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La
selecta se queja de la mafia arbitral
El
estadounidense Brian Hall, acusado por todos.
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| El arbitro estadounidense Brian Hall, se
convirtió en un dolor de cabeza para la selección
salvadoreña. Foto:
EDH |
Con menos de dos horas de sueño, ayer por la mañana
la selección Sub-23 abordó el maratónico vuelo
de regreso hacia San Salvador a las 6:30 p.m. Caras largas, ojos
pequeños y muy pocas ganas de hablar.
La eliminación ante Canadá (0-1 en el partido y 5-4
en los penales) dejó una sensación de impotencia.
No tanto por lo que demostró el equipo, que soportó
estoicamente el frío, jugó con dos hombres menos y
así y todo pudo haber clasificado si hubiera tenido un poco
más de suerte desde los doce pasos.
Más bien por la actuación del árbitro estadounidense
Brian Hall, quien expulsó a Eliseo Quintanilla y Dennis Alas,
amonestó a otros cinco jugadores, les cobró un penal
en contra el que atajó Luis Castro a Dunfield al 51-
y logró sacar de los cabales al equipo cuscatleco.
Esto es una mafia, no entiendo cómo no se dan cuenta,
dijo Eliseo Quintanilla, al que todavía le duraba la calentura.
Su frustración era evidente: Así no dan ganas
de jugar, siempre es lo mismo con este juez. Hall fue el que me
expulsó en el último juego de la MLS antes de venir
aquí. Pero lo peor no es lo que el hizo, sino que nadie diga
nada ni se queje, concluyó un Cheyo desparramado en
uno de los sillones del moderno aeropuerto de Kelowna.
Indignación
Para Diego Mejía, lo del central fue una vergüenza.
Este tipo es una basura, desde el primer tiempo que quería
que ganara Canadá hizo todo lo posible. Obviamente que prefieren
que a la ronda final lleguen los grandes de la Concafaf, y Canadá
es uno de ésos, se quejó el delantero. A su
lado, Otoniel Carranza, autor de la supuesta falta a Masciantonio
que terminó en penal y la expulsión de Cheyo, repetía
a cada rato: Yo no lo toqué, para nada. El árbitro
se lo inventó.
Luis Castro
Esto es una mafia. El juez no fue imparcial
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Otro que mezclaba enfado y resignación era Josué
Galdámez: Cómo van a poner un árbitro
estadounidense, es obvio que va a favorecer a los de Canadá.
Estos partidos los tendría que arbitrar un suramericano,
un europeo, o por lo menos un mexicano.
Marvin González, uno de los que más habló
con Hall, se quejó del trato desigual, sobre todo a la hora
de mostrar las tarjetas. Él se reía todo el
tiempo y nos hacía callar.
Cuando pegábamos una nosotros, enseguida era amarilla. Ellos
tenían que pegar cuatro para que se la mostraran. Y cuando
uno le iba a reclamar, ahí nos amonestaba, describió
el defensor.
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El dolor: durante y después
Camino al aeropuerto de Kelowna,
sólo unas horas después de la derrota ante
la escuadra canadiense, Paredes hizo detener el bus en el
restaurante Dennys. Eran las 4:25 a.m. El mismo técnico
se bajó para recoger dos cajas con los desayunos
de toda la delegación. Jugamos de tú
a tú con ellos. Eso es lo que me reconforta, porque
yo no vine aquí a entregarme... , comentó
el técnico. Sus palabras no parecían alimento
suficiente para los demás.
Mirada baja, reclamo alto.
Castro cargó contra el árbitro tras la derrota:
Se vio desde el principio que el juez no era imparcial.
A mí se me acercó y me amenazó con
una tarjeta si no me apuraba. Quería demostrar que
tenía todo el poder. Así se hace muy difícil
ganar, dijo el guardameta.
Afición precavida.
Casi todos los asistentes al estadio -en total fueron unos
2,276, de los cuales 50 eran salvadoreños- llegaron
al Apple Bowl con bebidas calientes y comida. Además,
cada uno llevó su propia frazada para protegerse
del frío.
El
adiós.
Así lucían los salvadoreños ayer, antes
de viajar a Los Ángeles.
Ni agua ni Gatorade.
Después de los 90 minutos reglamentarios, los jugadores
bebieron café para recuperarse del frío. Aquí
lo hace Diego mejía.
La pesadilla de Cheyo.
Tras ser expulsado, Quintanilla sufrió desde el camerino,
el único lugar en que le permitían estar.
No pudo ver más el juego. Sólo escuchaba los
gritos de la afición.
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