Miércoles 9 de mayo de 2001


Fallece el historiador Jorge Lardé y Larín

Desde ayer al mediodía, la historiografía salvadoreña la pérdida de uno de sus más preclaros investigadores. Ha fallecido el profesor Jorge Lardé y Larín, uno de los salvadoreños que más hurgó y se adentro en el conocimiento de los hechos y personajes del pasado salvadoreño, al grado de dejar escritas y publicadas más de treinta libros y miles de artículos periodísticos.

Pedro Escalante Arce/Carlos Cañas-Dinarte
El Diario de Hoy

Víctima de un síncope cardíaco falleció, en su residencia de los Planes de Renderos, el profesor y doctor honoris causa Jorge Lardé y Larín, decano de los historiadores nacionales y director emérito de la Academia Salvadoreña de la Historia.

Desde los quince años de edad, Lardé y Larín se convirtió en un sinónimo de historia, de escritor tenaz e insistente, de investigador infatigable y minucioso. La deuda que tiene el país con él es inconmensurable, pues se constituyó en el historiador que más trabajó por la divulgación del pasado nacional y el que con mayor entusiasmo puso la historia salvadoreña al alcance de todos sus connacionales.

Con su trabajo académico y divulgativo, el profesor Lardé y Larín inauguró lo que ahora es ya una realidad: el interés creciente por los estudios históricos en El Salvador, que no sin esfuerzo se han ido abriendo campo y cimentando en el mundo cultural local.

Una vida para la Historia

Jorge Lardé y Larín nació en la ciudad de Santa Ana, el 31 de diciembre de 1920. Fue hijo del matrimonio entre el sabio científico franco-salvadoreño Jorge Lardé y Arthés (1891-1928) y la abnegada y laureada maestra Benigna Larín Cea (1897-1991), originaria de Juayúa. Realizó sus estudios de bachillerato en el Instituto Nacional "Francisco Menéndez" y cursó tres años de cursos regulares en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador.

Desde muy joven comenzó a darle expresión literaria a sus afanes por el terreno de la musa Clío: la Historia. A los quince años, en la revista "A.D.E.I.N." (Asociación de Estudiantes del Instituto Nacional, 1936), que en muy pocos números publicaron los alumnos de ese centro nacional de estudios, Lardé y Larín dio a conocer los tres primeros escritos suyos que fueron impresos.

Al año siguiente, el periodista Napoleón Viera Altamirano se dio cuenta de la calidad intelectual del mozalbete y la promesa que su pluma significaba, por lo que decidió incluir en "El Diario de Hoy" el artículo primigenio de su carrera periodística de divulgación histórica de don Jorge. Con el título de "Acíhuat: la mujer de las aguas" apareció una leyenda, inmersa en las páginas del 11 de mayo de 1937. El 10 de septiembre de ese mismo año, comenzó a firmar como Jorge Lardé y Larín, con el cual daba fin al Jorge Lardé h. y al Larderín, con el que alguna vez firmó escritos suyos en el periódico "La tribuna", impulsado por el agudo espíritu festivo y romántico del poeta guatemalteco Manuel José Arce y Valladares.

Entre 1937 y 1993, publicó en "El Diario de Hoy" una enorme y variada cantidad de artículos sobre temas de historia, geología, lingüística, toponimia y arqueología de El Salvador y Centro América, la que en la actualidad está siendo recopilada y sistematizada por el joven investigador Carlos Cañas-Dinarte, coautor de estas líneas.

Jefe de información de "La tribuna" (1946-1948), redactor de "Diario Latino" y colaborador de otras publicaciones periódicas nacionales y extranjeras, don Jorge fue siempre un periodista y escritor combativo y audaz en sus planteamientos, los que dejó entrever en sus recordadas polémicas con otros intelectuales de su época, como el historiador y antropólogo Tomás Fidias Jiménez y el médico y escritor Alberto Rivas Bonilla.

Con sus respectivos aportes a la historiografía nacional, Rodolfo Barón Castro y Jorge Lardé y Larín son los iniciadores de la nueva etapa de la escuela histórica salvadoreña, pasado el período de las crónicas republicanas, de los recuerdos de la sociedad y la política, los comentarios patrióticos y los primigenios pasos de la investigación. Ambos abrieron el período del documento, de la prueba fehaciente, de la fascinante paleografía, del análisis, el pensamiento crítico y la reflexión, en los que algunos otros habían ya incursionado de formas separadas, conforme a sus tiempos y circunstancias.

Además de su pertenencia a diversas instituciones cívicas del país, Lardé y Larín se destacó por el puesto distinguido que ocupara en la Academia Salvadoreña de la Historia desde el 5 de enero de 1952, cuando fue como Académico de Número. Tras fungir como prosecretario (1955) y tesorero (1960), a partir del 12 de noviembre de 1983 fue nombrado director perpetuo de esta institución correspondiente de la Real Academia de la Historia de España, con sede en Madrid.

Además, a lo largo de su vida fue designado como Académico de Número de la Academia Salvadoreña de la Lengua y miembro de número, honorario y correspondiente de otras destacadas corporaciones científicas de Centro América, México y España.

De las aulas a la gloria

Con su título de bachiller en la mano, se dedicó al magisterio desde 1941 hasta 1991. Ejerció esta noble tarea social en diferentes centros educativos, como la Escuela Normal Superior y los colegios privados García Flamenco, Bautista, Salvadoreño Alemán y Nuevo Liceo Centroamericano. También fungió como profesor auxiliar de Historia Universal en la Facultad de Economía de la Universidad.

