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En playa Copacabana

Francisco clausura la Jornada Mundial de la Juventud 2013

Millones de fieles católicos asistieron a la misa que presidió el Papa

Multitudes participaron de la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud. Foto/ AP

Multitudes participaron de la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud. Foto/ AP

Multitudes participaron de la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud. Foto/ AP

Millones recibieron el domingo en la playa de Copacabana al papa Francisco en medio de ensordecedores vivas al pontífice que conquistó a una de las audiencias más selectas del mundo con sus palabras sencillas y su espontaneidad.

"Franciscoooo, Franciscoooo" se oyó gritar a la compacta multitud a lo largo del recorrido de más de cuatro kilómetros de la vía que bordea la famosa playa, y que ha sido escenario en el pasado para famosas bandas de rock y eventos deportivos.

Francisco, de 76 años, se detuvo al menos en nueve ocasiones en ese recorrido por la Avenida Atlántica, la vía paralela al mar, desde una base castrense donde aterrizó en helicóptero para de inmediato abordar su papamóvil y reunirse con la gente que le aguardaba desde la noche y durmió en la playa en vigilia.

Las autoridades brasileñas y el Vaticano calculan que unos 3 millones de personas están en Copacabana para la misa dominical.

El pontífice arribó, luego de más de media hora de recorrido, a la tarima principal donde cerrará con una misa la Jornada Mundial de la Juventud.

En ese trayecto besó desde niños hasta personas enfermas y ancianos que eran alzados, incluyendo su silla de ruedas, por los escoltas del Vaticano y acercarlos al santo padre.

Bebió por unos segundos el mate que le acercó una feligresa, consiguió atrapar en el aire camisetas deportivas y banderas de Brasil que le lanzaban algunos peregrinos a su paso.

"Es una sensación fantástica. Nunca he estado en una multitud de este tamaño", dijo Josh Dirberger, de Denver, en Estados Unidos.

"Es magnífico estar con tantos católicos y saber que no es sólo nuestra pequeña parroquia en Denver. Somos enormes y estamos en todas partes del mundo", añadió junto a un grupo de peregrinos de Estados Unidos. "El papa nos está mostrando que podemos vivir por las enseñanzas de la iglesia y no por lo que está de moda".

En la misa estaban los presidentes de Argentina, Bolivia, Suriname, Brasil, y los vicepresidentes de Uruguay y Panamá.

Como la zona inicialmente prevista para la misa dominical, que cierra la Jornada, fue cambiada debido a que se anegó por las lluvias y se trasladó el evento de cierre a Copacabana, entonces miles de peregrinos cumplieron la tradicional vigilia durmiendo en la playa y otros sobre la famosa acera de adoquines negros y blancos en forma de onda y que va a lo largo del mar por unos cuatro kilómetros.

Jayme Fernandes, un peregrino de 18 años llegado desde el estado de Sao Paulo, dijo que la noche fue fría y como había tanta gente en la playa "prácticamente dormimos unos encima de otros".

Con la salida del sol finalmente tras una semana de lluvias y fríos vientos, todo el esfuerzo valió la pena, agregó.

"Fue fantástico, increíble", dijo Fernandes.

"No fue fácil quedarse toda la noche. Hacía tanto frío y estaba tan lleno, pero no cambiaría la experiencia por nada".

"No se olviden", dijo Francisco a la multitud apiñada al inicio de la vigilia el sábado por la noche tanto a lo largo de la avenida que bordea la playa como sobre la misma arena. "Ustedes son el campo de fe. Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia bella y de un mundo mejor", añadió el santo padre.

Jesús "nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo", dijo Francisco, nacido en Argentina e hincha del club San Lorenzo. Jesús ofrece "un futuro con él que no tendrá fin allá en la vida eterna", añadió el pontífice ante la multitud, mayoritariamente de Brasil, un país que no sólo cuenta con la mayor cantidad de católicos del mundo, sino también el único que ha ganado cinco veces la Copa Mundial de Fútbol.

El pontífice arrancó aplausos y no pocas lagrimas a la multitud cuando incluso les hizo repetir en voz alta después de él: "¿quieren construir la iglesia?, ¿se animan?", a lo que millones de jóvenes respondieron con un largo sí.

La asistencia a la vigilia del sábado por la noche, un cálculo ofrecido por el alcalde de Río de Janeiro Eduardo Paes, está por encima del millón que acudió al mismo evento en la Jornada Mundial previa, la de Madrid en el 2011, y lejos del 650.000 de la de Toronto en el 2002.

Paes y el Vaticano también han calculado que unas tres millones de personas acudirán a la misa dominical, en la que Francisco recibirá como ofrenda una niña con anencefalia o sin cerebro, indicó en un correo electrónico el padre Thomas Rosica, asistente al vocero del Vaticano.

Cuando el papa salía el sábado por la mañana de una misa con los obispos y sacerdotes brasileños en la catedral de Río de Janeiro, una pareja logró acercarse y presentarle a su hija recién nacida con anencefalia, dijo Rosica. Normalmente esos bebes mueren al nacer, pero ésta sobrevivió, además sus padres no quisieron abortar, a pesar de que está permitido por las leyes de Brasil, añadió. En la misa final, el papa "recibirá esta niña durante la ceremonia de las ofrendas como un gesto de bienvenida y ofrecimiento a la vida", aseguró.

Marco Antonio Lopez, de rostro somnoliento, se sentó a la orilla de la avenida por donde pasaría el papa para la misa final y con la intención de ver a su pastor por última vez en la jornada. Había pasado la noche en vigilia.

"Fue una fiesta, después de la ceremonia hubo gente que se juntó a rezar, jugar fútbol en la playa, hacer cantos de alabanza", dijo el peruano de Lima de 28 años, trabajador de la construcción civil. "Lo más valioso de la experiencia es el contacto con la gente que te hace crecer, te recuerda que los católicos somos muchos y de muchos colores", dijo.

El boliviano Jesús Lunario, de 22 años, viajó cuatro días en solitario desde La Paz para estar en la Jornada, pero en Río encontró compañía.

"Encontré este grupo de Sucre y me uní a ellos", dijo señalando a un grupo de sus compatriotas que levantaban el campamento en que durmieron sobre las arenas doradas de Copacabana. "La mayoría del grupo durmió, yo pasé la noche rezando. Cada vez que pasaba gente rezando el rosario yo me les sumaba. Si cantaban canciones de alabanza, yo cantaba con ellos".

El papa "me impresionó por su sencillez, nos llama a ser santos sin buscar el grado de sacerdotes o religioso", dijo Lunario, quien trabaja en restauración de patrimonio histórico con la municipalidad de la Paz.

Miles de peregrinos ya estaban calentando el ambiente agitando sus brazos y entonando canciones con música que salía desde grandes parlantes desde la tarima en la que Francisco oficiará la misa.

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