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Primer astronauta japonés en el espacio visitó el país

Mamoru Mohri encabezó las investigaciones en fusión nuclear BIOQUÍMICA, y posee amplios conocimientos humanísticos

Mamoru Mohri, doctor en bioquímica, fue el primer japonés reclutado por la NASA y en viajar al espacio.

Mamoru Mohri, doctor en bioquímica, fue el primer japonés reclutado por la NASA y en viajar al espacio.

Mamoru Mohri, doctor en bioquímica, fue el primer japonés reclutado por la NASA y en viajar al espacio.

Mamoru Mohri fue el primer científico japonés en ir al espacio. Ha estado en órbita dos veces durante toda su vida. En su segundo viaje puso en marcha el satélite que ahora colabora en crear imágenes exactas de la Tierra como en Google Maps. Ahora, es el director del Museo Miraikan, que se especializa en la geofísica, su exploración y otras disciplinas, y esta semana visitó El Salvador.

¿Cuáles fueron sus motivaciones para unirse a la NASA?

—Mis motivaciones fueron dos. La primera fue mi sueño de infancia: cuando yo tenía 13 años Yuri Gagarin acababa de ir al espacio y dijo que la Tierra es azul. Tuve mucha curiosidad. La segunda razón es que quería ser científico y conducir experimentos. Yo investigaba la fusión nuclear y tenía muchas ganas de ver el sol en el espacio con mis propios ojos.

¿Cuál ha sido el hallazgo más importante para usted?

—Lo que vi en mi primer viaje es que no hay fronteras entre los países. Ese, creo yo, es el mensaje más importante. A parte de mis experimentos en micro gravedad y de otros hallazgos, me impresionó más ver que la superficie real de la Tierra no tiene fronteras.

¿Cómo se ha beneficiado la humanidad de la investigación espacial y de sus experimentos?

—El ser humano ha evolucionado para adaptarse al medio ambiente. Para beneficiarnos a futuro debemos crear nuevas cosas para adaptarnos al medio ambiente que viene, pero nuestro ambiente actual tiene limitaciones. En el espacio todo es muy diferente. Y ese retar un ambiente nuevo, ese exponerse a un ambiente tan distinto en el que no puedes sobrevivir sin un sistema de soporte de vida. Este reto creará innovación. ¿Cómo adaptarnos a este ambiente tan extremo? Ese es el propósito de ir al espacio. Por ejemplo, el panel solar y la célula de combustible se usan ahora en lo carros híbridos, carros de hidrógeno. Pero esa tecnología se descubrió cuando nos retamos a ir a la Luna. Porque, hace 50 años, cuando Apolo aterrizó en la Luna, lo que se usó fueron células de combustible y paneles solares. Estas tecnologías se popularizaron 30 años después.

Cuando Apolo fue a la Luna nadie se preocupaba de la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. Lo que estamos descubriendo ahora nos beneficiará en el futuro.

¿Cree que en 50 o 100 años el viaje al espacio sea algo comercial y turístico? ¿Qué pasa con el entrenamiento riguroso al que los astronautas deben someterse?

—La verdad es que nos sometemos a ese entrenamiento porque vamos al espacio a trabajar. Si fuéramos a disfrutar la visita no sería necesario. Sólo si una persona tuviera alguna enfermedad cardíaca o de ese tipo no podría viajar. Creo que cualquier persona puede subir. En 50 años todos podrán ir si pagan.

Aún en este momento, si uno paga $250 millones puede quedarse en la Estación Espacial Internacional. No es muy accesible, pero Virgin Airways ha propuesto un proyecto y ha reclutado personas que quieren hacer viajes parabólicos de diez minutos, si se pagan unos 100 mil dólares.

En 20 años, estoy seguro que el costo será mucho más barato. Sería como viajar en un crucero. Quizá unos $5 mil o $10 mil dólares. Ese día va a llegar. Estoy seguro.

Con el Shinkai 6500 ¿Cuánto tiempo nos tomará conocer todo el océano?

—La profundidad promedio del océano es 4,000 metros. El Shinkai sólo llega al 90 % del océano. Ahí hay muchas cosas que no conocemos, y si aprendemos a usarlas resolveríamos el problema de la energía o la comida. La aplicación del océano será más importante para sostenibilidad de la Tierra que el viaje espacial. En este momento tenemos siete mil millones de personas y sigue subiendo el número.

Algunos dicen que para resolver este problema de la población podemos irnos a colonizar Marte. Pero no creo que sea posible vivir en el espacio, vivir en una nave espacial es estar en un ambiente artificial que recrea el ambiente de la Tierra. Todo lo necesario para subsistir se lleva, pero cuando volví a la Tierra, cuando la cápsula aterrizó sentí el aire fresco y me sentí rodeado de microorganismos. Y me sentí muy cómodo. Lo primero que me dieron fue un vaso de agua helada, lo bebí y le sentí tanto sabor. ¿Sabe por qué? porque en el espacio sólo se toma agua artificial que se genera en las células de combustible. Es como beber agua destilada.

No creo que las personas puedan vivir en el espacio a menos que se lleven todo lo que nos rodea aquí en la Tierra, incluyendo microbiología, plantas y animales. Sino no te sientes en casa.

¿Cuál es la diferencia en el enfoque y la trayectoria de la ciencia japonesa y la ciencia estadounidense?

—Yo me di cuenta que la cultura estadounidense es muy distinta en cuanto a la exploración del espacio. Piensan que la exploración quiere decir ir al espacio, dejar la Tierra y comprender algo diferente. Un planeta diferente. Ellos lo llaman el espíritu de la frontera. Pero en Japón nuestra cultura es distinta. Creo que el fin último de la exploración espacial para los japoneses no es ir a otro lugar, sino conocernos y proteger nuestra naturaleza. Si vamos a Marte y hacemos esa investigación, comparamos cómo Marte y la Tierra son distintos. Porque en este momento la Tierra tiene 50 millones de especies vivientes, el ser humano sólo es una. Pero en Marte no hay vida. Cuando comparamos el nacimiento de ambos planetas, hace 4.6 mil millones de años eran iguales. Ambos tuvieron océanos, pero la Tierra aún los tiene y Marte no.

Cuando vi la Tierra desde el espacio pensé: nada nos protege. La Tierra sobrevivirá con o sin el ser humano, con o sin el agua, con o sin la atmósfera. La Tierra existirá por otros 4 mil millones de años y el ser humano no tiene nada que ver. Esa es la realidad que yo vi. Es algo horrible, pero cuando vi la Tierra en azul vivo pensé: es tan hermoso, tan preciado. Este es el único planeta al que puedo regresar y vivir. Por eso, desde que volví apoyo los movimientos y las ciencias ambientales.

El ser humano ha cambiado su medio ambiente y en el futuro podemos convertirnos en Marte. Entonces, cuando exploramos el espacio, lo hacemos para proteger la Tierra.

¿Piensa abrir un ala de Humanidades en el Maraikan?

—Sí, tenemos ese proyecto. Queremos diseñar un nuevo concepto. La ciencia y la cultura, el conjunto de sabidurías humanas, son muy importantes para la sostenibilidad de la Tierra.

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