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Sin palabras

Ya es un fenómeno global. El teléfono se usa para todo, menos para hablar… Los usuarios, especialmente los jóvenes, prefieren enviar mensajes de texto. Por eso se les llama La Generación Muda

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Suena paradójico pero es así. Cuanto más sofisticados son los aparatos telefónicos –y en la era de los smartphones cada vez lo son más–, menos se los utiliza para su función primaria: hacer un llamado. Su uso pasa más por la navegación online, para enviar mensajes de texto o dialogar de forma escrita a través de aplicaciones como el WhatsApp o Blackberry Messanger.

Según un informe de The Washington Post, en Estados Unidos no solo las personas hacen cada vez menos llamados, sino que, cuando los hacen, tienen conversaciones más cortas. La duración media de una llamada por celular se ha reducido de 2.38 minutos en 1993 a 1.81 minutos en 2009, confirma el periódico. Además, entre 2005 y 2009 en EE.UU. el número de mensajes de texto de diferentes tipos se disparó un 1.840 %.

En los últimos tres años, con el auge de varias plataformas de chat, ha ido creciendo. Solo a través del servicio de mensajería instantánea WhatsApp se envían unos cuatro mil millones de textos al día en el mundo. Este fenómeno global, que se manifiesta especialmente en los jóvenes, ha cambiado las reglas del juego y también los comportamientos de toda una franja demográfica a la que se le llama, por desapego por la comunicación oral, como "la generación muda".

La tendencia es muy similar en toda América, desde los Estados Unidos a Canadá hasta Argentina o Chile, pasando por México, Colombia o Panamá. Las llamadas son menos, más cortas, a diferencia de los MSM u otro tipo de diálogo a través de mensajes de texto que se han incrementado notablemente. Además, ya nadie deja mensajes de voz. Está comprobado que es más efectivo hacerlo mediante un mensaje escrito.

Números proporcionados por CTIA (la asociación que nuclea la industria de los servicios inalámbricos) indican que en el último año los mensajes de texto enviados por usuario se incrementaron en un 50%. Además, por primera vez la cantidad de datos enviados por texto en los teléfonos móviles supera a las llamadas y mensajes de voz.

"Antes, la única aplicación que tenía un teléfono era función de hacer llamadas. Ahora eso representa menos de la mitad del tráfico en los teléfonos móviles", comentó Dan Hesse, de la compañía Sprint Nextel.

Si bien se siguen haciendo llamadas, estas son cada vez más específicas. De hecho, en muchos hogares ya no cuentan con telefonía fija sino con un celular, el cual usan primariamente para otras funciones. En ese sentido, es interesante lo que expresa Zach Frechette, editor de la revista Good, en una entrevista en The New York Times: "Tengo miles de minutos que no uso. En realidad, sólo hago llamadas cuando necesito hablar con alguien de forma inmediata, y raramente esa comunicación pasa los 30 segundos. Ahora tengo el plan de minutos más bajo del mercado, pero aún así estoy lejos de consumirlo en su totalidad".

En Estados Unidos, un reciente estudio llevado a cabo por Pew Research Center's Internet y American Life Project da un dato escalofriante: más de la mitad de los adolescentes envía un promedio de 1,500 mensajes de texto al mes. ¿La conclusión? Más que teléfonos, los aparatos se han convertidos en dispositivos para enviar y recibir textos.

A su vez, Rosalía Winocur, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana de México y autora del libro "Robinson Crusoe ya tiene celular", da su particular versión. "La afición de los jóvenes a comunicarse vía textos no implica que ellos interactúen menos o que haya disminuido su sociabilidad".

De acuerdo con Winocur, "Los jóvenes actúan así, entre otras cosas, para ser más productivos. Pero no es tanto un cálculo consciente, más bien ellos están instalados en una cultura que tiene la ansiedad de tratar de incorporar la mayor cantidad de información posible en el menor tiempo, a estar visible en la mayor cantidad de escenarios posibles, entonces para poder hacer eso necesitan una gran economía de la comunicación".

Otro aspecto clave es que los mensajes de texto permiten una privacidad que no es posible en las comunicaciones orales en espacios compartidos con otras personas. En medio de una reunión, aún ante una decena de personas, alguien puede mandar un mensaje de amor, solicitar una cotización o comprar entradas para el cine sin que nadie alrededor se haya dado cuenta. Además, un mensaje de texto no tiene el carácter disruptivo de una llamada. Uno envía el texto, el interlocutor contesta cuando puede.

Quienes rápidamente han advertido los nuevos usos de los móviles son los propios diseñadores de teléfonos. A diferencia de los primeros celulares, donde los números eran los grandes protagonistas, ahora son las letras y otro tipo de aplicaciones lo primero que uno ve cuando enciende un aparato. Los tiempos, definitivamente, han cambiado.

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