Mapa

Terremoto en Colombia TPS Juegos Empleos El Salvador Viviendas El Salvador Centro Histórico

Los vitrales del Don Rúa vuelven a brillar: una restauración que rescata arte, fe y memoria

Los vitrales del Don Rúa recobran su brillo con una restauración que protege arte sacro, memoria y devoción en uno de los templos emblemáticos de San Salvador.

Avatar del autor
0:00
Escuchar artículo
Resumen del artículo:

El templo Don Rúa avanza en la restauración de sus históricos vitrales, piezas instaladas entre las décadas de 1960 que narran escenas religiosas y la vida de Don Bosco. Hasta ahora han sido restaurados 48 de los 155 vitrales del recinto, algunos afectados por cristales quebrados, óxido, suciedad y estructuras debilitadas. El trabajo ha involucrado a especialistas nacionales y extranjeros, además del apoyo económico de familias y feligreses. Entre las piezas más valiosas destacan los vitrales marianos, de más de cuatro metros de altura, cuya recuperación busca preservar un importante patrimonio artístico y religioso de San Salvador para futuras generaciones.

Entrar al templo Don Rúa y levantar la mirada es encontrarse con una historia contada en vidrio, color y luz. Ángeles, advocaciones marianas, escenas de la vida de Don Bosco y pasajes de la historia de la salvación forman parte de un patrimonio que ha acompañado a generaciones de salvadoreños. Hoy, esas piezas atraviesa un proceso de restauración que busca evitar que el tiempo, el polvo y los daños estructurales terminen por borrar una de las expresiones de arte sacro más llamativas del templo.

El padre Mauricio Dada, párroco del lugar, explica que los trabajos comenzaron en 2025 con la restauración de ocho vitrales del cupulín, la cúpula pequeña. Después, la intervención avanzó hacia las piezas ubicadas en la parte baja del templo, donde se narran episodios vinculados con María Auxiliadora y la vida de Don Bosco.

No se trata de vitrales nuevos. Todos los que han sido intervenidos hasta ahora son piezas originales que han tenido que ser desmontadas, limpiadas, reparadas y reconstruidas en las partes dañadas. Hasta el momento, según el párroco, se han restaurado 48 vitrales, aunque el templo cuenta con 155.

El deterioro acumulado no es poca cosa. Hay cristales quebrados, piezas que se han desprendido o están a punto de caer, cañuelas abiertas —las estructuras que unen los vidrios— y elementos metálicos afectados por el óxido. A eso se suma la suciedad de entre seis y siete décadas: polvo y hollín pegados a la superficie, que requieren un trabajo cuidadoso de cepillado y limpieza.

Restauración de vitrales de la iglesia María Auxiliadora "Don Rúa" ubicada en El Barrio San Miguelito del distrito de San Salvador.
La empresa salvadoreña Vitrales By Margarita Llort también forma parte de la restauración de los vitrales del templo. Foto EDH/ Archivo.

Los vitrales habrían sido instalados entre 1965 y 1968. En todo ese tiempo, explica Dada, no habían tenido una restauración integral. Hubo intervenciones pequeñas y, probablemente después del terremoto de 1986, algunas piezas fueron atendidas de manera parcial. Pero el proceso actual es más amplio y responde a una urgencia: evitar que el patrimonio se siga perdiendo.

Uno de los conjuntos más delicados es el de los 16 vitrales marianos. Diez ya han sido restaurados y todavía faltan seis. Estas piezas, de aproximadamente 4.30 metros de alto, representan distintas advocaciones, entre ellas Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la Inmaculada Concepción, la Virgen del Carmen, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Fátima, Nuestra Señora de la Paz, Lourdes y Suyapa.

Ahí también aparece una historia bien salvadoreña: la restauración se ha sostenido con aportes de familias, bienhechores y feligreses. El vitral de Nuestra Señora de Suyapa, por ejemplo, fue financiado por familias hondureñas cercanas a la obra de Don Bosco. El de Nuestra Señora de la Paz se restauró con donativos de los fieles de la parroquia, quienes entregaron un “regalo para la Virgen” con motivo de su cumpleaños.

Ese detalle convierte el rescate patrimonial en algo más cercano. No es únicamente una obra técnica realizada por especialistas; también es una recuperación en la que la comunidad siente que pone su granito de arena. Algunas personas colaboran incluso por devoción particular a una advocación mariana.

Restauración de vitrales de la iglesia María Auxiliadora "Don Rúa" ubicada en El Barrio San Miguelito del distrito de San Salvador.
Vitrales Llort está encargado restaurar todos los vitrales de la cúpula central del templo. Foto EDH/Emerson Del Cid

Dos equipos han participado en los trabajos. El colombiano Carlos Rincón restauró buena parte de los vitrales inferiores y también intervino dos grandes rosetones. La empresa Vitrales del Salvador, encabezada por Margarita Yord, ha trabajado especialmente con los vitrales marianos. Según el padre Dada, la complejidad y el costo aumentan por el tamaño de las piezas, la cantidad de detalles y el estado del cristal.

La tarea todavía va para largo. Además de los vitrales marianos pendientes, falta revisar decenas de piezas ubicadas en las zonas superiores del templo. Solo en la nave hay 36 vitrales arriba, y existen otros conjuntos dedicados a ángeles, arcángeles, sacramentos y letanías. El problema es que una restauración no se puede hacer allá arriba: cada vitral debe bajarse, y ese proceso también representa un gasto fuerte.

Restauración de vitrales de la iglesia María Auxiliadora "Don Rúa" ubicada en El Barrio San Miguelito del distrito de San Salvador.
El párroco Mauricio Dada explicó que los principales vitrales a restaurar son las 16 figuras marianas que forman parte de la cúpula. Foto EDH/Emerson Del Cid

Para el párroco, el Don Rúa es un templo emblemático, visible desde distintos puntos de la ciudad y visitado por personas que llegan de todos los departamentos. Esa condición hace que la restauración tenga un valor que va más allá de lo religioso.

Conservar estos vitrales es cuidar una parte de la memoria visual de San Salvador. Cada vidrio restaurado devuelve color al templo, pero también protege una obra que ha sobrevivido terremotos, décadas de polvo y el desgaste natural del tiempo. En un país donde tantas piezas patrimoniales han desaparecido o se han deteriorado, que estos vitrales vuelvan a brillar es, de alguna manera, una forma de no dejar que la historia se nos caiga a pedazos.