Por su espíritu de servicio en la enseñanza, el mejor título que puede asignarse a Lardé y Larín es el de Profesor, con el que ojalá las generaciones venideras lo recuerden siempre.

Por sus conocimientos y su entrega al trabajo en pro de la historia patria, desempeñó varios cargos en la administración pública, tales como la Dirección del Museo Nacional "David J. Guzmán" (1949-1956), la Subsecretaría del otrora Ministerio de Cultura (1956-1960) y Encargado del Despacho, en tiempos del Presidente José María Lemus. También fue diputado por San Salvador en la Asamblea Legislativa (1956). En el Ministerio de Relaciones Exteriores, ocupó el puesto de Asesor Histórico en la Dirección General de Límites (1978-1992).

Su profusa labor intelectual y magisterial mereció múltiples reconocimientos, plasmados en medallas de oro y diplomas de reconocimiento. De entre todos ellos, se destacan el Premio Nacional de Cultura, en la rama de Ciencias (1982), el Laurel de Oro "Ancalmo" (1991), el Premio de Cultura "Antonia Portillo de Galindo" (1992), el Premio al Mérito Cívico, entregado por el Instituto Sanmartiniano Salvadoreño (5 de noviembre de 1999) y el nombramiento como director emérito de la Academia Salvadoreña de la Historia (2000). Pero el mejor galardón en su vida de hombre de bien fue, sin lugar a dudas, su hogar, compuesto por su hoy viuda, Lilia González de Lardé, y su hijo Gerardo, con quienes vivió largos y productivos años en su Villa "Lilia", en las alturas de los Planes de Renderos.

Extensa escritura

La producción bibliográfica que el profesor Lardé y Larín lega a El Salvador es extensa y rebosante de invaluables aportes a la historia patria, a la cual contribuyó con los mejores condimentos de la paciencia y el buen tino, la animosidad y la permanencia.

Treinta y dos obras le fueron publicadas en vida, aunque hay otras inéditas, a la espera de un editor póstumo.

Entre las impresas se encuentran "Arce en el proceso de la independencia" (1948), "Génesis del volcán de Izalco" (1949), "Orígenes de la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate" (1950), " Orígenes de San Miguel de la Frontera" (1950), "Orígenes del convento de Santo Domingo de San Salvador" (1950), "Paleontología salvadoreña" (1950), "Orígenes del periodismo en El Salvador" (1950), "Recopilación de leyes relativas a la historia de los municipios de El Salvador" (1950), "Geología salvadoreña" (1952), "El acta de independencia de Centro América" (1953), "Monografías históricas del departamento de Santa Ana" (1955), "Isidro Menéndez" (1958), "Guía histórica de El Salvador" (1958), "Himnología nacional de El Salvador" (1953), "José Simeón Cañas, viroleño ilustre" (1956), "Ramón Belloso" (1957), "La estela de Tazumal" (1959), "El grito de La Merced" (1960), "Bolívar en El Salvador" (1972), "Manual de guía de turistas de El Salvador" (1972), "Orígenes de la Fuerza Armada de El Salvador" (1977), "España en El Salvador" (1977), "Historia de Centro América" (1981) y "Orígenes de Casa Presidencial" (1990).

Para la historia salvadoreña, son fundamentales sus libros "El Salvador. Historia de sus pueblos, villas y ciudades" (1957), así como los tres volúmenes de la "Toponimia autóctona de El Salvador", que fueron impresos entre 1975 y 1977.

Varias de sus últimas obras fueron producto de recopilaciones que hizo de los artículos que aparecieron en su gustada sección "De vulgarización", inserta en las páginas editoriales de "El Diario de Hoy".

Ochenta de estos escritos, publicados entre 1977 y 1978, dieron forma al libro "El Salvador: inundaciones e incendios, erupciones y terremotos" (1978). Compañero de este apasionante texto es "El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización" (1983), un erudito y enciclopédico conjunto de escritos sobre el descubrimiento del litoral salvadoreño por el piloto mayor Andrés Niño (1522), todo el ciclo conquistador -desde el dramático viaje de Pedro de Alvarado de 1524 por las comarcas nahuas de los Izalcos y Cuzcatán, la fundación de la primera villa de San Salvador en 1525 y los conflictos bélicos de los capitanes ibéricos- hasta la consolidación administrativa, política, religiosa y lingüística de la monarquía católica en estos parajes centroamericanos.

El paso de Jorge Lardé y Larín por la vida salvadoreña fue un honor nacional y una profunda satisfacción para la historia centroamericana. No solo fue un amigo, sino un maestro que, en los últimos años de su existencia, pudo sentarse a contemplar y disfrutar los frutos logrados en una vida dedicada a la historia y a la mayor dignificación de esta tierra.

¡Paz a sus restos mortales y loor a su memoria esclarecida! ¡Que su obra sea recogida por el pueblo salvadoreño, para que su nombre en la memoria de todos y sobreviva al paso de los años y a los embates del olvido!

DESTACADO: Por su entrega a las labores históricas y de la enseñanza, el mejor título que puede asignarse a Jorge Lardé y Larín es el de Profesor, con el que ojalá las generaciones venideras de salvadoreños lo recuerden siempre.


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