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Apocalipsis zombi, no hay escapeEl contagioso beat inmortal de Paul Oakenfold

Los amantes de la música electrónica bailaron al ritmo de los éxitos del productor y DJ. "Firefly" y "As We Collide" fueron algunos de los hits que interpretó durante su espectáculo en el Cifco

Paul Oakenfold demostró porque es uno de los DJ más importantes de la música electrónica. Puro talento en el Cifco. fotos edh / JAIME ANAYA

Paul Oakenfold demostró porque es uno de los DJ más importantes de la música electrónica. Puro talento en el Cifco. fotos edh / JAIME ANAYA

Paul Oakenfold demostró porque es uno de los DJ más importantes de la música electrónica. Puro talento en el Cifco. fotos edh / JAIME ANAYA

En el Olimpo de la música electrónica hay una legión de héroes y heroínas que perduran. La feligresía, aquellos seres que viven, respiran y transpiran la escena, rinden un culto perpetuo. Van y vienen, nada los detiene, siempre van más allá de ese oráculo.

Ante ello saben que para acudir a su reino se necesita algo más que energía; hay que poner los nervios a mil revoluciones y simplemente dejar que todo fluya, se exprese. Paul Oakenfold fue eso: catarsis. Porque él es más que una leyenda. Es un inmortal.

Su descenso a la tierra de los congregados salvadoreños fue el pasado viernes una experiencia que recordó la pureza del dance. Un anfiteatro del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (Cifco) de que se vistió de claroscuro para dejar que el juego de visuales y los efectos de luces hicieran su papel, atravesaran los espíritus de esos cuerpos necesitados de la respectiva dosis adictiva de beat.

Oakefold luce hoy como un viejo cascarrabias que nunca ha perdido su estado puro. En los setentas el rock progresivo le influenció. Pero quería ser refinado en tiempos ochentenos donde el techno oscuro marcaba las noches eternas de un célebre lugar de Liverpool: Cream.

Ahí, el trance marcó su régimen musical. Eran los noventas. Luego vienen los éxitos, las remezclas, los trabajos para películas y videojuegos y un legado perpetuo. El resto, historia.

De Inglaterra a El Salvador quizá solo hay un suspiro. El que genera la melodía y las angelicales vocales del trance. Casi a las 11:00 de la noche el camino se acortó. Oakenfold inició la ceremonia con un clásico reeditado. "Seven Cities", una pieza de maestro que ilusionó a todo el auditorio. Primeras fotos 2.0, gritos, expresiones, abrazos, besos… de todo, para todos.

El ritmo subió rápido y era cambiante como las emociones. Los sonidos eran progresivos y rítmicos, pero también fuertes, oscuros.

Humo, papeles brillantes, la adolescente con el novio, los recién casados, el grupo de amigos, el soltero, había para todos los que compartieron ese credo perpetuo.

Llegaron los éxitos. Sonó la música. Los viejos: "Starry Eyed Surprise", con las adecuadas vocales de Shifty Shellshock, "Souther Sun", un himno inigualable y "Faster Kill Pussycat", que endulzó la noche fiestera.

Pero también, hubo lugar para las sorpresas. Remixes inéditos de canciones rock como "Otherside", de los Red Hot Chilli Pepers o "Locked Out By Heaven" de Bruno Mars, sin obviar otras imperdibles como "Adagio For Strings", original de DJ Tiesto o "Big Sky" de un gran productor de trance, John O'Callaghan.

Cuando el reloj ya marcaba la 1:00 de la mañana el telón intentaba ceder. Pero no, faltaban las últimas joyas, las del Oakenfold que sigue vigente, que produce tan bien como mezcla, con buenos loops, suaves transiciones y esa eterna seducción a su público.

Así, "Firefly" y "As We Collide", una coproducción con la voz celestial de JES cerraron el espectáculo. Fue el último sacramento donde todos salieron purificados y libres de culpa porque el trance y sus múltiples expresiones se consagraron el Oakenfold, el DJ inmortal, el que dio el indulto.

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