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Otra perspectiva sobre la criminalidad, el asesinato de policías

El asesinato de policías muestra el poder de fuego y el dominio territorial que han alcanzado las maras, los grupos delincuenciales en el país; apoyar a la PCN es importante, pero esto no es solo cuestión de dinero 

Ciudadanos de Europa o Estados Unidos, o personas de cualquier nación desarrollada en las que las instituciones judiciales o policiales funcionan, no entienden lo que está pasando en El Salvador, y no es para menos, en lo que va del año, 62 agentes de la PNC han sido asesinados.

Se dice fácil, pero son 62 policías asesinados ¡es escandaloso! En comparación con los más de 3,600 asesinatos que han sido perpetrados durante este año (cifras que pueden aumentar a final de 2015) la muerte violenta de 62 policías podría considerarse insignificante, es apenas el 1.7 por ciento, sin embargo, lo repito es una cifra exorbitante no solo porque se trata de personas, padres o madres, hijos o hermanos, amigos a quienes se les ha arrebatado la vida, sino también porque claramente es una afrenta a la institucionalidad, al combate directo y frontal en el lucha contra la delincuencia.

A partir de esta consideración, intolerable bajo todo punto de vista, hay que profundizar en el problema: Se trata de ciudadanos comunes y corrientes que son blanco de las maras, como lo pueden ser los panaderos, vendedores y cualquier otro que a diario forme parte de la lista de muertos. 

Sí, hasta los policías, sin importar que lo sean, son víctimas de la delincuencia; es así que mueren en buses, víctimas de asaltos, o en una calle cercana a su vivienda a causa de las reyertas entre las maras de diferente signo, sean estas la Salvatrucha o la 18 por mencionar solo dos de las más conocidas.

Los responsables de estos crímenes pueden ser o no mareros, no lo sabemos porque las investigaciones sobre los hechos poco o nada aportan sobre estas personas, lo que sí podemos asegurar es que se trata de muertes violentas contra ciudadanos, salvadoreños, no necesariamente por ser policías.

Sin embargo --y esto lo muestran los registros de El Diario de Hoy--, al menos un 25 por ciento de los agentes policiales, unos 15 o 16, han muerto por ser policías, ya sea en sus comunidades o en el cumplimiento del deber, enfrentándose a los delincuentes.

Este es el caso de un investigador acribillado a tiros en Apopa esta semana; lo mismo, que otro hecho ocurrido en un enfrentamiento con pandilleros en Panchimalco o el centro de San Salvador.

Son estos los casos más graves, y no porque sean de mayor o menor categoría que la de cualquier ciudadano asesinado, sino que revela el “poder de fuego” de las pandillas así como el dominio territorial que muestran los criminales; en realidad, esta es la afrenta más humillante que pueden hacer los mareros no solo a la institución policial sino además al gobierno del FMLN, ya que este no dota a los agentes con los recursos necesarios para hacer valer la ley.

Ojo, y no solo se trata de la necesidad de más recursos económicos, como lo ha venido planteando en los últimos meses el gobierno, al tratar de justificar los nuevos tributos que golpean los bolsillos de los ciudadanos; la cuestión es más de fondo, es de decisión política, pero sobre todo de capacidad mental y material para enfrentar con todos los recursos legales que brinda el Estado para detener este complejo fenómeno convertido en una amenaza casi estructural contra la seguridad ciudadana.

Dejar de lado la politiquería, abandonar las disputas entre izquierda y derecha es clave como también lo es dotar de técnicas de inteligencia a la policía para que esta actúe de manera más racional contra los delincuentes; necesitan armas, equipos de seguridad, de comunicación, vehículos y también la capacidad de liderar equipos integrados que busquen atacar los líderes del crimen organizado y dejar de lado las acciones propagandísticas como las “capturas masivas” de mareros que serán liberados en un santiamén.

Por supuesto que es importante que en las delegaciones policiales haya camas y baños limpios para que los agentes descansen, que tengan mejores salarios y prestaciones sociales propias de una profesión de alto riesgo, sin embargo, se necesita también voluntad y entusiasmo para hacer el trabajo por vocación no simplemente por un salario ante la imposibilidad de tener otro trabajo.

En fin, es importante ponerle atención y estudiar a fondo el asesinato de 62 agentes policiales. 


*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com