El Salvador explora su potencial como destino de turismo religioso
El congreso Tierra de Fe Viva reúne en San Salvador a ponentes internacionales para analizar rutas, patrimonio y oportunidades del turismo religioso.
El Salvador busca posicionarse como un destino de turismo religioso, un segmento que combina viajes, patrimonio cultural, espiritualidad, historia y recorridos por lugares de valor simbólico para distintas comunidades de fe.
Ese enfoque será parte de la discusión del Congreso internacional de turismo religioso, Tierra de Fe Viva, El Salvador 2026, que inicia este miércoles en la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), en el Centro Histórico de San Salvador.
El evento es promovido por el Ministerio de Turismo y organizado por Tourism and Society Think Tank, entidad con sede en España. Según la información compartida, el congreso reunirá a una treintena de ponentes internacionales vinculados con la Iglesia católica, otras religiones, el ámbito académico y la gestión turística.
El encuentro se extenderá hasta el viernes 10 de julio y concluirá con la firma del “Manifiesto El Salvador”, un documento elaborado por el comité científico del congreso que busca sentar bases para definir el turismo religioso en América y a escala mundial.

Qué es el turismo religioso
El turismo religioso no se limita a visitar iglesias. También puede incluir peregrinaciones, recorridos por centros históricos, sitios arqueológicos, celebraciones patronales, rutas de santos, arquitectura sacra, museos, comunidades con tradiciones espirituales y experiencias de reflexión.
Para un país como El Salvador, este tipo de turismo puede vincularse con templos históricos, festividades religiosas, patrimonio arquitectónico, memoria cultural y destinos que ya reciben visitantes por su valor histórico o comunitario.

Durante el congreso, algunos ponentes mencionaron a San Salvador, Suchitoto y Joya de Cerén como lugares con potencial para desarrollar rutas vinculadas al turismo religioso. Joya de Cerén, además, es un sitio arqueológico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La ministra de Turismo, Morena Valdez, afirmó durante la inauguración que el país busca ser visto como un destino “para toda la familia” y también para “personas de fe”.
La funcionaria señaló que el año pasado El Salvador recibió 4.1 millones de visitantes internacionales y que, hasta junio de 2026, la cifra alcanzaba 2.5 millones.

Un sector que depende del patrimonio
Uno de los invitados especiales del congreso, Adrián Lomello, abordó el impacto y las experiencias exitosas del turismo religioso en América.
“El turismo religioso es, probablemente, la única industria del mundo donde el producto principal no se puede fabricar, patentar ni copiar; es un patrimonio que se hereda, se cuida o se pierde”, indicó el panelista.
La frase resume uno de los puntos clave de este tipo de turismo: su valor depende de la conservación de los lugares, las tradiciones y las comunidades que los sostienen. A diferencia de otros productos turísticos, una ruta religiosa necesita autenticidad, respeto por la historia y una relación cuidadosa con quienes viven y practican esas expresiones de fe.
El sacerdote brasileño Daniel Aguirre, otro de los panelistas, abordó la situación y los objetivos del turismo religioso católico.
“Algo fundamental para la iglesia es promover la paz por medio del turismo”, señaló.

El Centro Histórico como punto de encuentro
La sede del congreso también forma parte del mensaje turístico. El Centro Histórico de San Salvador concentra edificios, plazas, templos, espacios culturales y nuevas áreas de circulación que han ganado protagonismo en los últimos años.
En ese entorno se ubican sitios como Catedral Metropolitana, la iglesia El Rosario, el Palacio Nacional, la plaza Gerardo Barrios y otros espacios que pueden integrarse a recorridos culturales y religiosos, siempre que se desarrollen con información clara, guías preparados y conservación del patrimonio.
El congreso también incluyó una presentación del artista internacional Rodrigo Sosa, conocido como “La Quenística”, durante la inauguración.

Qué puede significar para visitantes y comunidades
Para los turistas, una ruta religiosa puede ser una manera de conocer el país desde su historia, su arquitectura y sus tradiciones. Para las comunidades, puede abrir oportunidades en servicios como guías locales, alimentación, transporte, artesanías, hospedaje y actividades culturales.
Sin embargo, el desarrollo de este segmento también plantea retos: cuidar los espacios patrimoniales, evitar la saturación de sitios sensibles, respetar el sentido religioso de las celebraciones y garantizar que las comunidades locales participen de los beneficios.
El turismo religioso suele atraer tanto a visitantes extranjeros como a turistas nacionales. En El Salvador, fiestas patronales, procesiones, templos históricos y pueblos con fuerte identidad cultural pueden formar parte de esa oferta si se articulan con información verificable, rutas seguras y servicios adecuados.
Una oportunidad que requiere planificación
El Salvador ya cuenta con destinos que pueden dialogar con este tipo de turismo, pero convertirlos en rutas sostenibles exige más que promoción. Se necesitan mapas, señalización, horarios, guías capacitados, información histórica confiable, coordinación con iglesias y comunidades, y una oferta que no reduzca la fe a un producto turístico.
El Congreso Tierra de Fe Viva abre una conversación sobre cómo el país puede integrarse a un mercado que en otros destinos ha logrado combinar espiritualidad, cultura y desarrollo local.
El reto estará en construir una propuesta que sea útil para los visitantes, respetuosa con las comunidades y capaz de mostrar el patrimonio religioso y cultural salvadoreño sin perder su sentido original.
TAGS: Arte religioso | Congresos religiosos | Edificios religiosos | Ministerio de Turismo | Turismo | Turismo cultural
CATEGORIA: Turismo | Cultura viva
