Conocé Casa del Añil, el rincón de Santiago Nonualco donde el azul de El Salvador sigue vivo
Conocé cómo llegar a Casa del Añil en Santiago Nonualco y descubrí el proceso artesanal del añil salvadoreño con recorridos y experiencias para visitantes.
Hay historias que no solo hablan de un oficio, sino también de la decisión de preservar una parte de la identidad de un país. En Santiago Nonualco, departamento de La Paz, esa historia se escribe todos los días en Casa del Añil, un espacio donde el cultivo del jiquilite, la extracción del añil y la elaboración de piezas artesanales forman parte de un mismo proceso que busca mantener vivo uno de los productos más representativos de la historia salvadoreña.
Lo que hoy funciona como un centro de producción y experiencias nació de una necesidad muy concreta: garantizar la materia prima para continuar elaborando productos teñidos con añil natural.

Kessia Zelaya, artesana y dueña del proyecto, explica que el origen de Casa del Añil está ligado al crecimiento de Azul Nonualco, emprendimiento que comenzó en 2007 elaborando prendas teñidas con este colorante natural.
En aquellos primeros años trabajaban con proveedores que les suministraban las piezas confeccionadas y el añil que necesitaban para teñirlas. Sin embargo, la escasez de materia prima registrada en un invierno con pocas lluvias cambió el rumbo del proyecto.
Fue entonces cuando decidieron dar un paso más y producir su propio añil.

De la necesidad nació un proyecto familiar
En 2018 adquirieron la propiedad donde actualmente funciona Casa del Añil. Desde ese momento comenzaron a sembrar jiquilite y a construir los obrajes donde se realiza el proceso tradicional de extracción del colorante.
La apuesta no solo consistía en asegurar el abastecimiento para sus productos, sino también en completar toda la cadena de producción.

Con el paso de los años dejaron de depender de terceros y hoy realizan cada etapa, desde el cultivo de la planta hasta el diseño, confección y teñido de prendas artesanales.
"Nuestro rubro principalmente es el añil, en el cual trabajamos todos los productos, desde una camiseta hasta un vestido", comenta Zelaya.
Actualmente elaboran diferentes piezas textiles y accesorios teñidos con añil natural, manteniendo un proceso artesanal que busca conservar las técnicas tradicionales.

Pero además decidieron abrir las puertas de la propiedad para que otras personas puedan conocer de cerca cómo nace este emblemático color azul.
Una experiencia para conocer el detrás del producto
Casa del Añil no funciona únicamente como taller de producción.
El lugar ofrece experiencias vivenciales para quienes desean aprender sobre el proceso del añil y elaborar su propia pieza artesanal.
Durante el recorrido los visitantes conocen los cultivos de jiquilite, observan la extracción del colorante, recorren las áreas donde se confeccionan las prendas y participan en el teñido de diferentes productos.

Las opciones incluyen elaborar un pañuelo, una camiseta, un chal o una bufanda, entre otras piezas.
Los paquetes tienen precios desde $9.50 hasta $30, dependiendo del producto seleccionado, e incluyen los materiales necesarios para realizar la experiencia.
Quienes únicamente desean conocer las instalaciones y el proceso pueden ingresar pagando una entrada de un dólar.

La atención se brinda de lunes a viernes, de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, mientras que los fines de semana reciben visitantes mediante reservación.
Para Zelaya, uno de los principales objetivos es que quienes participan comprendan el trabajo que existe detrás de cada prenda.
"Cuando ya lo hacen dicen: no me imaginaba todo lo que había que hacer", señala.
El cultivo que depende del invierno
Detrás del intenso azul que caracteriza al añil existe un proceso agrícola que depende, en gran medida, del comportamiento del clima.
El jiquilite puede sembrarse directamente en el suelo o producirse inicialmente en almácigos antes del trasplante.

Una vez establecida la planta, el principal cuidado consiste en mantener libre de maleza el cultivo.
Ese trabajo se realiza de forma manual.
Aunque utilizan motoguadañas para limpiar los alrededores, cerca de cada planta el mantenimiento continúa haciéndose cuidadosamente a mano para evitar dañarla.

Incluso dejan parte de la vegetación alrededor como protección natural frente a lluvias fuertes que podrían doblar los tallos.
La planta también enfrenta otros desafíos.
Durante este año han detectado la presencia de plagas, como ácaros, que afectan las hojas y pueden comprometer el desarrollo del cultivo.
Aun así, después de cada corte la planta vuelve a rebrotar.

En condiciones favorables pueden obtener dos cosechas, e incluso una tercera si el invierno se prolonga con suficientes lluvias.
El crecimiento completo tarda alrededor de cuatro meses.
Por eso, la mayor producción suele concentrarse entre julio y agosto, cuando las lluvias favorecen el desarrollo del cultivo.
Un proceso completamente natural
Una vez cortada la planta comienza otra etapa igual de importante.
Las hojas de jiquilite se colocan en grandes pilas llenas de agua, donde permanecen aproximadamente 20 horas durante el proceso de fermentación.
Es allí donde la planta libera la indigotina, el compuesto responsable del característico color azul.
Posteriormente el líquido pasa a otra pila donde se oxigena durante aproximadamente dos o tres horas.
Mediante el movimiento constante con paletas ocurre la transformación que permite obtener el colorante.

Todo el proceso se realiza únicamente con agua.
No se agregan químicos para extraer el pigmento.
Según explica Zelaya, la fermentación y la oxigenación son suficientes para lograr la transformación natural del color.
En una producción promedio, cada procesamiento puede generar alrededor de dos kilogramos de añil.
Actualmente el equipo también realiza pruebas para determinar si utilizando menor cantidad de planta pueden obtener el mismo rendimiento del colorante.
Un legado que sigue creciendo
Aunque el proyecto ha evolucionado durante casi dos décadas desde el nacimiento de Azul Nonualco, sus impulsores aseguran que el crecimiento ha sido gradual y siempre enfocado en mantener la calidad del trabajo artesanal.
Por ahora abastecen principalmente el mercado nacional.
Muchos de sus clientes son turistas y salvadoreños residentes en el extranjero que visitan el país y buscan llevar consigo una pieza elaborada con uno de los tintes naturales más representativos de la historia salvadoreña.

Si bien contemplan ampliar el área cultivada en el futuro, reconocen que el mantenimiento de las plantaciones requiere una importante inversión en mano de obra y depende directamente del comportamiento del invierno.
Mientras ese momento llega, Casa del Añil continúa apostando por algo que trasciende la producción de un colorante.
Cada prenda teñida, cada recorrido guiado y cada visitante que participa en el proceso representa una oportunidad para acercarse a un conocimiento que durante generaciones ha formado parte del patrimonio cultural salvadoreño.
En un rincón de Santiago Nonualco, donde el azul nace de la tierra, el agua y el trabajo paciente de manos artesanas, una tradición que marcó la historia económica y cultural del país sigue encontrando nuevas formas de mantenerse viva y de ser compartida con quienes desean descubrir el verdadero origen del añil salvadoreño.
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