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Revive el “Faro del Pacifico”

La ruta del fuego nuevo llegó hasta el cráter del Volcán de Izalco y le devolvió el brillo con una erupción de estrellas.

William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

La antorcha que porta el “Fuego Nuevo” de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe, la cual recorre todo el país, arribó a el departamento de Sonsonate. Foto EDH / Gustavo Rico

La antorcha que porta el “Fuego Nuevo” de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe, la cual recorre todo el país, arribó a el departamento de Sonsonate.

En el desvío al Cerro Verde la antorcha tomó dos rumbos: Uno hacia la cabecera departamental de Sonsonate y el otro hacia el Volcán de Izalco, conocido de antaño como “El faro del Pacífico”.

Los encargados de hacer llegar el “fuego nuevo” fueron nueve atletas de la Federación de Montañismo y Escalada: Claudia Blanco, René Ascensio, Oscar Castellón, Mauricio Morales, Tono Bran, Irma Romero, Melvin Yanez, Cristian Martínez y Maro Contreras, quienes eligieron ascender por la ruta más extrema para llegar a la cúspide. Sin duda, la etapa más fuerte en el recorrido de la antorcha.

Una vez reunidos en la zona de descenso a la base del volcán, conocida como “El sendero de las mil gradas”, iniciaron las indicaciones. Uno de los que más insistía en la seguridad fue Juan Carlos Guzmán, profesor del tercer año de Mecánica Industrial del Instituto Técnico Industrial (ITI), quien acompañó a diez jóvenes alumnos que también pertenecen a las Brigadas de Montañismo y Escalada.

Finalizadas las recomendaciones del caso, se inició el descenso del cerro para llegar al pie del cono. Conforme se avanzaba, alguien preguntó: “¿Por qué le pusieron las mil gradas, si tiene más?”. La respuesta fue inmediata: “Porque sólo mil alcanzás a contar”.

Veinte minutos después de la “trotada”, frente a nosotros apareció “el coloso dormido”, con una altura de 1,870 metros sobre el nivel del mar. Se inició el ascenso. La antorcha abría el camino en las manos de Tono Bran, que la empezó a rotar entre sus compañeros

Feliz cumbre

Cuarenta minutos después, los primeros montañistas llegaban al cráter, mientras los técnicos en pirotecnia preparaban una lluvia de luces que crearían la sensación de que el Izalco había revivido. “Las distancias nos separan, pero las montañas nos unen”, murmuró Cristian Martínez.
La baja temperatura y los vientos de más de 70 kilómetros no impidieron que los juegos de luces emocionaran a los más de veinticinco presentes, mientras en oriente la luna llena crecía enorme conforme el fuego de la antorcha se extinguía.

Luego vino el descenso, a través del sendero conocido como “El tobogán”, para luego retornar a través de las gradas hacia Cerro Verde. El camino se volvía más difícil, el cansancio y el frío empezaba a complicar a los inexpertos, que recibían el apoyo de los montañistas y los policías en la etapa final del recorrido.

Una vez de vuelta en Cerro Verde, la antorcha, cansada de iluminar el Pacífico y ya sin óleo, era devuelta a Sonsonate, donde pasaría la noche, mientras los montañistas ya pensaban en su próximo reto en las cumbres.

Etapa Izalco en números

9 Los atletas de la Federación de Montañismo que participaron en el ascenso.
1 Periodista radial que se sumó a la jornada, de la Emisora Radio Impacto, de Sonsonate
11 La delegación del Instituto Técnico Industrial
1,870 Metros sobre el nivel del mar, la altura del Izalco

 
 

 
     


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