Fallece el
historiador Jorge Lardé y
Larín
Desde ayer al mediodía, la
historiografía salvadoreña la
pérdida de uno de sus más
preclaros investigadores. Ha fallecido el
profesor Jorge Lardé y Larín, uno
de los salvadoreños que más
hurgó y se adentro en el conocimiento de
los hechos y personajes del pasado
salvadoreño, al grado de dejar escritas y
publicadas más de treinta libros y miles
de artículos
periodísticos.
- Pedro
Escalante Arce/Carlos
Cañas-Dinarte
- El Diario
de Hoy
Víctima
de un síncope cardíaco
falleció, en su residencia de los Planes
de Renderos, el profesor y doctor honoris causa
Jorge Lardé y Larín, decano de los
historiadores nacionales y director
emérito de la Academia Salvadoreña
de la Historia.
Desde los quince años de edad,
Lardé y Larín se convirtió
en un sinónimo de historia, de escritor
tenaz e insistente, de investigador infatigable
y minucioso. La deuda que tiene el país
con él es inconmensurable, pues se
constituyó en el historiador que
más trabajó por la
divulgación del pasado nacional y el que
con mayor entusiasmo puso la historia
salvadoreña al alcance de todos sus
connacionales.
Con su trabajo académico y
divulgativo, el profesor Lardé y
Larín inauguró lo que ahora es ya
una realidad: el interés creciente por
los estudios históricos en El Salvador,
que no sin esfuerzo se han ido abriendo campo y
cimentando en el mundo cultural local.
Una vida para la Historia
Jorge Lardé y Larín
nació en la ciudad de Santa Ana, el 31 de
diciembre de 1920. Fue hijo del matrimonio entre
el sabio científico
franco-salvadoreño Jorge Lardé y
Arthés (1891-1928) y la abnegada y
laureada maestra Benigna Larín Cea
(1897-1991), originaria de Juayúa.
Realizó sus estudios de bachillerato en
el Instituto Nacional "Francisco
Menéndez" y cursó tres años
de cursos regulares en la Facultad de
Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la
Universidad de El Salvador.
Desde muy joven comenzó a darle
expresión literaria a sus afanes por el
terreno de la musa Clío: la Historia. A
los quince años, en la revista
"A.D.E.I.N." (Asociación de Estudiantes
del Instituto Nacional, 1936), que en muy pocos
números publicaron los alumnos de ese
centro nacional de estudios, Lardé y
Larín dio a conocer los tres primeros
escritos suyos que fueron impresos.
Al año siguiente, el periodista
Napoleón Viera Altamirano se dio cuenta
de la calidad intelectual del mozalbete y la
promesa que su pluma significaba, por lo que
decidió incluir en "El Diario de Hoy" el
artículo primigenio de su carrera
periodística de divulgación
histórica de don Jorge. Con el
título de "Acíhuat: la mujer de
las aguas" apareció una leyenda, inmersa
en las páginas del 11 de mayo de 1937. El
10 de septiembre de ese mismo año,
comenzó a firmar como Jorge Lardé
y Larín, con el cual daba fin al Jorge
Lardé h. y al Larderín, con el que
alguna vez firmó escritos suyos en el
periódico "La tribuna", impulsado por el
agudo espíritu festivo y romántico
del poeta guatemalteco Manuel José Arce y
Valladares.
Entre 1937 y 1993, publicó en "El
Diario de Hoy" una enorme y variada cantidad de
artículos sobre temas de historia,
geología, lingüística,
toponimia y arqueología de El Salvador y
Centro América, la que en la actualidad
está siendo recopilada y sistematizada
por el joven investigador Carlos
Cañas-Dinarte, coautor de estas
líneas.
Jefe
de información de "La tribuna"
(1946-1948), redactor de "Diario Latino" y
colaborador de otras publicaciones
periódicas nacionales y extranjeras, don
Jorge fue siempre un periodista y escritor
combativo y audaz en sus planteamientos, los que
dejó entrever en sus recordadas
polémicas con otros intelectuales de su
época, como el historiador y
antropólogo Tomás Fidias
Jiménez y el médico y escritor
Alberto Rivas Bonilla.
Con sus respectivos aportes a la
historiografía nacional, Rodolfo
Barón Castro y Jorge Lardé y
Larín son los iniciadores de la nueva
etapa de la escuela histórica
salvadoreña, pasado el período de
las crónicas republicanas, de los
recuerdos de la sociedad y la política,
los comentarios patrióticos y los
primigenios pasos de la investigación.
Ambos abrieron el período del documento,
de la prueba fehaciente, de la fascinante
paleografía, del análisis, el
pensamiento crítico y la
reflexión, en los que algunos otros
habían ya incursionado de formas
separadas, conforme a sus tiempos y
circunstancias.
Además de su pertenencia a diversas
instituciones cívicas del país,
Lardé y Larín se destacó
por el puesto distinguido que ocupara en la
Academia Salvadoreña de la Historia desde
el 5 de enero de 1952, cuando fue como
Académico de Número. Tras fungir
como prosecretario (1955) y tesorero (1960), a
partir del 12 de noviembre de 1983 fue nombrado
director perpetuo de esta institución
correspondiente de la Real Academia de la
Historia de España, con sede en
Madrid.
Además, a lo largo de su vida fue
designado como Académico de Número
de la Academia Salvadoreña de la Lengua y
miembro de número, honorario y
correspondiente de otras destacadas
corporaciones científicas de Centro
América, México y
España.
De las aulas a la gloria
Con su título de bachiller en la mano,
se dedicó al magisterio desde 1941 hasta
1991. Ejerció esta noble tarea social en
diferentes centros educativos, como la Escuela
Normal Superior y los colegios privados
García Flamenco, Bautista,
Salvadoreño Alemán y Nuevo Liceo
Centroamericano. También fungió
como profesor auxiliar de Historia Universal en
la Facultad de Economía de la
Universidad.
