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Estamos
aprendiendo a ejercer bien el Poder
Según David Escobar Galindo, el proceso de consolidación
democrática abierto en 1992 tiene fuerza suficiente como
para superar los inevitables escollos que surgen en el camino.
Juan Bosco Martín - El Diario
de Hoy
En
una librera de su ajetreada oficina en la Universidad José
Matías Delgado la mía es una oficina vivida,
dice, para justificar un desorden que rezuma armonía al compararlo
con el de un periodista, un cartelito que mira a la estancia
reza del siguiente modo: En este lugar reina la Paz. No la
perturbe.
La Historia, si algún día alguien se interesa por
dedicarle el tiempo que se merece, juzgará si David Escobar
Galindo nació para la poesía o para derrotar, con
la fuerza de la palabra, la inveterada tradición salvadoreña
de resolver las diferencias políticas a golpes (de Estado
y de los otros).
Lo cierto es que este poeta y abogado y periodista y político
(en el sentido amplio de la palabra) y académico de la lengua
y docente universitario parece llevar mucho tiempo en paz consigo
mismo, a pesar de que ha tenido motivos para perderla: ¿quién
no la perdería en una negociación con quienes secuestraron
a su padre?
Si San Juan evangelista hubiera escrito la biografía de Escobar
Galindo, tal vez habría comenzado del siguiente modo: Y
la Prudencia se hizo verbo.
¿Cómo pensó en 1992 que sería El
Salvador diez años después?
La verdad es que no me dibujé las escenas futuras. Lo que
sabía es que el país estaba entrando en una nueva
etapa, y que por primera vez en la Historia de El Salvador la violencia
quedaba desautorizada de palabra. Eso era para mí lo más
importante. No me planteé el futuro, porque además
es muy difícil. No soy persona de grandes ilusiones.
Además, por primera vez se reconocía legalmente a
la Izquierda en El Salvador, lo cual fue un paso importantísimo.
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Derecha
e Izquierda
Hoy vemos -y me parece
que no caigo en juicios temerarios- que la Relatividad a la
que usted alude es más aceptada en la Derecha política
que en la Izquierda.
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Muchos entendían que el PDC era la izquierda.
El PDC asumió, en cierta forma, una especie de representación
implícita de la izquierda. Cuando no se quiere que las caracterizaciones
sean las que son, se busca manifestaciones alternativas. O hacían
un partido para que el Partido Comunista se metiera por la puerta
de atrás, como UDN, pero eso no es lo que debe ser.
En El Salvador, durante el siglo XIX, no se conformaron orgánicamente
dos fuerzas políticas, como ocurrió en muchos sitios
con los liberales y conservadores, porque en la sociedad no había
interés por que eso sucediera. Aquí los liberales
se hicieron conservadores.
Salarrué, en su Carta a los Patriotas de 1932,
distinguía muy claramente dos fuerzas: los que querían
tenerlo todo y los que querían quitarles todo.
Eso se fue dando en el tiempo a medida que no se estableció
unacompetencia entre las visiones de país y los intereses
que se correspondían con esas visiones. Como no se pudo competir
en las ideas, caímos en una competencia entre los que están
siempre y lo que no están nunca. Los primeros se sostuvieron
de forma artificial y los segundos, que no se resignaron, operaron
desde la sombra.
¿Por qué no se conformaron partidos que, como
en otros lugares, representaran las distintas visiones del país?
Nosotros no logramos establecer un manejo dinámico del poder.
Ese manejo tiene que ser fundamentalmente político, porque
las fuerzas sociales y económicas se conducen en el escenario
político. Para eso están los partidos. Unos representan
más a unas fuerzas y otros a otras. Al no aflorar esa representación,
las fuerzas desnudas protagonizaron ese dinamismo con toda la crudeza.
Entiendo, pero a lo que quiero llegar es a la causa última
por la que no aconteció esa mediación. Porque, según
usted, ahí está la clave del problema.
Eso lo debería estudiar la sociología o la psicología
social, porque desde luego no sólo se debió a una
imposición. El hecho fue que no ocurrió, y que el
poder se sobredimensionó, y que lo que está enfrente
del poder (necesidades, aspiraciones, pluralismo de la gente...
etc) no se desarrolló, porque no tenía instrumento
de representación. El Salvador, desde los años 30,
se debatía entre la fosilización del poder, por un
lado, y su clandestinización, por otro. Estábamos
atrapados entre el inmovilismo y la revolución, sin mecanismos
para que las diferencias fluyeran sin atropellos.
¿Se podría sentenciar entonces que el salvadoreño
no ha sabido ejercer el Poder?
Creo que no lo ha sabido ejercer como se debe. Estamos aprendiendo
a hacerlo. La inflexión que se produce con los Acuerdos de
Paz es un reconocimiento implíticito de que no se había
ejercido bien, y que había que poner juntos a todos los poderes,
visiones e intereses, para que aprendieran a convivir. Era la única
salida, porque ya habíamos agotado todas las posibilidades
con el la guerra. ¿Qué otra cosa se podía hacer,
luego de matarse unos a otros? Aprender a convivir. Pero ya sabes
que el aprendizaje no se da por decreto.
¿En qué se diferencian las fuerzas de antes a
las de ahora?
Antes, las fuerzas del Poder y del Contrapoder apelaban a lo Absoluto,
que es la apelación más irreal que puede haber cuando
se refieren a la vida. Estaban investidos de atributos divinos:
las fuerzas del Poder se consideraban intocables (atributo divino).
Las del contrapoder, se consideraban inevitables (otro atributo
divino). La diferencia estriba en que hoy, todos, con más
o menos calambres, están aceptando la Relatividad, que es
un atributo humano. Todo es ajustable, un proceso sin fin, nunca
tengo nada para siempre, ni dejo de tenerlo para siempre, salvo
que demuestre una incapacidad total para la competencia.
Eso es un cambio radical y no sólo en el plano teórico.
Unos decían antes que no debe cambiar nada, porque si cambia,
todo se acaba. Y otros, que tenía que cambiar todo, porque
de lo contrario no había salida. De eso a eliminar al adversario,
hay sólo un paso. Es una especie de guerra religiosa sin
ideario religioso.
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