Viernes 3 de noviembre 2000


Pobres de solemnidad sin flores ni recuerdos

Al caminar entre tumbas deformadas y veredas polvosas, al costado oriente del cementerio La Bermeja, se llega hasta una sección llamada "Los Pobres de Solemnidad".

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

La demanda es tanta, que en cada fosa se entierran hasta cinco cuerpos, dice Arcadio Jovel Vargas, empleado del camposanto.

Ahí, en una pequeña parcela, descansan aquellos que durante toda su vida pidieron limosna por las calles y que un día les sorprendió la muerte, sin más compañía que la ropa que llevaban puesta.

También son enterradas por caridad las personas que mueren en los hospitales públicos o a la puerta de una cantina y sin que nadie reclame los restos. Para ellos no hay flores, recuerdos ni mucho menos lágrimas.

La miseria que arrastraron durante sus vidas no los abandonó ni a la hora de la muerte, pues son enterrados en las bolsas plásticas en que los transportan de la morgue, en lugar de un ataúd de madera.

Desolación

La soledad del lugar contrasta con el movimiento que se vive en el Día de los Difuntos en todos los cementerios.

Algunas personas que pasan cerca se asoman para ver la fila de fosas que están listas a la espera de otro cadáver.

La mayoría de cruces carece del nombre del fallecido. A excepción de los que han logrado ser identificados luego de una exhumación.


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