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En los Ángeles/ Miguel (nombre ficticio), originario de Soyapango, trabajaba en una empresa pulidora de metales hacía cinco años, pero perdió su trabajo después de que la firma tuvo problemas económicos ocasionados por los ataques terroristas.

Salvadoreños en la zona cero

A la conmemoración de los atentados del 11 de septiembre también asistieron compatriotas que, de una u otra manera, habían sido tocados muy de cerca por los eventos del inolvidable “martes negro”.

Francisco Sanchez
Enviado especial
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“Que Dios te bendiga”

Ayer, 11 de septiembre de 2003, las ofrendas florales procedentes de todas partes del mundo adornaban la calle Church frente a lo que antes era el Wold Trade Center.

Poco a poco, los rostros de las personas que vivieron de alguna manera los sucesos, comenzaron a llenar el lugar que era resguardado por una inmensa valla metálica construida para la ocasión.

Entre ellos, unos jóvenes con traje y corbata que tenían sobre sus cabezas carteles con mensajes religiosos; ellos pertenecían a una iglesia Evangélica en Santa Ana, California.

Mario Cañas, originario de San Miguel y ex pandillero de las calles de Los Ángeles, gritaba a todo pulmón “God Bless You” (que Dios te bendiga) para quienes transitaban por la zona. Pero al acercarse el inicio de los actos, fue obligado junto a sus compañeros a abandonar el lugar.

“Dicen que no podemos portar propaganda de ninguna índole sin un permiso de la ciudad”, comentó Cañas, mientras abandonaba la acera.

Para este migueleño, lo que le sucedió a Nueva York hace dos años fue “porque esa ciudad está llena de personas que necesitan de Dios”. El salvadoreño expresó que le conmueve ver que la gente no quiere entender, por eso viajó desde Los Ángeles y se presentó a la zona cero desde horas de la madrugada con su mensaje de fe.
Mario llegó hace 11 años a Estados Unidos y perteneció a la pandilla Lenox 13 del este de Los Ángeles. Ahora desde hace cuatro años viaja por sus propios medios por todo el país para hablar a otros de lo que Dios hizo en su vida. En la actualidad, trabaja en una ferretería.

“No vi a los gemelos”

La parte administrativa del evento contó con un ejército de voluntarios que orientaban a los familiares de las víctimas hacia el lugar donde se realizarían los actos.

Entre los asistentes se encontraba la salvadoreña Ana Méndez, originaria de Santa Ana, quien reside en Estados Unidos desde hace 19 años. Para ella, el 11 de septiembre representa una de las más terribles experiencias que ha vivido.

Méndez trabaja en una fábrica que se encontraba frente a “los gemelos”, como ella les llama. “Yo vi al primer avión impactar contra la primer torre, fue terrible”, dice. Casualmente, en el instante en que es entrevistada, se escucharon las campanas anunciando el primer minuto de silencio a eso de las 10:00 de la mañana, hora en que la primer torre se derrumbó hace dos años. La salvadoreña, como muchos otros, no pudo contener las lágrimas.
Luego, continuó comentando que esa pesadilla le había costado muchos días de problemas sicológicos. “No podía ni comer ni dormir, me imaginaba que pasaría otra vez”, relata.

“Me quedé con las ganas de conocer los gemelos desde adentro. Mi hija y yo junto a un grupo de amigas nos disponíamos a subir hasta el último piso del World Trade Center, pero estando ya en la línea para entrar, mi hija me dijo, mejor vamos al cine mami, ‘de todos modos los edificios no se van a mover’. De verdad nadie pensó que a los gemelos les podía pasar algo de esa magnitud”, finaliza.

¿Cuántos compatriotas?

Esa pregunta difícilmente podrá ser contestada. Los salvadoreños entrevistados están seguros que, con las torres gemelas, murieron muchas personas que nacieron en nuestro país o que eran hijos de connacionales, que no fueron identificados porque trabajaban con documentos falsos.

Basta con acercarse a los latinos presentes ayer en la conmemoración, para que surja una historia de dolor donde uno que era salvadoreño es el protagonista o el afectado.

 

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