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Platas es de oro

Entrevista con Fernando Platas, el mexicano ganador de la medalla plateada en Sydney 2000 en clavados. No pudo competir en Maracaibo 98 porque las pruebas se suspendieron. Ahora quiere revancha.

CLAUDIO MARTÍNEZ/ENVIADO EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Con veinte años de experiencia, Platas llegará a El Salvador para exhibir toda su jerarquía. Una medalla olímpica avala su trayectoria.
Foto EDH / Nelson Dueñas

Sin ser un personaje famoso, la medalla plateada conseguida en Sydney 2000 le dio un plus de popularidad que lo separa de el resto de sus colegas.

Cada vez que ingresa al Comité Olímpico Mexicano, donde está ubicada la piscina de clavados en la que entrena diariamente durante cinco horas, ve su nombre reluciente en un muro donde sólo aparecen los deportistas mexicanos que han logrado una medalla olímpica. Fernando Platas pertenece a ese selecto grupo.

No lo persiguen cazadores de autógrafos ni lo paran en la calle para sacarse fotos con él. Pero al menos su nombre impone cierta reverencia. Atrás quedaron los tiempos de anonimato, cuando era un becario más y hasta se lo confundían con otro deportista. “Era curioso. Cuando iba a cobrar el cheque de la beca me daban el de Telésforo Pineda, un gimnasta. Y a él le daban el mío. Me hubiera gustado que él cobrara más dinero, pero lamentablemente los dos cheques tenían el mismo valor”, bromea. Cada frase la acompaña con una sonrisa.

Sólo retoma la seriedad cuando vuelve al trampolín, donde necesita la concentración suficiente para perfeccionar su rutina de los tres metros. No obstante, interrumpió sus prácticas para hablar con El Diario de Hoy.

EDH: -Los clavados estaban en duda. ¿Sufriste? ¿Pensaste que no se iban a disputar?

FP: No nos correspondía a nosotros pensar si se iban a hacer o no. Había que entrenar, estar listos como si nada ocurriese y luego ver. De lo contrario llegaba el tiempo de las vacaciones. Pero la verdad es que me preocupó porque ya había ocurrido en Maracaibo, donde no se pudo competir.

EDH: Has estado alguna vez en El Salvador?


FP: -No, nunca estuve. Y estoy ansioso por estar allá. Me dijeron que la gente es muy cálida... Es mi vuelta a los Centroamericanos y del Caribe, donde gané tres oros en 1990 y dos platas y un bronce en 1994.

-¿Ahora no sirve otra cosa que el oro?

FP: -Yo quiero el oro, pero nunca es fácil lograrlo. México es una potencia en la región pero hay que ir y demostrarlo. Nadie gana nada sólo por sus antecedentes. Se necesita mucha disciclpina, tengo 20 años haciendo esto. Es un deporte con mucha tradición olímpica en nuestro país y ahora nos toca cargar esa responsabilidad.

-En Sydney ganaste plata pero estuviste muy cerca de la de oro. ¿Fue una alegría o una frustración?
-Perdí la de oro por 30 centésimas. Se definió en el último salto. Pero yo lo considero excelente. No pienso en lo que pudo haber pasado, ya tendré revancha. El sueño continúa y llegaré a los próximos Juegos Olímpicos con la edad y la madurez justa.

Mientras repite una y otra vez cada salto, por lo menos cinco personas monitorean su rendimiento. Casi al borde de la piscina hay una pantalla de televisor que reitera el salto para detectar los posibles errores.
Ahí la voz de mando la tiene Jorge Rueda, experimentado entrenador del equipo de clavados que tuvo participación en casi todas las medallas olímpicas en esa disciplina que obtuvo México en su historia. Platas es su último logro.

A su lado, otro que aporta sus conocimientos es Stefan Marinov, un simpático búlgaro -ex gimnasta- que se encarga de la preparación física y que asegura haber sido compañero de facultad de Hristo Stoichkov, auqel irascible y talentoso jugador del Barcelona, en la Academia Deportiva de Sofía.
Sin embargo, cuando Marinov se levanta para dar una indicación es imposible no relacionar su precaria versión del idioma español a la de Bora Milutinovic. Platas, que es hincha fanático de las Chivas de Guadalajara, escucha, asiente y continúa.

-¿Es cierto que empezaste en esto de casualidad?

FP: Casualidad total. Yo hacía todos los deportes, pero ninguno demasiado bien. Primero fútbol, luego gimnasia, natación, waterpolo... Los practicaba una semana y adiós. Y no sé por qué, pero cuando empecé a practicar clavados, a los 9 años, me di cuenta que era lo que quería.

-¿Quién te impulsó?

-Mi papá me llevaba a tomar clases. El insitía en que tenía que hacer deporte y yo los abandonaba. Entonces probaba con otro. Él nunca hizo deportes, quiso pero no pudo. Mi padre tiene un negocio de herramientas primarias, vende tornillos, tuercas... Incluso alguna vez yo trabajé con él, pero no era de mi agrado atender clientes.

-Has recorrido el mundo con los clavados, ¿cuál es la ciudad que más te impactó?

-Después de México, diría Tokio, Praga y Pekín. En realidad me gustan todas las ciudades asiáticas, yo creo que es por la diferencias que tienen respecto de nuestra cultura.

-¿Se puede vivir de lo que hacés?

-No, no se puede vivir sólo de esto. Uno lo hace por pasión. Yo estudié para ser Licenciado en adminstración de empresas y ya tengo el título, pero es imposible compatibilizar las dos cosas. Como tengo una beca y hay patrocionadores que me apoyan estoy bien, aunque puedo ahorrar muy poco. Pero el dinero no importa mucho ahora. Además sé que cuando deje de competir y tenga que ponerme a trabajar no voy a arrancar de cero.

 
 

 
     


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