Amparito, 40 años de pupusas y tradición en el Mercado Central de San Salvador
Amparo de Alas llega cada mañana al Mercado Central para preparar las pupusas que han acompañado a generaciones de salvadoreños. A sus 74 años, asegura que el secreto sigue siendo el mismo.
Por
Leidy Puente
Publicado el 07 de mayo de 2026
Amparo de Alas lleva 40 años trabajando en el Mercado Central de San Salvador, donde convirtió un pequeño puesto de pupusas en el sustento de toda su familia. A sus 74 años, todavía llega cada día a supervisar el negocio que ahora también manejan sus hijas y nieta. Ella recuerda que comenzó cuando el chicharrón y el queso aún se molían en piedra y asegura que el secreto de sus pupusas sigue siendo el mismo: “ponerles amor”. Sus hijas, que crecieron ayudándole en el mercado, destacan que les enseñó a trabajar y luchar por salir adelante.
En el pabellón 7 del Mercado Central de San Salvador, entre el ruido de los vendedores y clientes que llegan a desayunar desde muy temprano, funciona “Amparito”, una pupusería que durante más de 40 años ha formado parte de la rutina de muchas familias en el corazón de la capital.
El negocio pertenece a Amparo de Alas, una comerciante de 74 años que todavía llega todos los días a supervisar el trabajo en los locales 37 y 38 del mercado. Aunque ya no pasa largas jornadas frente a la plancha, sigue pendiente del sabor, la cocina y la atención a los clientes.

A las 5:00 de la mañana comienza la actividad en el puesto. Una de sus nietas llega temprano para adelantar la preparación y, un poco después, aparece doña Amparo, pide su leche caliente y empieza a revisar cómo marcha el día.
“Yo ya no puedo hacer tanta pupusa porque el fuego me hace daño, pero siempre vengo a ver cómo están las cosas”, comenta.

Cuando inició en el negocio, el trabajo era mucho más pesado. Varios ingredientes todavía se preparaban de manera artesanal y todo requería más tiempo. “Antes se molía en piedra el maíz, el chicharrón y el queso”, recuerda.
Aunque nunca imaginó específicamente dedicarse a las pupusas, sí tenía claro que quería trabajar por cuenta propia. “Desde chiquita yo sabía que iba a tener negocio”, cuenta con emoción.

Con el paso de los años, “Amparito” fue creciendo poco a poco. Según explica, las mejoras llegaron conforme aumentaban las ventas y el negocio se hacía más conocido entre los clientes. “Según como va el negocio, lo vamos poniendo bonito para que llame la atención”, expresa.
En el menú ofrecen las pupusas tradicionales y de especialidad, como las de ajo, jalapeño, ayote, loroco y las famosas "locas". Los fines de semana son los días más fuertes y, según detalla Amparo, hay ocasiones en las que pierden la cuenta de cuántas preparan.
“Los sábados y domingos se hacen barbaridades”, dice entre risas. Incluso recuerda pedidos de hasta 400 pupusas para reuniones y celebraciones familiares.

No obstante, el negocio no solo le ha permitido sacar adelante a su familia. También se convirtió en el lugar donde crecieron sus hijas, quienes aprendieron el oficio ayudándole en el mercado.
Nancy Alas, la hija menor de Amparo, recuerda que cuando hacía falta personal todas colaboraban en el puesto. “Mi mamá nos crió en esto desde que estábamos chiquitas”, relató.

Lavaban trastes, atendían clientes y apoyaban en cualquier tarea necesaria. Con el tiempo, ellas continúan ligadas al rubro. Una abrió su propio negocio, otra también trabaja haciendo pupusas y ahora hasta su nieta forman parte del emprendimiento familiar.
“Creo que a todas nos gustó el negocio”, aseguró Nancy.

Aunque las hijas de Amaparo estudiaron carreras profesionales, nunca se alejaron completamente del trabajo familiar.
Nancy describe a su mamá como una mujer fuerte, trabajadora y de carácter firme, alguien que les enseñó a esforzarse para salir adelante.
También considera que una de las principales enseñanzas que recibieron fue aprender a luchar por lo que quieren.

A pesar del cansancio acumulado tras décadas de trabajo, doña Amparo asegura que todavía no piensa retirarse del mercado.
“Hasta que Dios me preste vida y pueda caminar, aquí voy a estar”, expresa.
Y aunque han pasado más de 40 años desde que comenzó en el negocio, sostiene que el secreto de sus pupusas sigue siendo el mismo.
“Les echo un poquito de amor a cada pupusa. Ese es el secreto”, concluye llena de satisfacción.

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