Jueves 16 de diciembre


Un futuro en cenizas

"Yo estaba jugando y explotó el cohete", dice José entre llantos y vendajes, mientras recibe su terapia diaria para rehabilitación de la piel.

Mayuly Ferrufino
El Diario de Hoy

José, de ocho años, se encontraba en el interior de una bodega que contenía pólvora cuando Karla María, una vecinita suya, de manera accidental, provocó una chispa.

La explosión mató en el instante a la niña, hija de un fabricante de cohetes, y causó graves quemaduras a José, quien tiene su brazo derecho en carne viva y la cabeza llena de vendajes.

Las enfermeras lo tratan con primor, pero, para él, quien en raras ocasiones deja de llorar, el dolor es insoportable.

Como José existen otros 21 niños. Las circunstancias en las que se producen estos accidentes con pólvora son muy variadas, pero siempre existen denominadores comunes.

En el caso de José, la explosión se dio por la falta de precaución en el almacenamiento de la pólvora. La cohetería en la que se encontraban estos explosivos era clandestina y no cumplía con los mínimos requerimientos de seguridad, según aseguraron las autoridades respectivas.

La imprudencia en el manejo de pólvora es, también, una de las causas por las que los niños suelen resultar afectados y con graves quemaduras.

El caso de Hugo

Hugo, un niño que se encontraba viendo un partido de fútbol en la ciudad de Santa Ana, perdió su oreja derecha cuando otras personas reventaron morteros al aire y uno de ellos detonó cerca de la cabeza del menor.

Alfredo Bonilla, el otorrinolaringólogo que lo recibió en el hospital, aseguró que, además de perder su oreja, el niño podría perder parte de su facultad auditiva. El especialista indicó que era necesario esperar hasta que las heridas cicatrizaran para, entonces, evaluar los daños con mayor certeza.

Con la mirada triste, Hugo observa la cámara. Los médicos tienen que mantenerlo sedado porque el dolor es muy fuerte.

Mientras tanto, la Unidad de Cirugía Plástica del Hospital Bloom contempla la posibilidad de enviar a Hugo a algún hospital extranjero. Tal vez ahí se le pueda injertar una oreja que remplace la perdida, ya que este tipo de mutilaciones pueden causar grandes daños sicológicos a los niños en el futuro.

Prevención

Los casos de quemaduras y muerte causados por la pólvora se pueden evitar.

Pero cuando las coheterías no cumplen con las medidas necesarias de seguridad, es inminente un accidente.

De igual forma, el trabajo infantil en la elaboración de cohetes y mechas pueden provocar graves accidentes e incendios, por lo que se debe restringir el acceso a lo niños a los lugares donde se maneja la pólvora.


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