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En los Ángeles/ Miguel (nombre ficticio),
originario de Soyapango, trabajaba en una empresa pulidora
de metales hacía cinco años, pero perdió
su trabajo después de que la firma tuvo problemas económicos
ocasionados por los ataques terroristas.
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Salvadoreños
en la zona cero
A
la conmemoración de los atentados del 11 de septiembre también
asistieron compatriotas que, de una u otra manera, habían
sido tocados muy de cerca por los eventos del inolvidable martes
negro.
Que
Dios te bendiga
Ayer, 11 de septiembre de 2003, las ofrendas florales procedentes
de todas partes del mundo adornaban la calle Church frente a lo
que antes era el Wold Trade Center.
Poco a poco, los rostros de las personas que vivieron de alguna
manera los sucesos, comenzaron a llenar el lugar que era resguardado
por una inmensa valla metálica construida para la ocasión.
Entre ellos, unos jóvenes con traje y corbata que tenían
sobre sus cabezas carteles con mensajes religiosos; ellos pertenecían
a una iglesia Evangélica en Santa Ana, California.
Mario Cañas, originario de San Miguel y ex pandillero de
las calles de Los Ángeles, gritaba a todo pulmón God
Bless You (que Dios te bendiga) para quienes transitaban por
la zona. Pero al acercarse el inicio de los actos, fue obligado
junto a sus compañeros a abandonar el lugar.
Dicen que no podemos portar propaganda de ninguna índole
sin un permiso de la ciudad, comentó Cañas,
mientras abandonaba la acera.
Para este migueleño, lo que le sucedió a Nueva York
hace dos años fue porque esa ciudad está llena
de personas que necesitan de Dios. El salvadoreño expresó
que le conmueve ver que la gente no quiere entender, por eso viajó
desde Los Ángeles y se presentó a la zona cero desde
horas de la madrugada con su mensaje de fe.
Mario llegó hace 11 años a Estados Unidos y perteneció
a la pandilla Lenox 13 del este de Los Ángeles. Ahora desde
hace cuatro años viaja por sus propios medios por todo el
país para hablar a otros de lo que Dios hizo en su vida.
En la actualidad, trabaja en una ferretería.
No
vi a los gemelos
La parte administrativa del evento contó con un ejército
de voluntarios que orientaban a los familiares de las víctimas
hacia el lugar donde se realizarían los actos.
Entre los asistentes se encontraba la salvadoreña Ana Méndez,
originaria de Santa Ana, quien reside en Estados Unidos desde hace
19 años. Para ella, el 11 de septiembre representa una de
las más terribles experiencias que ha vivido.
Méndez trabaja en una fábrica que se encontraba frente
a los gemelos, como ella les llama. Yo vi al primer
avión impactar contra la primer torre, fue terrible,
dice. Casualmente, en el instante en que es entrevistada, se escucharon
las campanas anunciando el primer minuto de silencio a eso de las
10:00 de la mañana, hora en que la primer torre se derrumbó
hace dos años. La salvadoreña, como muchos otros,
no pudo contener las lágrimas.
Luego, continuó comentando que esa pesadilla le había
costado muchos días de problemas sicológicos. No
podía ni comer ni dormir, me imaginaba que pasaría
otra vez, relata.
Me quedé con las ganas de conocer los gemelos desde
adentro. Mi hija y yo junto a un grupo de amigas nos disponíamos
a subir hasta el último piso del World Trade Center, pero
estando ya en la línea para entrar, mi hija me dijo, mejor
vamos al cine mami, de todos modos los edificios no se van
a mover. De verdad nadie pensó que a los gemelos les
podía pasar algo de esa magnitud, finaliza.
¿Cuántos compatriotas?
Esa pregunta difícilmente podrá ser contestada. Los
salvadoreños entrevistados están seguros que, con
las torres gemelas, murieron muchas personas que nacieron en nuestro
país o que eran hijos de connacionales, que no fueron identificados
porque trabajaban con documentos falsos.
Basta con acercarse a los latinos presentes ayer en la conmemoración,
para que surja una historia de dolor donde uno que era salvadoreño
es el protagonista o el afectado.
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