Para ser más feliz, primero dejá de obligarte a estar bien
Aceptar tristeza, ansiedad o frustración no te aleja del bienestar. Puede ser el primer paso para vivir con más calma y recuperar el equilibrio.
La felicidad no significa levantarte de buen humor todos los días ni mantener una actitud positiva cuando algo duele. Tal Ben-Shahar, referente internacional en psicología positiva y felicidad, habló sobre esa idea durante su visita a El Salvador como invitado del Crecer Summit 2026: aprender a aceptar las emociones difíciles puede ser tan importante para el bienestar como cultivar las agradables.
Puede sonar contradictorio. Durante años hemos escuchado frases como “pensá positivo”, “todo pasa” o “tenés que animarte”. Pero hay días en los que simplemente no funcionan. Una ruptura, una pérdida, un problema familiar, una frustración laboral o una preocupación económica no desaparecen porque intentés mirar el lado bueno.
Ben-Shahar propone comenzar desde otro lugar. En vez de preguntarte cómo dejar de sentir tristeza, ansiedad o enojo cuanto antes, podés reconocer que esas emociones también forman parte de la experiencia humana. “El primer paso hacia la felicidad es permitirse no ser feliz”, explicó durante el conversatorio.
La felicidad no es estar bien todo el tiempo
Una de las ideas que Ben-Shahar intenta desmontar es que existe un punto en la vida en el que finalmente “llegamos” a la felicidad. No funciona como un interruptor que un día pasa de apagado a encendido.
“La felicidad reside en un continuo”, señaló. Él mismo contó que comenzó a estudiar el tema hace más de tres décadas después de descubrir que, pese a tener buenos resultados académicos, practicar deporte y contar con una vida social activa, seguía sintiéndose infeliz.

Por eso prefiere hablar de ser “más feliz” y no simplemente de “ser feliz”. La diferencia parece pequeña, pero cambia la expectativa: ya no tenés que perseguir un estado perfecto y permanente. Podés trabajar en sentirte un poco mejor, conocerte más y construir hábitos que favorezcan tu bienestar.
Eso también permite dejar de interpretar un mal día como una especie de retroceso. Sentirte triste hoy no borra los avances que hiciste ayer. Tener ansiedad ante una situación complicada tampoco significa que hayas perdido tu capacidad de disfrutar otras áreas de tu vida.
¿Qué pasa cuando peleás con lo que sentís?
Para Ben-Shahar, una de las principales barreras hacia una vida más feliz aparece cuando rechazamos emociones que consideramos incómodas o indeseables.
Puso un ejemplo personal: si se dijera a sí mismo que no debería sentirse triste porque se dedica precisamente a estudiar la felicidad, esa exigencia podría aumentar su malestar. Lo mismo puede ocurrir con los celos, la frustración, la ansiedad o el enojo.

Es una escena mucho más cotidiana de lo que parece. Te sentís mal por algo y, además, empezás a juzgarte por sentirte así. A la emoción original se suma otra preocupación: “No debería estar de esta manera”, “ya tendría que haberlo superado” o “hay personas con problemas peores que los míos”.
Su propuesta va en sentido contrario. “Hoy me doy permiso de ser humano”, es uno de los mensajes que, según contó, se recuerda a sí mismo. Ese permiso implica aceptar que una vida plena también incluye momentos incómodos.
En la práctica, podés empezar con acciones muy sencillas:
- Poné nombre a lo que sentís sin intentar corregirlo inmediatamente.
- Date espacio para llorar si lo necesitás.
- Hablá con alguien de confianza en lugar de fingir que todo está bien.
- Escribí lo que te está pasando si te ayuda a ordenar pensamientos.
- Evitá exigirte recuperar el ánimo siguiendo un calendario.
- Cuando sintás que podés, retomá gradualmente actividades que te conecten con otras personas y con tu rutina.
Aceptar una emoción, aclaró Ben-Shahar, no significa resignarse a permanecer indefinidamente en ella.
Sentir el dolor no significa quedarse a vivir en él
Durante el encuentro surgió una pregunta muy concreta: ¿qué pasa después de aceptar una pérdida o un momento difícil? ¿Cómo sabés cuándo es momento de volver a salir, caminar, hacer ejercicio o ver amigos?
No hay una cantidad exacta de horas o días. Su recomendación fue intentar, de vez en cuando, volver a acercarse a esas actividades. Podría ser aceptar una invitación, caminar unas cuadras, ir al gimnasio o simplemente compartir un rato con alguien.
“Si no funciona, volvamos a llorar”, expresó al explicar que la recuperación no necesariamente ocurre en línea recta. Hay momentos para abrirse nuevamente al mundo y otros en los que todavía hace falta procesar lo ocurrido.
Eso vuelve el concepto de felicidad mucho más cotidiano y menos idealizado. No se trata de levantarte después de una caída como si nada hubiera ocurrido, sino de darte permiso para avanzar a tu propio ritmo sin convertir el dolor en un enemigo.
También puede ayudarte a cambiar la manera en que acompañás a los demás. A veces, frente a alguien triste, sentimos la necesidad inmediata de ofrecer soluciones. Quizá esa persona necesita primero ser escuchada, hablar o simplemente saber que no tiene que aparentar estar bien frente a vos.
Vivir más despacio también puede acercarte al bienestar
Hay otro obstáculo que Ben-Shahar identifica en la búsqueda de una vida más plena: la velocidad. “Una de las mayores barreras para la felicidad es la prisa”, dijo.
Para explicarlo recurrió a una imagen sencilla. Imaginá escuchar tu canción favorita y disfrutarla plenamente. Después hacé lo mismo con la segunda que más te gusta. Las dos experiencias pueden ser excelentes. Pero si reproducís ambas canciones al mismo tiempo, el resultado probablemente sea ruido.
Algo parecido puede ocurrir con la vida diaria cuando tratamos de meter demasiadas experiencias en el mismo momento: almorzás mientras contestás mensajes, mirás una serie mientras revisás redes sociales, conversás con alguien mientras pensás en el correo que tenés pendiente.
“Más lento” es otra de las frases que Ben-Shahar contó que se repite diariamente. No significa abandonar responsabilidades ni convertir la calma en otra obligación. Puede ser algo tan simple como hacer una sola cosa durante unos minutos y realmente estar ahí.
Al final, quizá ser más feliz tenga menos que ver con eliminar de tu vida todo lo que duele y más con aprender a darle un lugar. Sentir tristeza cuando corresponde, disfrutar cuando llega algo bueno, pedir ayuda cuando la necesitás y permitirte avanzar sin esperar convertirte en una persona eternamente alegre.
Porque, como planteó Ben-Shahar, la felicidad no es un lugar al que finalmente llegás. “Es una travesía que dura toda la vida”.
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