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La selecta se queja de la mafia arbitral

El estadounidense Brian Hall, acusado por todos.

Claudio Martínez/Enviado
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El arbitro estadounidense Brian Hall, se convirtió en un dolor de cabeza para la selección salvadoreña. Foto: EDH

Con menos de dos horas de sueño, ayer por la mañana la selección Sub-23 abordó el maratónico vuelo de regreso hacia San Salvador a las 6:30 p.m. Caras largas, ojos pequeños y muy pocas ganas de hablar.

La eliminación ante Canadá (0-1 en el partido y 5-4 en los penales) dejó una sensación de impotencia. No tanto por lo que demostró el equipo, que soportó estoicamente el frío, jugó con dos hombres menos y así y todo pudo haber clasificado si hubiera tenido un poco más de suerte desde los doce pasos.

Más bien por la actuación del árbitro estadounidense Brian Hall, quien expulsó a Eliseo Quintanilla y Dennis Alas, amonestó a otros cinco jugadores, les cobró un penal en contra –el que atajó Luis Castro a Dunfield al 51’- y logró sacar de los cabales al equipo cuscatleco.

“Esto es una mafia, no entiendo cómo no se dan cuenta”, dijo Eliseo Quintanilla, al que todavía le duraba la calentura. Su frustración era evidente: “Así no dan ganas de jugar, siempre es lo mismo con este juez. Hall fue el que me expulsó en el último juego de la MLS antes de venir aquí. Pero lo peor no es lo que el hizo, sino que nadie diga nada ni se queje”, concluyó un Cheyo desparramado en uno de los sillones del moderno aeropuerto de Kelowna.

Indignación

Para Diego Mejía, lo del central fue una vergüenza. “Este tipo es una basura, desde el primer tiempo que quería que ganara Canadá hizo todo lo posible. Obviamente que prefieren que a la ronda final lleguen los grandes de la Concafaf, y Canadá es uno de ésos”, se quejó el delantero. A su lado, Otoniel Carranza, autor de la supuesta falta a Masciantonio que terminó en penal y la expulsión de Cheyo, repetía a cada rato: “Yo no lo toqué, para nada. El árbitro se lo inventó”.


Luis Castro

“Esto es una mafia. El juez no fue imparcial”

Otro que mezclaba enfado y resignación era Josué Galdámez: “Cómo van a poner un árbitro estadounidense, es obvio que va a favorecer a los de Canadá. Estos partidos los tendría que arbitrar un suramericano, un europeo, o por lo menos un mexicano”.

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Cheyo aún debe trabajar su madurez

Marvin González, uno de los que más habló con Hall, se quejó del trato desigual, sobre todo a la hora de mostrar las tarjetas. “Él se reía todo el tiempo y nos hacía callar.

Cuando pegábamos una nosotros, enseguida era amarilla. Ellos tenían que pegar cuatro para que se la mostraran. Y cuando uno le iba a reclamar, ahí nos amonestaba”, describió el defensor.

El dolor: durante y después

Camino al aeropuerto de Kelowna, sólo unas horas después de la derrota ante la escuadra canadiense, Paredes hizo detener el bus en el restaurante Denny’s. Eran las 4:25 a.m. El mismo técnico se bajó para recoger dos cajas con los desayunos de toda la delegación. “Jugamos de tú a tú con ellos. Eso es lo que me reconforta, porque yo no vine aquí a entregarme... ”, comentó el técnico. Sus palabras no parecían alimento suficiente para los demás.

Mirada baja, reclamo alto.
Castro cargó contra el árbitro tras la derrota: “Se vio desde el principio que el juez no era imparcial. A mí se me acercó y me amenazó con una tarjeta si no me apuraba. Quería demostrar que tenía todo el poder. Así se hace muy difícil ganar”, dijo el guardameta.

Afición precavida.

Casi todos los asistentes al estadio -en total fueron unos 2,276, de los cuales 50 eran salvadoreños- llegaron al Apple Bowl con bebidas calientes y comida. Además, cada uno llevó su propia frazada para protegerse del frío.
El adiós.
Así lucían los salvadoreños ayer, antes de viajar a Los Ángeles.

Ni agua ni Gatorade.

Después de los 90 minutos reglamentarios, los jugadores bebieron café para recuperarse del frío. Aquí lo hace Diego mejía.

La pesadilla de Cheyo.

Tras ser expulsado, Quintanilla sufrió desde el camerino, el único lugar en que le permitían estar. No pudo ver más el juego. Sólo escuchaba los gritos de la afición.

 

 

 

 

 

 

 


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