La informalidad laboral marca el empleo en Latinoamérica
El informe del Banco Mundial clasifica como población pobre a quienes se encuentran bajo la línea de $8,30 diarios.
La mayoría de los trabajadores pobres en América Latina y el Caribe está fuera del empleo formal. El informe “Tendencias recientes de pobreza y desigualdad América Latina y el Caribe”, del Grupo Banco Mundial, registra que el 83,4% de los trabajadores pobres tenía empleos informales en 2024.
El dato forma parte del perfil socioeconómico de las personas pobres, vulnerables y de clase media en la región. En el documento, la informalidad laboral se mide como la proporción de trabajadores sin aportes a pensiones, dentro de la población ocupada de 15 a 64 años.
Qué significa estar en la informalidad
El Grupo Banco Mundial define la informalidad laboral como la proporción de trabajadores que no cuentan con aportes a pensiones. A partir de esa medición, el informe muestra que la informalidad se concentra con mayor fuerza entre quienes están en situación de pobreza.
El reporte señala que el empleo informal suele estar asociado con menor productividad, beneficios limitados y mecanismos de protección social más débiles. También indica que esta condición contribuye a un círculo de pobreza y empleos de baja calidad.

El dato dentro del perfil de pobreza
La cifra de 83,4% corresponde a trabajadores pobres en 2024. En 2016, el porcentaje era de 80,4%, de acuerdo con el informe, que compara los perfiles socioeconómicos de pobres, vulnerables y clase media en América Latina y el Caribe.
El documento clasifica como población pobre a quienes se encuentran bajo la línea de $8,30 diarios, medida con paridad de poder adquisitivo de 2021. Esa misma tabla muestra que, entre la población pobre, los trabajadores formales representaban el 16,6% en 2024.
La informalidad cambia según la condición económica del hogar
El informe también muestra diferencias entre grupos socioeconómicos. Entre los trabajadores que pertenecen a la población vulnerable, la informalidad llegó al 58,6% en 2024, mientras que en la clase media fue de 32,4%, según los datos presentados por el Grupo Banco Mundial.
En el reporte, la población vulnerable está integrada por personas que no están en pobreza, pero que enfrentan una alta probabilidad de caer en ella. Esa categoría se diferencia de la clase media, que agrupa a personas con baja probabilidad de caer en pobreza.

Más empleo, pero con debilidades laborales persistentes
El Grupo Banco Mundial señala que el mercado laboral en América Latina y el Caribe presenta debilidades estructurales persistentes. El informe indica que, aunque la creación de empleo y el acceso a ocupaciones más calificadas han permitido que los hogares incrementen sus ingresos, la informalidad se ha mantenido o aumentado entre los distintos grupos socioeconómicos.
El informe plantea que el desarrollo económico y la reducción de la pobreza suelen ir acompañados de una transición del trabajo por cuenta propia hacia el trabajo asalariado. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, la proporción de trabajadores asalariados se mantuvo estable e incluso disminuyó entre la población pobre entre 2016 y 2024.
Empleo, ingresos y reducción de pobreza
El informe señala que, entre 2016 y 2024, la reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe se debió principalmente al empleo y a las transferencias públicas. Para ese período, las mejoras del mercado laboral, mediante crecimiento del empleo y de los ingresos laborales, explicaron 3,1 puntos porcentuales de la reducción total de la pobreza.
Durante la recuperación posterior a la pandemia, el reporte indica que más de la mitad de la reducción de la pobreza se debió a un mayor número de empleos y salarios más altos. El Grupo Banco Mundial también advierte que persisten interrogantes sobre la sostenibilidad de ese progreso, debido al estancamiento de la productividad laboral durante la última década.
El reto de generar empleos de calidad
El Grupo Banco Mundial señala que las políticas para generar más y mejores empleos deben abordar tanto los desafíos inmediatos del mercado laboral como las barreras estructurales que han limitado el crecimiento de América Latina y el Caribe durante décadas.
El informe plantea que, por el lado de la oferta, es importante mejorar la calidad de la educación y fortalecer los vínculos entre los programas educativos formales y el sector privado. También menciona reformas orientadas a profundizar los mercados de capitales, mejorar la infraestructura, modernizar los sistemas tributarios y fortalecer las instituciones.
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