Por su espíritu de servicio en la
enseñanza, el mejor título que
puede asignarse a Lardé y Larín es
el de Profesor, con el que ojalá las
generaciones venideras lo recuerden siempre.
Por sus conocimientos y su entrega al trabajo
en pro de la historia patria,
desempeñó varios cargos en la
administración pública, tales como
la Dirección del Museo Nacional "David J.
Guzmán" (1949-1956), la
Subsecretaría del otrora Ministerio de
Cultura (1956-1960) y Encargado del Despacho, en
tiempos del Presidente José María
Lemus. También fue diputado por San
Salvador en la Asamblea Legislativa (1956). En
el Ministerio de Relaciones Exteriores,
ocupó el puesto de Asesor
Histórico en la Dirección General
de Límites (1978-1992).
Su profusa labor intelectual y magisterial
mereció múltiples reconocimientos,
plasmados en medallas de oro y diplomas de
reconocimiento. De entre todos ellos, se
destacan el Premio Nacional de Cultura, en la
rama de Ciencias (1982), el Laurel de Oro
"Ancalmo" (1991), el Premio de Cultura "Antonia
Portillo de Galindo" (1992), el Premio al
Mérito Cívico, entregado por el
Instituto Sanmartiniano Salvadoreño (5 de
noviembre de 1999) y el nombramiento como
director emérito de la Academia
Salvadoreña de la Historia (2000). Pero
el mejor galardón en su vida de hombre de
bien fue, sin lugar a dudas, su hogar, compuesto
por su hoy viuda, Lilia González de
Lardé, y su hijo Gerardo, con quienes
vivió largos y productivos años en
su Villa "Lilia", en las alturas de los Planes
de Renderos.
Extensa escritura
La producción bibliográfica que
el profesor Lardé y Larín lega a
El Salvador es extensa y rebosante de
invaluables aportes a la historia patria, a la
cual contribuyó con los mejores
condimentos de la paciencia y el buen tino, la
animosidad y la permanencia.
Treinta y dos obras le fueron publicadas en
vida, aunque hay otras inéditas, a la
espera de un editor póstumo.
Entre
las impresas se encuentran "Arce en el proceso
de la independencia" (1948), "Génesis del
volcán de Izalco" (1949),
"Orígenes de la villa de la
Santísima Trinidad de Sonsonate" (1950),
" Orígenes de San Miguel de la Frontera"
(1950), "Orígenes del convento de Santo
Domingo de San Salvador" (1950),
"Paleontología salvadoreña"
(1950), "Orígenes del periodismo en El
Salvador" (1950), "Recopilación de leyes
relativas a la historia de los municipios de El
Salvador" (1950), "Geología
salvadoreña" (1952), "El acta de
independencia de Centro América" (1953),
"Monografías históricas del
departamento de Santa Ana" (1955), "Isidro
Menéndez" (1958), "Guía
histórica de El Salvador" (1958),
"Himnología nacional de El Salvador"
(1953), "José Simeón Cañas,
viroleño ilustre" (1956), "Ramón
Belloso" (1957), "La estela de Tazumal" (1959),
"El grito de La Merced" (1960), "Bolívar
en El Salvador" (1972), "Manual de guía
de turistas de El Salvador" (1972),
"Orígenes de la Fuerza Armada de El
Salvador" (1977), "España en El Salvador"
(1977), "Historia de Centro América"
(1981) y "Orígenes de Casa Presidencial"
(1990).
Para la historia salvadoreña, son
fundamentales sus libros "El Salvador. Historia
de sus pueblos, villas y ciudades" (1957),
así como los tres volúmenes de la
"Toponimia autóctona de El Salvador", que
fueron impresos entre 1975 y 1977.
Varias de sus últimas obras fueron
producto de recopilaciones que hizo de los
artículos que aparecieron en su gustada
sección "De vulgarización",
inserta en las páginas editoriales de "El
Diario de Hoy".
Ochenta de estos escritos, publicados entre
1977 y 1978, dieron forma al libro "El Salvador:
inundaciones e incendios, erupciones y
terremotos" (1978). Compañero de este
apasionante texto es "El Salvador:
descubrimiento, conquista y colonización"
(1983), un erudito y enciclopédico
conjunto de escritos sobre el descubrimiento del
litoral salvadoreño por el piloto mayor
Andrés Niño (1522), todo el ciclo
conquistador -desde el dramático viaje de
Pedro de Alvarado de 1524 por las comarcas
nahuas de los Izalcos y Cuzcatán, la
fundación de la primera villa de San
Salvador en 1525 y los conflictos bélicos
de los capitanes ibéricos- hasta la
consolidación administrativa,
política, religiosa y
lingüística de la monarquía
católica en estos parajes
centroamericanos.
El paso de Jorge Lardé y Larín
por la vida salvadoreña fue un honor
nacional y una profunda satisfacción para
la historia centroamericana. No solo fue un
amigo, sino un maestro que, en los
últimos años de su existencia,
pudo sentarse a contemplar y disfrutar los
frutos logrados en una vida dedicada a la
historia y a la mayor dignificación de
esta tierra.
¡Paz a sus restos mortales y loor a su
memoria esclarecida! ¡Que su obra sea
recogida por el pueblo salvadoreño, para
que su nombre en la memoria de todos y sobreviva
al paso de los años y a los embates del
olvido!
DESTACADO: Por su entrega a las labores
históricas y de la enseñanza, el
mejor título que puede asignarse a Jorge
Lardé y Larín es el de Profesor,
con el que ojalá las generaciones
venideras de salvadoreños lo recuerden
siempre.