¿Sabes cómo llegó el aire frío a El Salvador, desde dónde proviene y por qué ocurre?
El ingreso de aire frío al país no es casual. Un científico explica cómo el cambio climático altera la corriente polar y empuja masas frías desde el Ártico.
Por
Evelyn Alas
Publicado el 04 de febrero de 2026
El reciente ingreso de aire frío a El Salvador tiene su origen en el círculo polar ártico y está vinculado directamente al cambio climático, explicó el doctor Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA). El calentamiento global ha incrementado la energía de la atmósfera, provocando que la corriente en chorro polar se vuelva más ondulante. Estas ondulaciones permiten que masas de aire extremadamente frío desciendan hacia latitudes más bajas, alcanzando regiones donde antes era poco común. Navarro advierte que este fenómeno es una señal clara de la alteración del sistema climático global.
El aumento de la energía en la atmósfera está provocando ondulaciones extremas en la corriente polar, permitiendo que masas de aire frío del Ártico desciendan hasta Centroamérica, advierte el Dr. Ricardo Navarro, presidente de CESTA.
El ingreso de aire frío al territorio salvadoreño, un fenómeno que antes era poco frecuente, tiene su origen a miles de kilómetros de distancia: en el círculo polar ártico. Así lo explicó el doctor Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), al detallar cómo el cambio climático está modificando el comportamiento natural de la atmósfera.
Navarro recordó que el Sol calienta con mayor intensidad la zona ecuatorial del planeta, lo que provoca que el aire caliente ascienda. Ese vacío es ocupado por aire proveniente del norte, en un proceso natural que regula el clima global. Sin embargo, el problema actual es que la humanidad ha incrementado de forma artificial la energía de la atmósfera, principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero.
“La prueba es clara: la temperatura global sigue aumentando”, señaló el científico.
Corriente polar más ondulante y eventos extremos
Uno de los efectos más preocupantes de este calentamiento es la alteración de la corriente en chorro polar, una franja de vientos que normalmente mantiene el aire frío confinado en las regiones polares. Según Navarro, al aumentar la energía del sistema atmosférico, esta corriente se vuelve más ondulante, lo que permite que grandes masas de aire frío se desplacen hacia el sur.
“Cada vez que esa ondulación se intensifica, se ‘lanza’ aire del polo norte hacia latitudes más bajas, como las nuestras”, explicó.
Este fenómeno ayuda a entender por qué El Salvador y otros países de Centroamérica están experimentando descensos inusuales de temperatura, así como cambios bruscos en los patrones climáticos.
El umbral de 1.5 °C se acerca más rápido de lo previsto
Navarro también citó datos del sistema Copernicus, el programa de observación climática de la Unión Europea, que utiliza promedios de 30 años para determinar cuándo el planeta supera ciertos umbrales de calentamiento.
En 2015, los científicos estimaban que el aumento de 1.5 grados Celsius respecto a la era preindustrial se alcanzaría alrededor del año 2042. Hoy, esa proyección ha cambiado drásticamente.
“Ahora se habla de marzo de 2029”, advirtió.

De crisis hídrica a bancarrota hídrica
A este escenario se suma una advertencia aún más alarmante. La Universidad de las Naciones Unidas publicó recientemente un informe en el que propone dejar de hablar de “estrés hídrico” o “crisis hídrica” y comenzar a usar el término “bancarrota hídrica”.
El documento señala que muchos acuíferos ya han sido destruidos y no podrán recuperarse en escalas de tiempo humanas, lo que pone en riesgo el abastecimiento de agua para millones de personas.
Un planeta en cuenta regresiva
Navarro también mencionó el Reloj del Juicio Final, que actualmente marca 85 segundos para la medianoche, el punto simbólico del colapso global. Tradicionalmente, este reloj consideraba amenazas como la guerra nuclear, pero ahora incluye tres factores clave: armas nucleares, cambio climático y tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial.
“Pensar que esto es alarmismo o apocalipsis es cerrar los ojos. La ciencia está mostrando señales claras”, concluyó.
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