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El fuego mágico

Jorge “el Mágico” González fue uno de los protagonistas centrales de la fiesta. El Diario de Hoy lo acompañó desde muy temprano
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Julian Mansilla
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Mágico y la antorcha de los Juegos. Una postal de lo más importante del deporte salvadoreño. .
Foto EDH

El tumulto de los autobuses parece lejano, a pesar de que explota a pocos metros de la sala. Apenas han pasado las ocho de la mañana y Jorge “el Mágico” González promete apurar una ducha antes de partir hacia el estadio Flor Blanca. Es poca la luz que logra atravesar las cortinas rojas.

Detrás del inmenso televisor JVC, dos recuerdos se acomodan contra la pared: un afiche con el histórico equipo femenino de Estados Unidos, campeón del mundo, y una placa con historia: la CA-1620-AD, del viejo y querido VW Golf GTI que compró en sus tiempos en España, que trajo a El Salvador y que, después de una y mil multas, decidió patentar aquí. Pero conservó el recuerdo.

En la pared opuesta, la imagen de The Beatles.
“Llega el fuego”, dice sonriendo. Y repite el rito tradicional: acomodarse los rizos. Después del susto que lo llevó al hospital, “Mágico” volvió a encontrarse con la gente. Y comprobó que el vínculo sigue intacto. En la ceremonia que, de algún modo, comenzó a levantar la temperatura de los Juegos, Mágico fue uno de los grandes protagonistas.

Antes de la despedida, llega Victoria, su madre. Es ella la protagonista del primer recuerdo que se dispara en cuanto llega al estadio Flor Blanca: “Ella me traía a ver fútbol cuando yo era niño.

Y en estas tribunas disfruté a mis primeros ídolos. En este estadio yo me enamoré del fútbol”, dice Mágico, entre los innumerables saludos y pedidos de autógrafos. Siempre cálido, siempre dispuesto a la charla, Jorge se enfrenta a Gilberto Andrés, un chico que lo admira pero que no puede superar le enorme timidez que le provoca su ídolo: “Debes estudiar mucho y jugar como quieras. No tienes que pensar en ser mejor o peor que yo, simplemente debes ser original”.

Pocos minutos después se encuentra con Gustavo Manzur y Jorge Jiménez, los hombres que completaron junto a él el primer recorrido de la antorcha. Les preguntó por sus chances y dejó una intención para los próximos días: “Quiero estar cerca de los deportistas, ir a ver muchas competencias”. El estadio se va colmando y para Jorge llega la hora de cambiarse: deja el pantalón corto azul y la camiseta blanca y se calza el uniforme salvadoreño. Se acercaba el momento...

Mágico cuenta que ya se siente mejor, que el dolor le está dando un respiro. Y lo prueba en su rostro: “Había prometido que, en cuanto me sientiera mejor, me iba a afeitar. Y cumplí”. Y para el futuro, tiene varios proyectos. El 13 de marzo, el día de su próximo cumpleaños, recibirá el partido homenaje que se merece, con grandes futbolistas de todas partes del mundo. “Yo sueño con que venga Diego. No sé si está en condiciones de jugar, pero yo me conformo con que venga, con tenerlo aquí”.

Unos minutos más tarde, le llega el turno de saltar a escena. Elevó la antorcha, caminó rodeado de fotógrafos y apenas pudo contener la emoción cuando entregó el fuego: “La verdad es que estoy muy emocionado. Esto es como haber vuelto a jugar en la selección”.

Mágico supo ayer que llevará en sus manos el fuego centroamericano y del Caribe el viernes 22, alrededor de El Salvador del Mundo, en el final del recorrido. “Antes era más retraído, me cuidaba más. Pero ahora cambié y siento que necesito estar cerca de los que me quieren”. Y fue eso, precisamente, lo que hizo ayer. El fuego le sirvió como excusa para comprobar que el cariño por él sobrevive al paso del tiempo.

 
 

 
     


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