Pobres de solemnidad
sin flores ni recuerdos
Al caminar entre tumbas deformadas y
veredas polvosas, al costado oriente del
cementerio La Bermeja, se llega hasta una
sección llamada "Los Pobres de
Solemnidad".
- Guadalupe
Hernández
- El Diario
de Hoy
La
demanda es tanta, que en cada fosa se entierran
hasta cinco cuerpos, dice Arcadio Jovel Vargas,
empleado del camposanto.
Ahí, en una pequeña parcela,
descansan aquellos que durante toda su vida
pidieron limosna por las calles y que un
día les sorprendió la muerte, sin
más compañía que la ropa
que llevaban puesta.
También son enterradas por caridad las
personas que mueren en los hospitales
públicos o a la puerta de una cantina y
sin que nadie reclame los restos. Para ellos no
hay flores, recuerdos ni mucho menos
lágrimas.
La miseria que arrastraron durante sus vidas
no los abandonó ni a la hora de la
muerte, pues son enterrados en las bolsas
plásticas en que los transportan de la
morgue, en lugar de un ataúd de
madera.
Desolación
La soledad del lugar contrasta con el
movimiento que se vive en el Día de los
Difuntos en todos los cementerios.
Algunas personas que pasan cerca se asoman
para ver la fila de fosas que están
listas a la espera de otro cadáver.
La mayoría de cruces carece del nombre
del fallecido. A excepción de los que han
logrado ser identificados luego de una
exhumación.