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El
final
Formas de morir
El
aborto casero o en estas clínicas conlleva un
riesgo añadido para la mujer.
Dentro de las clínicas abortistas locales, dos son los métodos
más comunes para deshacerse del producto: la
dilatación y curataje, y la dilatación y aspiración.
Ambos métodos se realizan en condiciones insalubres y sin
el equipo instrumental necesario para llevar a cabo el procedimiento.
En el caso de la dilatación y curataje, la primera se realiza
con elementos como varillas de hierro, en nada parecidas a los tallos
de Hegar, el instrumento utilizado por los médicos en los
procesos ginecológicos.
Asimismo, la cureta, especie de cuchara con delicado filo, en manos
inexpertas, puede provocar lesiones irreversibles en el cuello uterino
de la mujer, tales como sangramientos profusos o desgarramientos.
Valvas anteriores y posteriores para abrir la vagina, así
como pinzas para traccionar el labio inferior son elementos ausentes
en la intervención clandestina.
En cuanto al método de la dilatación y aspiración,
si no se realiza de forma adecuada, dejando adentro del vientre
restos del feto, puede desencadenarse hemorragias intensas o infecciones
generalizadas.
Además de estos métodos, y según ginecólogos
consultados, se conoce que aquellas mujeres que no pueden pagar
una clínica clandestina, utilizan métodos artesanales
o caseros para inducirse un aborto.
Ganchos de ropa, altas dosis de anticonceptivos, fertilizantes,
líquidos cáusticos como el ácido de batería
de carros, entre otros, representan el aborto en su lado más
mísero y desgarrador.
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Cada clínica propone su particular
método abortivo
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