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Estira y encoge entre la Fiscalía y algunos alcaldes

Se prevé que en los próximos días vuelan a surgir diferencias por quién debe determinar cuál juego es prohibido o no a partir de las inspecciones.

Alberto López
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los ediles sostienen que es el Ministerio Público quien debe establecer qué está vetado y proceder contra ello. Foto EDH

El 9 de agosto de 2002 entró en vigencia el decreto que da facultades a los alcaldes para inspeccionar casinos y verificar que no tengan juegos prohibidos, y dar parte a la Fiscalía para cerrar casinos en caso de ser positivo el hallazgo.

Con tal decreto todos los jefes edilicios de municipios donde operan casinos están obligados a verificar que los establecimientos no ofrezcan juegos ilícitos, que el mismo decreto establece cuáles son.

De comprobar que las casas de juegos violan la ley, las municipalidades deberán informar a la oficina regional de la Fiscalía General de la República para que proceda al debido requerimiento fiscal, de acuerdo con lo establecido en la legislación penal, y a cerrar el negocio infractor.

Óscar Ortiz opinó el año pasado que la municipalidad sólo puede informar que los casinos tienen juegos prohibidos y que el resto, el cierre, le corresponde a la Fiscalía. En Nueva San Salvador funciona el Bingo Club, con un permiso de operación para 10 años.

Un mes después, es decir, en septiembre de 2002, empezó una guerra de acusaciones entre los alcaldes y la Fiscalía. Cada cual responsabilizaba al otro de no proceder contra los negocios.

El año pasado, el alcalde de Santa Ana, Orlando Mena, mandó al Ministerio Público un inventario de los juegos que se encuentran en el Casino Montecarlo, tal como manda el decreto, pero el jefe fiscal, Juan Carlos Fuentes Real, le envió una nota donde se le solicita nueva inspección.

Fuentes Real sostuvo que la municipalidad omitió en su inventario consignar si existen o no juegos prohibidos.

Se hizo, además, esta pregunta: “ A pesar de que tienen juegos prohibidos, ¿qué delito les vamos a atribuir?”.

Fuentes Real descargó responsabilidad en la municipalidad que dio el permiso e indicó que “por lógica” era la llamada a cerrarlos.

Sólo si los casinos no acatan la orden de la municipalidad, se les procesaría por desobediencia, dijo el fiscal. El alcalde Mena no piensa lo mismo. Sostiene que el decreto no le obliga a decir a la Fiscalía si hay o no juegos prohibidos.

Se quedan o no se quedan
Durante tres años, las casas de juego han resistido las intenciones de las autoridades de cerrarlos. La policía denunció que a ellos llegaban hampones a gastar dinero malhabido.
- Diciembre 1999
Vencen los permisos de operación de los casinos que operan en la capital. Nunca se renovaron.
- Septiembre 2000
Dos de los tres negocios capitalinos permanecen abiertos, pues pidieron amparo ante la Corte Suprema.
- Mayo 2001
En su primer intento de demanda de amparo, los casineros pierden la batalla ante la Sala de lo Constitucional.
- Enero 2002
Después de varios meses, dos casinos capitalinos que ya no tenían opciones para seguir operando son cerrados.
- Mayo 2002
Comienza el cabildeo en la Asamblea, principalmente de parte de la policía, para cerrar las casas de juego.
- Julio 2002
Primer intento de los diputados por emitir un decreto legislativo que regulara los negocios en todo el país.
- Agosto 2002
La Asamblea se pone de acuerdo y emite los decretos 929 y 930, que regulan la operación de casinos.
- Octubre 2002
Entran las primeras demandas de amparo contra los decretos en la Sala de lo Constitu-cional de la Corte.
- Septiembre 2003
El máximo tribunal avala la actuación de la Asamblea al emitir los decretos y ordenar
las inspecciones.
 

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