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¿Libertad de expresión?

Soy defensora de la libertad de expresión, pero los medios que permiten tales comentarios y los publican sin sonrojo alguno, deberían ser duramente castigados, al volverse cómplices de las injurias y calumnias que allí se destilan

Falleció Umberto Eco, escritor italiano, autor de “El nombre de la rosa”, quizá su libro más famoso por haber sido llevado al cine, película estelarizada por el también famoso Sean Connery. Ricardo de la Cierva (historiador, igualmente recién fallecido) criticó duramente esa obra por considerar que contenía una línea de ataque contra el pensamiento, la tradición y las raíces de la Iglesia católica. “La novela de Eco no es sobre la Iglesia del siglo XIV sino contra la Iglesia católica del siglo XX”, insiste de la Cierva en “Oscura rebelión en la Iglesia” (1987). 

“El nombre de la rosa”, dado su enorme éxito, dio pie a una gama de libros de ese género, como los de Dan Brown y su “Código DaVinci”, promoviendo y aumentando dudas en aquellos que ignoran las bases de su fe católica, siendo ésta débil o inexistente, llegando a poner una fábula al mismo nivel que las Sagradas Escrituras. 

Pero esta columna no pretende quitarle a Umberto Eco su mérito como novelista (ojo: tampoco significa que sea profeta), sino de poner su figura, tan respetada intelectualmente, al frente del rescate de la decencia en las redes sociales y en los medios digitales.

Umberto Eco, Premio Príncipe de Asturias, declaró al diario italiano La Stampa, (10/06/2015) que “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Cierto que también muchas opiniones, ideas y pensamientos valiosos se vierten a través de esos medios. Pero igualmente cierto que las redes sociales no solo dan cabida a muchísimos idiotas, sino a malvados que, amparados en el anonimato, destilan odio, rabia, envidia y violencia. 

Asusta, en grado máximo, leer los comentarios que, ante cualquier noticia, por anodina que sea, escriben los usuarios de algunos blogs y periódicos digitales. No importa que el tema sea tan indiferente como el de un concurso de belleza, por ejemplo, para que las opiniones vertidas se dediquen a insultar a ARENA y a los areneros, como blanco preferido; además, con unas palabras que jamás deberían ser permitidas en ningún medio público y una ortografía que también para el pelo. Pero, lo más grave es el odio, la virulencia, la agresión, la violencia sin límites ni motivo justificado que todo ello implica. ¡Por Dios, eso no debe permitirse!

Soy defensora de la libertad de expresión, pero los medios que permiten tales comentarios y los publican sin sonrojo alguno, deberían ser duramente castigados, al volverse cómplices de las injurias y calumnias que allí se destilan.

Nuestra sociedad es cada vez más violenta y criminal, más deshumanizada; entonces, todos debemos contribuir a contrarrestar semejante situación. La responsabilidad directa del combate al crimen es de las autoridades, pero lograr un poco de paz en nuestra vida diaria, es responsabilidad de cada uno de nosotros, los salvadoreños. Y esa paz empieza por las palabras y actitudes, evitando a toda costa aquellas que impliquen agresividad.

Y que las redes sociales sean un vehículo de transmisión de la verdad, la cultura, y el debate con altura, en lugar del receptáculo de porquería en el que algunos se han convertido.

*Columnista de El Diario de Hoy.