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Cambio climático nos hace más vulnerables a enfermedades renales

El nefrólogo Ramón García Trabanino ha estudiado las posibles causas de la epidemia de enfermedad renal. Un extenso estudio realizado con trabajadores de caña detectó posibles factores. 

Las duras condiciones labores, junto con las altas temperaturas, provocarían daño renal.

Las temperaturas cada vez más altas de la zona costera, combinadas con terribles condiciones laborales, podrían ser la causa detrás de la misteriosa epidemia de la enfermedad renal que cada año afecta a miles de salvadoreños. 

El nefrólogo salvadoreño, Ramón García-Trabanino, llevó a cabo en una investigación que se centró en los cortadores de caña de la zona costera y relacionó el daño renal con el aumento de las temperaturas. 

El estudio fue premiado como el mejor de los presentados durante el XIII Congreso Centroamericano y del Caribe de Nefrología e Hipertensión Arterial, así como el V Congreso Nacional de Nefrología, este año en Nicaragua. 

“Pudimos documentar que eso es una realidad. Todavía hay muchos escépticos del Cambio Climático. Logramos demostrar que las  condiciones en las que trabajan nuestra gente en el campo y la costa están fuera de todos los límites permitidos”, expuso García-Trabanino.

El nefrólogo, que participó en una observación diaria de las jornadas de los trabajadores, explicó que no importaba cuánta agua bebieran durante su jornada, el estrés térmico al que se exponían siempre les provocaba deshidratación.  

“Y cada año es más caliente, ya no importa cuánta agua tomen. Podría ser 12 litros de agua al día y aun así estarían deshidratados”, sostuvo el especialista. 

De hecho, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha pronosticado que este podría ser un año más caluroso para los salvadoreños, debido a los efectos del fenómeno de El Niño. 

Durante el 2015 se rompieron récord históricos de temperatura en diversas zonas del país, indicó el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN). 

San Vicente llegó a registrar una temperatura de 42 grados, algo inusual en la zona. 

El haber logrado encaminar la hipótesis del estrés térmico, por la temperatura, junto con las condiciones laborales como factores que provocan el grave daño renal es un paso muy importante para atender la epidemia.

Pero a la vez es preocupante, manifestó García-Trabanino. 

“Si se confirma la hipótesis va a ser una epidemia global”, expresó el médico, quien señaló que la situación implica que según aumentan las temperaturas, la epidemia podría ir afectando más y más a la población que vive en zonas altas, por encima de la costa.

“Significa que, de aquí a finales de siglo, la principal causa ya no va a ser la diabetes y la hipertensión, va a ser el calor. Cada año llueve menos, hay más sequía, menos fuentes de agua disponibles”, añadió.

Las más afectadas serían las personas que llevan a cabo duras jornadas laborales.

Las secuelas

“En los cañales quemados ya no importa cuánta agua tomen, se van a deshidratar”, sentenció García-Trabanino, sobre una de las labores que está más relacionada con la enfermedad renal: la corta de la caña. 

La investigación que presentó el médico, llamada “Estrés térmico, deshidratación y función renal en cortadores de caña de azúcar: Estudio pre y post jornada de trabajadores en riesgo de nefropatía mesoamericana”, detectó cómo las extenuantes condiciones laborales podrían estar relacionadas con la nefropatía mesoamericana. 

“Logramos encontrar las predicciones que se habían hecho. Estrés térmico extremo, deshidratación, daño en los riñones por fructosa y ácido úrico”, dijo. 

García-Trabanino, junto con 11 investigadores de diversas procedencias, trabajó en el estudio que  involucró a 189 cortadores de caña. 

Los trabajadores eran de tres zonas del país: de Suchitoto,  El Paisnal y San Luis Talpa, este último en la costa. 

García-Trabanino explicó que cada día tomaban muestras de los cortadores de caña antes de que ingresaran a trabajar y al final de la jornada. 

También calculaban la temperatura al inicio de la jornada, que solía ser entre 34 a 36°C antes del mediodía, y de 39 a 42 °C al mediodía. 

Los trabajadores no tomaban descansos en toda su jornada y el mediodía tendía a ser uno de los momentos más duros de su trabajo. 

En las muestras encontraron cristales de ácido úrico en la orina de la gente y daño renal agudo tan solo después de una jornada de trabajo.

“Entraban a las 5:00 y salían a las 3:00 con el ácido úrico y creatinina para arriba”, dijo García-Trabanino. 

Entre los grupos estudiados, el daño era más evidente para los trabajadores de la zona costera, donde la temperatura era más alta. 

El médico indicó que el ácido úrico normalmente es una enfermedad de personas acomodadas, relacionada con una alimentación abundante en carnes, langostas e incluso cervezas.

En cambio, los afectados de la zona costera a veces solo comen tortillas. 

Esto ocurre porque pierden la uricasa, la enzima que deshace el ácido úrico . Esto ocurre porque, cuando las personas se deshidratan, la orina se pone espesa y ácida. Además, las personas siguen trabajando. 

De esta forma tienden a formarse cristales, pues la orina es ácida y concentrada a la vez.   

“Eso pareciera ser que es lo que está dañando los túbulos de los riñones”, expuso el investigador.

Tras la pista de la epidemia

García-Trabanino lleva más de una década enfrentándose a la epidemia de Insuficiencia Renal Crónica (IRC)que cada día acaba con la vida de seis salvadoreños, según el médico. En sus años de estudiante y posterior especialización en medicina interna, el especialista fue testigo de una avalancha de pacientes renales que comenzaron a saturar al Hospital Rosales.

Entre 1999 y 2000, el fenómeno fue bautizado como la nefropatía del Bajo Lempa. 

La mayoría de los pacientes renales provenían de la zona del Bajo Lempa, en Usulután.

No era solo la cantidad de pacientes lo que llamó la atención de los médicos, sino que sus características se distanciaban del perfil tradicional del paciente renal. 

A escala mundial, el comportamiento establecido de la enfermedad renal es que afecta principalmente a personas mayores de edad, con padecimientos crónicos como la diabetes e hipertensión arterial que desencadenan el daño renal. 

En El Salvador, la mayoría de los pacientes son hombres jóvenes que no padecían ni diabetes, ni hipertensión renal, pero que llegan a desarrollar los estados más crónicos de la enfermedad renal.

De alguna forma la epidemia se desarrolló sin que se lograra comprobar cuál era el factor principal. 

Dichas características peculiares se destacaron desde entonces y se mantienen hasta la actualidad. 

García-Trabanino, quien luego se especializó en nefrología en España, ha sido parte de los médicos que se han dedicado a estudiar la enfermedad y sus posibles causas.

Con el paso de los años, diversas hipótesis han sido analizadas, como la relación de los agroquímicos o los metales pesados con el desarrollo de la enfermedad.

Pero mientras no se ha logrado determinar la causa, médicos e investigadores notaron que la epidemia se extendía por la región de Mesoamérica, presentando las mismas características. De esa forma pasó a llamarse la nefropatía de mesoamérica. 

El nefrólogo sostuvo que el afán de seguir investigando la enfermedad es para lograr encontrar una respuesta para las personas afectadas.

“Hay una masacre silenciosa, oculta por la falta de registros oficiales y por la violencia; la gente está más atenta a la violencia, a las enfermedades de brotes epidémicos como el dengue, chikunguña”, afirmó el médico.

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