, utiliza autos de hormigón ecológico instalados a seis metros de profundidad, donde ya comenzaron a crecer los primeros corales. El objetivo es construir once kilómetros de arrecife para recuperar biodiversidad perdida por la contaminación y el calentamiento del mar. La instalación puede visitarse mediante recorridos de buceo. El proyecto requiere 33 millones de dólares y podría replicarse en otras playas del mundo.
Una serie de vehículos sumergidos frente a Miami Beach está dando forma a un arrecife artificial que combina arte y ecología para favorecer el regreso de corales y fauna marina a una zona históricamente afectada por la erosión y la contaminación, según publica EFE.
Cuando la artista argentina Ximena Caminos obtuvo el permiso para crear un arrecife artificial en Miami Beach, pensó de inmediato en el automóvil como un símbolo potente de transformación. En la superficie, los vehículos representan contaminación y tránsito constante; bajo el agua, convertidos en esculturas de hormigón ecológico, pueden funcionar como base para que los corales se adhieran y crezcan. Esa idea dio origen a Reefline, un proyecto que ya es visible —aunque sumergido— a pocos metros de una de las playas más concurridas del mundo.
La iniciativa se materializó en una especie de autopista marina compuesta por más de dos decenas de autos colocados a casi 250 metros de la orilla. A simple vista no se perciben desde la superficie, pero bajo el mar conforman una instalación que busca recuperar parte de la biodiversidad que, no hace tantos años, habitaba estas aguas. El proyecto aspira a ir mucho más allá: la meta es construir un arrecife artificial de once kilómetros a lo largo de la costa.

“Es una metáfora porque es la transformación del símbolo, como un símbolo de polución, y transformarlo en un símbolo de transformación, porque la morfología del auto es perfecta para ponerle corales arriba”, explicó Caminos en declaraciones a EFE. La artista, que también se define como activista medioambiental, concibe el arte como una herramienta al servicio de la naturaleza y no como un fin exclusivamente estético.
Esculturas pensadas para la vida marina
Con apenas dos meses desde su instalación, el arrecife ya muestra señales de vida. Los primeros corales comenzaron a crecer gracias al uso de un tipo de hormigón ecológico especialmente diseñado para favorecer la adhesión de organismos marinos. Este material permite que las estructuras se conviertan en un soporte adecuado para especies consideradas “fundacionales”, capaces de atraer posteriormente a otros animales.
Los vehículos de hormigón, junto a varias estrellas del mismo material, fueron colocados a poco más de seis metros de profundidad. La ubicación no es casual. “Los corales necesitan mucha luz”, explicó Caminos, al justificar por qué las esculturas no se encuentran en zonas más profundas. La luz solar resulta clave para el desarrollo de estos organismos, que a su vez crean el entorno propicio para peces y otras especies.

“Los autos son como macetas”, resumió la artista, al describir la lógica del diseño. La estructura de cada vehículo ofrece múltiples superficies y cavidades donde los corales pueden fijarse y expandirse. Con el tiempo, la expectativa es que la vida marina llegue de forma natural, sin necesidad de intervenciones adicionales.
Una isla marcada por la erosión
El concepto de un arrecife artificial no es ajeno a Miami Beach. Se trata de una isla en gran parte artificial, que sufre desde hace décadas problemas de erosión costera. En el pasado, un arrecife natural cumplía la función de proteger la costa del oleaje, pero el calentamiento de las aguas y la contaminación del mar provocaron su desaparición.
Reefline busca recuperar, al menos en parte, esa barrera natural perdida. La propuesta combina arte contemporáneo y restauración ambiental, con la intención de devolver a la zona una fauna marina que prácticamente había desaparecido. Para lograrlo, la instalación a gran escala requirió la participación de grandes barcos y la colaboración del artista argentino Leandro Erlich.
Las esculturas, además, fueron sometidas a pruebas para garantizar su resistencia frente a fenómenos extremos. Según detalló Caminos, los vehículos están preparados para soportar posibles huracanes, un factor clave en una región expuesta periódicamente a este tipo de eventos climáticos.
Una ciudad subacuática visitable
Caminos define el conjunto de esculturas como una “ciudad subacuática”. Visitarla es posible, aunque no exento de desafíos. Cualquier persona puede acercarse nadando, en tabla o en kayak hasta el punto donde se encuentra la instalación. Sin embargo, la profundidad dificulta que los visitantes permanezcan el tiempo suficiente para observar los detalles sin equipamiento especializado.
Por ese motivo, la organización Reefline, que comparte nombre con el proyecto, organiza recorridos en embarcación. Estas salidas incluyen el equipo de buceo necesario para que los interesados puedan sumergirse y contemplar las esculturas durante el tiempo que deseen. Existe una sola regla estricta: no tocar las piezas ni los corales.
Te puede interesar: Los 12 nombres de la Luna llena y su significado ancestral
Esta experiencia, descrita por la artista como una forma de peregrinaje, tiene un fuerte componente simbólico. Caminos señaló que “el arte más importante muchas veces fue invisible”, en referencia a obras que permanecieron ocultas o fuera del acceso cotidiano del público. En este caso, la invisibilidad bajo el agua refuerza el mensaje de respeto y contemplación.
Un proyecto a largo plazo
Aunque los primeros resultados generan optimismo, el futuro de Reefline depende de un desafío central: la financiación. Para completar los once kilómetros de arrecife artificial se requieren 33 millones de dólares. La estrategia contempla acuerdos con la administración pública y con iniciativas privadas que permitan reunir los fondos necesarios.
Entre las propuestas para recaudar dinero figura la posibilidad de “adoptar” los vehículos y las estrellas que forman parte del arrecife. Cada pieza adoptada llevaría una placa con el nombre del donante. Según Caminos, personalidades como Gloria Estefan y Emilio Estefan ya cuentan con su nombre en una de las estrellas instaladas bajo el mar.
Video cortesía: @thereefline
El calendario del proyecto es extenso. Aun si se logra asegurar la financiación, la construcción total del arrecife no se completaría en menos de diez años. Mientras tanto, la organización no descarta replicar la experiencia en otros destinos costeros que enfrentan problemas similares.
“Tenemos un par de invitaciones para Dubái y para Maldivas”, afirmó Caminos, al señalar el interés internacional que despertó la iniciativa. La combinación de arte, conciencia ambiental y restauración marina posiciona a Reefline como un modelo replicable en otras playas del mundo, donde la biodiversidad necesita nuevas oportunidades para recuperarse.
TAGS: Arrecifes artificiales | Fondos marinos | Medio ambiente | Miami
CATEGORIA: Noticias | Internacional
