Pachita Tennant, primera Reina de las Fiestas Agostinas, fue coronada hace 90 años
Pachita Tennant, la joven capitalina, fue coronada el 25 de julio de 1936 por el presidente Maximiliano Hernández Martínez.
Hace 90 años, una joven de 17 años se convirtió en la primera soberana oficial de las Fiestas Agostinas de San Salvador. Su nombre era Ruth Paulita "Pachita" Tennant Mejía, una capitalina que, casi ocho décadas después, todavía recordaba con claridad el día en que miles de personas abarrotaron las calles para verla pasar.
Pachita Tennant fue coronada el 25 de julio de 1936, en una ceremonia realizada frente al Palacio Nacional, en la entonces plaza Bolívar, hoy plaza Gerardo Barrios. La corona le fue colocada por el presidente Maximiliano Hernández Martínez, quien además le entregó el cetro que la acreditó como Reina de las Fiestas Agostinas.

Curiosamente, la joven no esperaba ese reconocimiento. Días antes había participado en el certamen para elegir a la Reina de los Estudiantes, donde era considerada una de las favoritas. Sin embargo, perdió la elección por apenas 18 votos frente a Ruth Deneque.
La derrota la afectó profundamente. Según recordó años después en una entrevista concedida a El Diario de Hoy, fue su abuelo quien la consoló con una frase que nunca olvidó: "No importa ganar o perder, sino ser grande en la batalla". Poco después comprendió que el destino le tenía reservada una distinción aún mayor: representar a toda la capital durante sus fiestas patronales.
Una carroza cubierta con cinco mil gardenias
La tarde de la coronación quedó grabada para siempre en su memoria. Pachita recorrió las principales calles del centro de San Salvador en una carroza halada por caballos y decorada con cinco mil gardenias, mientras miles de personas la saludaban a su paso.
Una de las anécdotas que más le gustaba contar era que, desde lo alto de la carroza, creyó que la multitud se reía de ella. Con el tiempo descubrió la verdadera razón. Los pequeños pajes y damitas que la acompañaban comenzaron a marearse por el intenso aroma de las miles de flores que adornaban el carruaje, provocando sonrisas entre los asistentes.
Aquel desfile culminó frente al Palacio Nacional, donde tomó posesión de su trono. Tras recibir la corona y el cetro, dos poetas salvadoreños le dedicaron versos de salutación. "Estaba muy emocionada. Toda la gente tenía los ojos puestos en mí. Esos son momentos que nunca olvidaré", recordó.

El gran baile en el Palacio Nacional
La celebración continuó esa misma noche con un elegante baile de gala realizado dentro del Palacio Nacional. Según contaba Pachita, los dos niveles del edificio estaban completamente llenos de invitados.
La velada fue amenizada por ocho marimbas, pero el baile no inició hasta que la reina abrió oficialmente la pista junto al gobernador. Aquella noche confirmó que su vida había cambiado para siempre.
La reina que todos creían de verdad
Pachita se convirtió en una figura muy querida entre los capitalinos. Cada vez que asistía a actividades públicas, la banda regimental interpretaba el paso doble "Tirana", una melodía que terminó identificándola durante años.
La propia exreina recordaba con cariño otra escena que vivió en aquellos días. Después de su coronación y el baile, los niños que la veían pasar se acercaban para tocarla porque pensaban que era una reina auténtica, como las de los cuentos.
Además, cada vez que recordaba aquel reinado, Pachita también volvía, con nostalgia, al San Salvador de su juventud. "San Salvador era pequeño; la gente era cariñosa, amable y respetuosa", evocaba al rememorar la capital que la vio convertirse en la primera Reina de las Fiestas Agostinas.

Una vida llena de experiencias
Tras su reinado, Pachita Tennant dedicó parte de su vida a obras benéficas como integrante de la Guardia del Sagrado Corazón de Jesús y tuvo la oportunidad de viajar por Europa, Sudamérica y Estados Unidos. Además, se casó con el estadounidense Fredrick Pike, con quien tuvo tres hijos.
A lo largo de su vida conoció a numerosas personalidades internacionales. Entre ellas mencionaba al astronauta Neil Armstrong, primer hombre en caminar sobre la Luna; además participó como chaperona oficial de dos candidatas durante Miss Universo 1975, celebrado en El Salvador, y estuvo cerca del papa Juan Pablo II durante una visita a Italia.

Otra de sus joyas personales era un álbum de visitas iniciado en 1949, donde conservó durante décadas mensajes y firmas de intelectuales y artistas como Hugo Lindo y Toño Salazar.
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