¿Por qué hay mucho riesgo en la siembra de eucaliptos y pinos?
Las plantaciones de eucaliptos y pinos pueden traer graves consecuencias al medio ambiente si su siembra no se analiza como corresponde previamente
Las plantaciones de eucaliptos y pinos pueden disminuir el caudal de los ríos, consumir reservas de humedad del suelo y, en determinadas condiciones, hacer descender el nivel freático.
Las investigaciones en inglés y portugués documentan estos efectos, especialmente cuando grandes superficies de árboles sustituyen pastizales u otra vegetación de menor consumo hídrico.
Sin embargo, no respaldan que cualquier ejemplar seque inevitablemente los pozos de sus alrededores: el impacto depende de la especie, el clima, la densidad y la conexión con el agua subterránea.
La escala resulta decisiva. Plantar un árbol en un jardín no equivale a establecer cientos de hectáreas de una misma especie. Tampoco es comparable sustituir un ecosistema natural con recuperar un terreno degradado, porque cada cambio modifica de manera diferente el balance entre lluvia, evaporación, almacenamiento y escurrimiento.
Además, «eucalipto» y «pino» agrupan numerosas especies con comportamientos distintos. Algunas pertenecen naturalmente a los ecosistemas donde crecen, mientras otras se introducen para producir madera. Las desventajas deben evaluarse a partir de esa diferencia y de las condiciones concretas del lugar.
Cuándo pueden bajar los caudales y el nivel freático
Los árboles absorben agua mediante sus raíces y liberan parte de ella a la atmósfera por transpiración. Sus copas también interceptan lluvia que puede evaporarse antes de alcanzar el suelo. Cuando aumenta la evapotranspiración, puede quedar menos agua disponible para alimentar cursos superficiales y recargar acuíferos.
Por eso, mejorar la infiltración no garantiza automáticamente una mayor recarga subterránea. El agua que penetra en el suelo puede volver a la atmósfera a través de la vegetación antes de alcanzar las reservas profundas. Es necesario estudiar ambos procesos conjuntamente.
Una síntesis internacional publicada en 2005, basada en más de 600 observaciones, encuentra una reducción media del 52 % en el caudal tras establecer plantaciones forestales. En el 13 % de los casos analizados, los cursos de agua se secan durante al menos un año.
Esas cifras describen el conjunto estudiado y no constituyen una predicción para cualquier terreno. Su importancia radica en demostrar que plantar árboles puede tener un costo hídrico y que aumentar la cobertura arbórea no siempre incrementa el agua disponible.
La evidencia sobre agua subterránea también incluye una investigación en siete cuencas del sureste australiano. Durante el período 2011–2016, los niveles permanecen estables en las áreas de pastizales estudiadas, mientras descienden en las cuencas con plantaciones de Eucalyptus globulus.

En esas plantaciones, la evapotranspiración estimada supera la precipitación, algo que los investigadores atribuyen al aprovechamiento de agua subterránea por las raíces en partes de las cuencas. Sin embargo, el trabajo no encuentra una diferencia anual de caudal claramente atribuible al uso del suelo, lo que muestra la importancia de la geología y de las conexiones hidrológicas.
Los pinos tampoco quedan fuera del problema. Experimentos de cuencas en Sudáfrica documentan reducciones del rendimiento hídrico tanto con pinos como con eucaliptos. La magnitud y el momento de mayor impacto cambian conforme crecen y envejecen las plantaciones.
Incluso la comparación entre ambos necesita cautela. Un estudio publicado en 2023 registra que los pinos analizados transpiran más que los eucaliptos durante el primer año de medición y no encuentra diferencias significativas durante el segundo. Los autores advierten que hacen falta observaciones prolongadas para evaluar el balance completo.
Por tanto, sí existe fundamento para preocuparse por pozos y manantiales cuando una plantación afecta las reservas que los abastecen. Lo que no puede establecerse sin estudios locales es un radio universal dentro del cual todos los vecinos perderán agua.
También debe distinguirse cantidad de calidad. Un descenso del nivel freático puede comprometer el abastecimiento, pero no demuestra por sí mismo que el agua restante haya dejado de ser potable. Esa condición requiere análisis específicos de calidad.
Los efectos también alcanzan al suelo y a la biodiversidad
Las desventajas no terminan en el consumo de agua. Un metaanálisis de 227 estudios realizados en 33 países encuentra que, frente a vegetación nativa no eucaliptal, los eucaliptos se asocian con menor humedad del suelo, menor abundancia de microorganismos y reducción de determinados nutrientes.
El mismo análisis muestra que los resultados dependen del sistema utilizado como comparación. Algunas diferencias desaparecen cuando se contrastan eucaliptos con otras plantaciones o actividades agropecuarias. Tampoco identifica un efecto uniforme sobre el pH, por lo que no corresponde afirmar que siempre acidifican el terreno.
El manejo agrega otros riesgos. La maquinaria de cosecha puede compactar el suelo y reducir la infiltración. Sustituir vegetación natural por una plantación productiva también modifica procesos ecológicos que no se recuperan simplemente porque el terreno conserve árboles.
En ciertos ambientes, algunos pinos introducidos pueden dispersarse fuera del área cultivada. Documentos brasileños identifican invasiones en campos naturales y dunas, donde su expansión transforma la vegetación y exige medidas de control. Esa condición depende de la especie y del ecosistema receptor.
El fuego constituye otra preocupación. La planificación forestal portuguesa señala la inflamabilidad de Eucalyptus globulus por los aceites de sus hojas. Sin embargo, el peligro de una plantación también depende de la sequedad, la acumulación de combustible y su manejo, no únicamente del nombre del árbol.
La evaluación previa debe considerar qué vegetación se reemplaza, cuánto llueve, cuánta superficie se plantará y cómo se conectan los suelos con los pozos y manantiales. La revisión científica en portugués coincide en que la especie, el ambiente y el manejo deben analizarse a escala de microcuenca.
Para determinar responsabilidades ante una reducción del abastecimiento se necesitan registros de lluvias, caudales, niveles de pozos y extracción de agua. Esa información permite distinguir el efecto de una plantación del provocado por sequías, bombeo u otros cambios en el territorio.
TAGS: Agua lluvia | Agua Potable | Árboles | Biología | El Salvador | Escasez de agua | Suelo
