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Extorsiones vuelven Pueblos Vivos en "pueblos muertos"

Negocios situados en municipios como Suchitoto son amenazados por pandillas

Suchitoto es uno de los pueblos vivos en el que sus comerciantes aseguran que el flujo de turistas ha mermado por el temor a los pandilleros. Foto EDH/ archivo

Suchitoto es uno de los pueblos vivos en el que sus comerciantes aseguran que el flujo de turistas ha mermado por el temor a los pandilleros. Foto EDH/...

Suchitoto es uno de los pueblos vivos en el que sus comerciantes aseguran que el flujo de turistas ha mermado por el temor a los pandilleros. Foto EDH/ archivo

Suchitoto y otras ciudades turísticas del país están transformándose de Pueblos Vivos a "pueblos muertos" debido al asedio que las pandillas ejercen sobre pequeños empresarios propietarios de hoteles, hostales y restaurantes, además del temor que generan los asesinatos que ocurren en sus alrededores.

Las extorsiones, los asesinatos y la delincuencia están ahuyentando a los turistas locales y mucho más a los extranjeros que, de por sí, son pocos.

La reciente masacre ocurrida en el cantón La Bermuda, en el municipio de Suchitoto es, para una empresaria local, la muestra en lo que se ha convertido esta ciudad colonial.

Como dueña de un hostal, asegura que ha recibido llamadas amenazantes de pandilleros que les exigen "colaborar" con ellos si quieren que sus negocios se mantengan abiertos.

"El turismo local ha bajado un 60 % y el extranjero en un 40 %. La gente tiene miedo de venir y quedarse durante la noche en uno de los hostales", declaró la empresaria, quien asegura que otros de sus colegas están en igual situación.

"A este lugar ya no se le puede llamar pueblo vivo, sino pueblo muerto", continuó la empresaria.

En diciembre del año pasado también ocurrió otro doble asesinato en Jayaque, considerado uno de los pueblos turísticos más coloridos del país.

En este último caso, los fallecidos eran supuestos pandilleros que querían asaltar al propietario de una tienda en el parque de esa ciudad.

En igual situación están otras ciudades que viven del turismo, confirmó el vicepresidente de la Cámara Salvadoreña de Turismo (Casatur), Rafael Leret.

"Los pueblos vivos solo están en situación de subsistencia. "Así como en el resto del país, las extorsiones también afectan en estas ciudades ubicadas en todo el polo turístico", manifestó.

Leret no habla de pérdidas monetarias, pero sí está seguro de que muchos de estos negocios han tenido que cerrar porque sus ingresos no alcanzan para pagar sus costos de operación, sus empleados y, además, la cuota de extorsión de los pandilleros.

La presidenta de la Asociación de Pequeños Hoteles de El Salvador (Hopes), Cecilia Vega, indicó que después de la supuesta tregua entre pandillas, muchos de ellos han emigrado a municipios donde antes la delincuencia no era común.

Una empresaria de Suchitoto, quien pidió el anonimato, asegura que no ha cedido a las presiones de los pandilleros pero, a cambio, ha tenido que contratar más vigilancia y reforzar su perímetro para evitar cualquier ataque, lo que ha generado más costos para su pequeña empresa.

También han tenido que pedir a sus inquilinos no exponerse al peligro durante la noche y cuidar sus pertenencias.

No obstante, Leret manifiesta que los hechos criminales en estas ciudades están por debajo de la media nacional.

Politur no tiene alcance

La Policía de Turismo es la designada para cuidar de los visitantes locales y extranjeros en las zonas turísticas del país. Sin embargo, Leret asegura que su trabajo no tiene el suficiente alcance como para persuadir la amenaza de los pandilleros.

Por eso dice que se ha pedido formalmente a los principales candidatos a la Presidencia que conviertan a esta división en una subdirección, que dotaría de más autonomía a este grupo, y a especializarlos aún más en su trabajo. Y en general, a las autoridades de Seguridad, la Cámara ha insistido en que se combatan las extorsiones y se destine más inteligencia policial. El Diario de Hoy trató de contactar al jefe de esta división, pero no se obtuvo respuesta.

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