¿Tu infancia marca cómo amás hoy? Claves para sanar
Tu forma de amar no empezó con tu última pareja. Puede haberse definido antes de los 5 años. Entender el apego es el primer paso para relaciones más sanas.
Por
Betty Carranza
Publicado el 24 de febrero de 2026
Tu forma de amar puede estar marcada por lo que viviste entre los 0 y 5 años. Según el psicólgo salvadoreño Moisés Navarrete, el apego se forma en la infancia y define cómo elegimos pareja en la adultez. Si repetís patrones, temés al abandono o huís cuando alguien se acerca demasiado, podrías estar actuando desde una herida emocional. El especialista advierte que nadie puede hacerte feliz ni completarte: una relación sana nace desde la plenitud, no desde la carencia. Reconocer tu historia, establecer límites y buscar apoyo profesional puede ayudarte a romper ciclos y construir vínculos más conscientes.
¿Te ha pasado que repetís el mismo tipo de relación? ¿Que cuando alguien te trata bien perdés el interés o, al contrario, sentís ansiedad si no te responden un mensaje? La infancia y las relaciones de pareja están mucho más conectadas de lo que creemos. Y no, no es una frase motivacional: tiene base psicológica.
En el podcast Sin Agenda de elsalvador.com, el psicólogo salvadoreño Moisés Navarrete lo explicó de forma directa: “El apego se forma en los cinco primeros años de nuestra vida. ¿Quién lo forma? Nuestros padres, nuestros tutores, nuestros cuidadores”. Es decir, esa forma en la que hoy amás, elegís y reaccionás no nació ayer. Tiene historia.
La pregunta no es solo por qué no encontrás pareja. Tal vez la pregunta correcta es: ¿desde dónde estás eligiendo?
Elegimos desde la herida… o desde la plenitud
Una de las frases más contundentes del especialista fue esta: “En realidad casi nadie se está ocupando del lugar emocional donde se encuentra”. Y ahí está la clave.
Muchas veces no elegimos desde la tranquilidad, sino desde la carencia. Desde el miedo a estar solos. Desde la necesidad de que alguien nos complete. Pero como señala Navarrete: “Nadie tiene la capacidad de hacerte feliz”. Cuando le ponemos ese peso a la otra persona, la relación empieza a tambalear.
Seguro escuchaste frases como “sin vos no soy nada” o “contigo soy completo”. Suenan románticas, pero pueden esconder dependencia emocional. El experto lo resume así: “Yo soy completo. Porque si yo creo que soy incompleto y busco que alguien me complete, nadie podrá hacerlo”.
Y tal vez acá ya empezás a hacer clic con algo.
¿Qué es el apego y por qué debería importarte?
El apego es el vínculo emocional que desarrollaste con quienes te cuidaron en la infancia. Si creciste en un ambiente estable, afectuoso y predecible, es más probable que hoy te relaciones desde la confianza.
Pero si hubo abandono, conflicto constante, ausencia emocional o dinámicas disfuncionales, esas experiencias pueden estar influyendo en tu vida amorosa actual.
Navarrete lo plantea sin rodeos: “Una familia disfuncional engendrará un hijo o una hija disfuncional. Y esta hija o este hijo replicará la figura, si no busca apoyo”.
No se trata de culpar a tus padres. Se trata de entender patrones para no repetirlos en automático.

Apego ansioso, evitativo… ¿te suena?
Hay personas que necesitan validación constante, que sienten que nada es suficiente y viven con miedo al abandono. Ese es el apego ansioso.
Otras, cuando alguien se acerca demasiado, se sienten invadidas y huyen. Ese es el apego evitativo.
Y también están quienes mezclan ambas conductas: se acercan intensamente y luego se alejan por miedo. Como explica el especialista, los apegos “están concatenados”, es decir, no funcionan aislados.
Si alguna vez dijiste “si no me escribe, algo malo pasa” o “cuando alguien me trata demasiado bien, pierdo el interés”, quizá no es casualidad. Puede ser un patrón aprendido.
¿Estás repitiendo la historia de tu casa?
Un punto fuerte que se abordó en el podcast es el de los patrones parentales. Hay personas que crecieron viendo relaciones conflictivas y, sin darse cuenta, las normalizan.
Navarrete compartió que ha atendido casos donde alguien reconoce: “A mí me gusta que me traten mal”. Al indagar, muchas veces aparece un hogar donde el maltrato era parte del día a día.
Lo que viviste se vuelve familiar. Y lo familiar, aunque duela, se siente seguro.
En El Salvador, donde las familias monoparentales y las dinámicas complejas son comunes, este tema no es menor. Pero reconocerlo no es una condena. Es una oportunidad de cambio.
Señales de que tu infancia podría estar influyendo hoy
Prestá atención si:
- Sentís que tolerás demasiado “para llevar la fiesta en paz”.
- Te da miedo poner límites por temor a perder la relación.
- Idealizás rápido y después te decepcionás igual de rápido.
- Necesitás ver a tu pareja todos los días porque, si no, “sería la muerte”.
- Buscás seguridad económica como prioridad, aunque lo emocional no encaje.
El especialista advierte que tolerar todo por miedo puede salir caro. “¿A qué precio vas a llevar la fiesta en paz? A precio de frustración, a precio de autocastigo”.
¿Se puede cambiar? Sí, pero no es automático
La buena noticia es que no estás condenado a repetir la historia. Pero tampoco se resuelve solo con fuerza de voluntad.
Navarrete es claro: “Hay procesos que son largos, dolorosos y costosos. Pero en la medida que la persona busque apoyo y tenga un terapeuta, puede ser un proceso más corto”.
Ir a terapia no significa estar “loco”. Significa hacerte responsable de tu bienestar emocional.
También implica empezar a hacerte preguntas honestas: ¿Estoy eligiendo desde mi libertad o desde mi herida? ¿Estoy buscando compartir o que alguien me rescate?
Amar no es buscar una media naranja
Quizá creciste escuchando que necesitás a alguien para estar completo. Pero una relación sana no nace de la desesperación, sino de la decisión consciente.
“El que no sabe para dónde va, cualquier sitio le parece bueno”, recordó el especialista durante la conversación. Y eso aplica perfecto al amor.
Si no tenés claro quién sos y qué querés, cualquier relación puede parecer suficiente… hasta que deja de serlo.
Tu origen influye, sí. Pero no determina tu destino. Entender tu infancia no es quedarte atrapado en ella, es usarla como mapa para construir vínculos más sanos, más conscientes y más libres.
Y tal vez, la próxima vez que te preguntés por qué no encontrás pareja, en lugar de mirar hacia afuera, te animés a mirar un poquito hacia adentro. Ahí puede estar la respuesta que estabas buscando.
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