Mapa

Especial Mundial 2026 Terremotos Lluvias Hospital Rosales Empleos El Salvador Viviendas El Salvador Centro Histórico

Banner versión desktop Banner versión móvil

¿Por qué hay tantos 'chelitos' o 'zarcos' en Chalatenango? Esta es la respuesta

Los habitantes del norte de Chalatenango son reconocidos por sus ojos claros, cabello canche y piel blanca. Conocé la historia detrás de esta singular característica.

Avatar del autor
0:00
Escuchar artículo
Resumen del artículo:

Los pobladores del norte de Chalatenango son conocidos por sus rasgos físicos, como la piel blanca, el cabello canche y los ojos claros, una característica que ha despertado curiosidad durante generaciones. La nota reúne testimonios de habitantes de comunidades como Ojos de Agua, El Portillo y El Zapotal, además de los aportes de historiadores, antropólogos e investigadores que han estudiado este fenómeno. También recorre parte de la historia de la región y muestra cómo estas comunidades han conservado su identidad a lo largo del tiempo, convirtiéndose en uno de los rasgos más distintivos del patrimonio humano y cultural salvadoreño.

En El Salvador, basta con que una persona de piel blanca, cabello 'rubio' y ojos claros o 'zarcos' camine por una calle de San Salvador para escuchar la misma pregunta: "¿Sos de Chalate?". La asociación se ha convertido en parte del imaginario popular y tiene un trasfondo histórico que investigadores e historiadores han estudiado durante décadas.

Aunque la población con estos rasgos representa una minoría en el país, diversas investigaciones coinciden en que su concentración es mayor en la zona norte de Chalatenango, especialmente en distritos como Ojos de Agua, El Carrizal, Dulce Nombre de María y comunidades cercanas a la frontera con Honduras.

"En El Tablón, en El Zapotal, hay bastante gente blanca. Mi abuela, por ejemplo, venía del lado de Petapa. Era bien zarquita, bien blanquita. Todavía recuerdo sus ojitos verdecitos", relató Reina Ayala, vecina de Ojos de Agua. Al preguntarle si aún existen familiares con esos rasgos, responde sin dudar: "Sí, tengo primas y primos que son chelitos".

Familias de comunidades del norte de Chalatenango conservan rasgos físicos que han despertado curiosidad y forman parte de la historia de la región. Fotografía/ elsalvador.com
Familias de comunidades del norte de Chalatenango conservan rasgos físicos que han despertado curiosidad y forman parte de la historia de la región. Fotografía/ elsalvador.com

Una historia que se remonta a la Colonia

Una de las explicaciones más difundidas apunta al barón Francisco Luis Héctor de Carondelet, gobernador del Reino de Guatemala entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Según recoge el historiador Jorge Lardé y Larín en El Salvador: historia de sus pueblos, villas y ciudades, al funcionario español se le atribuye haber impulsado el establecimiento de familias europeas en Chalatenango hacia 1791.

La obra cita al geógrafo Guillermo Dawson, quien señala que Chalatenango era "una población indígena mandada poblar de gente blanca" durante la administración de Carondelet. La referencia también aparece en investigaciones del historiador Sajid Alfredo Herrera Mena, quien documenta la presencia de familias españolas asentadas en distintos puntos de la entonces Intendencia de San Salvador.

Niños y adultos de comunidades del norte de Chalatenango conservan rasgos como piel blanca, cabello claro y ojos de tonalidades verdes, azules o miel. Fotografía/ elsalvador.com
Niños y adultos de comunidades del norte de Chalatenango conservan rasgos como piel blanca, cabello claro y ojos de tonalidades verdes, azules o miel. Fotografía/ elsalvador.com

El auge del añil también influyó

Pero la explicación no depende únicamente del gobernador español. El historiador Ricardo Castellón, en Secretos de familia. La familia y su movilidad en El Salvador colonial, sostiene que durante el auge de la industria añilera, a finales del siglo XVIII, los curatos de Chalatenango y Tejutla recibieron migrantes procedentes de Guatemala y Honduras.

Muchos de ellos eran familias españolas o descendientes de europeos que buscaban oportunidades económicas en la producción del añil. El antropólogo Ramón Rivas también ha señalado que ese movimiento poblacional contribuyó a poblar el norte del territorio salvadoreño con personas de ascendencia europea.

Comunidades que permanecieron aisladas

Otro elemento que ayuda a explicar la permanencia de esos rasgos físicos es el aislamiento geográfico. El investigador Carlos Cañas Dinarte sostiene que muchas de estas comunidades permanecieron relativamente incomunicadas durante generaciones debido al relieve montañoso del norte chalateco.

La limitada movilidad favoreció que numerosas familias emparentaran entre sí durante décadas, preservando características como la piel clara, el cabello rubio o castaño claro y los ojos verdes, azules o amielados.

Esa realidad todavía puede observarse en cantones como El Portillo y El Zapotal, en Ojos de Agua, donde predominan algunos apellidos tradicionales y muchos habitantes comparten vínculos familiares.

Silvio Calderón, panadero de Ojos de Agua, en Chalatenango es pelirrojo, pecoso y ojos color miel. Fotografía/ elsalvador.com
Silvio Calderón, panadero de Ojos de Agua, en Chalatenango es pelirrojo, pecoso y ojos color miel. Fotografía/ elsalvador.com

Un paisaje que favoreció el aislamiento

Además, la geografía también explica parte del fenómeno. La zona está rodeada por montañas, barrancos y caminos que durante mucho tiempo dificultaron la comunicación con el resto del país.

La reserva forestal La Montañona, que abarca varios distritos de Chalatenango, refleja ese paisaje accidentado que durante siglos limitó los desplazamientos y contribuyó al aislamiento de muchas comunidades. Fue con la expansión de la red vial durante el siglo XX cuando estas poblaciones comenzaron a tener mayor contacto con otras regiones del país.

**Con reportaje de EDH