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Agricultura sostenible El Salvador.

¿Cómo producir más sin depender de agroquímicos? Así lo están logrando

La agricultura sostenible impulsa mayores ingresos para productores salvadoreños, reduce agroquímicos y fortalece la productividad del campo.

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Resumen del artículo:

La agricultura sostenible está transformando el campo salvadoreño al combinar producción, rentabilidad y conservación ambiental. Entre 2020 y 2025, el Programa de Paisajes Productivos de FIAES impulsó prácticas agroecológicas que permitieron a miles de familias rurales mejorar sus ingresos, reducir el uso de agroquímicos y fortalecer la productividad de sus cultivos. Los participantes incrementaron en promedio $360 por hectárea al año gracias a la diversificación agrícola y al manejo sostenible del suelo. Además de generar empleo y mejorar la fertilidad de las parcelas, estas acciones buscan hacer que la agricultura sea más resiliente frente al cambio climático.

Más del 70% de los productores que participaron en un programa de restauración agrícola ya no utiliza herbicidas, una transformación que también está generando mejores condiciones para producir, reducir costos y proteger los recursos naturales.

Cultivar sin depender tanto de los agroquímicos ya no es solo una meta ambiental. En distintas zonas del país, esta práctica comienza a convertirse en una estrategia para hacer más rentable la producción agrícola y fortalecer la economía de las familias rurales.

Así lo muestran los resultados del Programa de Paisajes Productivos impulsado por el Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador (FIAES), que entre 2020 y 2025 promovió sistemas agrícolas sostenibles en diferentes regiones del país, con énfasis en cultivos de café, granos básicos y ganadería.

Uno de los casos que destaca es el proyecto desarrollado junto con la Empresa Municipal de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Tacuba (EMSAGUAT), donde más del 70 % de los productores dejó de utilizar herbicidas tras adoptar prácticas agroecológicas.

Según FIAES, este cambio ha permitido mejorar la fertilidad del suelo, reducir la dependencia de insumos químicos y fortalecer la producción agrícola mediante técnicas que también favorecen la conservación del agua y la biodiversidad.

Una agricultura que busca producir más con menos químicos

El director ejecutivo de FIAES, Jorge Oviedo, explicó que el objetivo no es dejar de producir, sino transformar la forma en que se cultiva.

"Cuando hablamos de paisajes productivos estamos hablando de una agricultura que puede producir, pero que también conserva el agua, el suelo y la biodiversidad", afirmó.

Entre las prácticas implementadas se encuentran la construcción de zanjas y fosas de infiltración para captar agua lluvia, la conservación de árboles nativos, el uso de cobertura vegetal, la producción de biofertilizantes y la sustitución gradual de agroquímicos por insumos agroecológicos elaborados por los propios agricultores.

Estas medidas buscan que las parcelas sean más resistentes a las sequías, mantengan mejor la humedad y reduzcan la erosión del suelo.

Café de altura destaca por su calidad y tradición en Chalatenango, uno de los principales territorios cafetaleros del país
Café de altura destaca por su calidad y tradición en Chalatenango, uno de los principales territorios cafetaleros del país. / Cortesía Secretaría de Prensa

Más ingresos para las familias

Los resultados también muestran beneficios económicos.

De acuerdo con FIAES, las familias participantes incrementaron en promedio $360 por hectárea al año, gracias a una mayor productividad y a la diversificación de cultivos.

Además del café y los granos básicos, muchos productores incorporaron árboles frutales como mango, guayaba, zapote, níspero y cítricos, lo que les permite generar ingresos adicionales durante diferentes épocas del año.

El gerente de Programas y Proyectos de FIAES, Mariano Alfonso Paca, explicó que la estrategia busca reducir la dependencia de un solo cultivo.

"Ya no dependen únicamente del café o del maíz. También tienen producción de frutas y especies forestales que fortalecen la economía familiar", señaló.

El suelo también produce

Uno de los principales cambios ocurre donde no siempre se puede ver: debajo de la tierra.

Las prácticas agroecológicas favorecen la recuperación de microorganismos, aumentan la materia orgánica y mejoran la capacidad del suelo para retener agua.

Las evaluaciones realizadas por investigadores del proyecto también registraron una mayor fertilidad y mejores condiciones para el desarrollo de los cultivos.

Según los especialistas, estas mejoras permiten que las parcelas sean más resilientes frente a eventos climáticos extremos y reduzcan la necesidad de aplicar fertilizantes químicos.

Para lograr esta calidad los productores deben hacer un manejo integral de las diferentes prácticas y métodos para el control de plagas, insectos y aplicación de abonos orgánicos para que aplicar un producto químico sea la última opción porque se llegó a un nivel crítico de plagas. Foto EDH/ Jessica Orellana

Un beneficio que también llega al agua

Las acciones implementadas no solo benefician a las fincas.

FIAES informó que las obras de conservación de suelo y agua han incrementado la infiltración hacia los mantos acuíferos y mejorado el caudal de algunos nacimientos en las zonas intervenidas.

Esto cobra especial importancia en territorios donde el abastecimiento de agua depende directamente de las microcuencas protegidas por los productores.

En Tacuba, por ejemplo, EMSAGUAT participa en el programa porque la conservación de estas áreas también garantiza el suministro de agua potable para la población.

Un modelo que combina producción y conservación

Durante el quinquenio 2020-2025, FIAES ejecutó 62 proyectos que permitieron restaurar y manejar sosteniblemente más de 9,730 hectáreas mediante sistemas agroforestales, silvopastoriles y restauración de bosques.

Las acciones se desarrollaron en territorios como la Reserva de Biosfera Apaneca-Ilamatepec, El Imposible-Barra de Santiago, Cerrón Grande, Tecapa-Chinameca, Golfo de Fonseca y Nahuaterique.

Según la institución, este modelo busca demostrar que es posible producir alimentos, mejorar los ingresos familiares y conservar los recursos naturales al mismo tiempo.

Para los responsables del programa, la agricultura sostenible no representa únicamente un beneficio ambiental, sino una alternativa para fortalecer el futuro del campo salvadoreño, reducir costos de producción y hacer que las fincas sean más resistentes frente al cambio climático.