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Beisbolista Mariano Rivera, una historia de superación: “Decidí nunca renunciar”

El mejor cerrador de todos los tiempos está en El Salvador y brindó una ponencia motivacional que superó lo deportivo y tocó las fibras humanas. Habló desde sus humildes orígenes hasta tocar la cúspide

Por César Najarro | Twitter: @cnajarro |

Mariano Rivera durante su ponencia en El Salvador. Foto EDH/ Francisco Rubio

De un pueblo pesquero, sin dinero para bates, guantes o bolas, tras dejar el estudio en noveno grado por la necesidad de ponerse a trabajar, de ahí surgió Mariano Rivera, el panameño que marcó historia para siempre en el béisbol de su país, para Centroamérica, y para el mundo, hasta convertirse en el mejor cerrador de todos los tiempos y ganar cinco títulos con los Yankees de New York.

Y lo dice con orgullo que viene de ahí, y lo reconoce como clave para su desarrollo deportivo, porque “aprendí a valorar las cosas, lo que tenía, y a donde estaba”, dijo Mariano Rivera.

PERFIL: Mariano Rivera, el panameño que conquistó el mundo del béisbol y hoy está en El Salvador

“Yo quería ser mecánico, me gustaba el deporte, pero yo quería ser mecánico. Todos los niños querían ser beisbolistas, pero yo quería ser mecánico”, contó el Miembro del Salón de la Fama en una tarima de un hotel capitalino, repleta la sala para escuchar sus vivencias.

Con un breve video, repasó su vida en Puerto Caimito, a donde armaban pelotas con redes y tape, bates con ramas y guantes con cartón. Eso “me ayudó no solo a mí, sino a muchos del pueblo… y te formabas con todos, todos eran tus tíos, con vecinos, con todo mundo”, narró.

Futbolista, tanto que destacaba, hasta que se lesionó en una semifinal del pueblo. Y en béisbol, “mi posición era todo menos pitcher. Lo hacía, pero jugaba todo el campo. Todo niño que jugó béisbol ha lanzado, pero no me fascinaba, no me gustaba”, dijo.

Mariano Rivera durante su ponencia en El Salvador contó acerca de sus modestos orígenes en Puerto Caimito, Panamá. Foto EDH/ Francisco Rubio

Sin conocer nada de los Yankees de New York, según confesó, le llegó la oportunidad al conocer a un ojeador (reclutador de talento), que lo llevó con 20 años fuera de su país natal, y viajó a Estados Unidos al montar su primer avión en su vida.

Sin hablar ni una palabra de inglés, “lloraba por las noches, no por el juego, que no era tan difícil para mí, sino porque no podía comunicarme. Hasta que un día decidí no hablar más español, y pensé que tenía que hablar solo en inglés para aprender, sin importar si se burlaban. Solo les pedí a mis compañeros que me corrigieran, y así fue, no se burlaron, me ayudaron. En cuatro meses ya podía tener una conversación”, explicó.

Y es que su mentalidad de nunca rendirse, de no renunciar a nada, se impuso a los imposibles. La filosofía con la que viajó fue la de “hacer lo mejor que podía hacer”, dar lo mejor de sí. Con apenas 169 libras de peso (bajo de peso para un beisbolista profesional), su mentalidad fue clave para irse superando, para destacar en las ligas de desarrollo y superar una lesión seria en su primer año por la que tuvo que ser incluso operado.

Tras cinco años batallando en Ligas Menores, llegó el salto a las Grandes Ligas, y lo demás es historia, hasta ganar cinco campeonatos con los Yankees, convertirse en el mejor cerrador de todos los tiempos, establecer el récord de más partidos salvados (652).

“Mi objetivo era dar lo mejor de mí. Cada adversidad eran puertas abiertas para ser mejor, y darle Gracias a Dios por hasta dónde me había llevado en ese momento”, narró Rivera.

Fernando Palomo y Mariano Rivera durante su ponencia en El Salvador. Foto EDH/ Francisco Rubio

Siempre tuvo de ídolo a “Mano de Piedra” Durán, boxeador panameño que fue campeón del mundo, “para mí, el mejor deportista de Panamá”.

Pero poco a poco, forjó su carrera para convertirse él en ídolo, en leyenda. Un buen día, le dijeron que tenía que irse de las Ligas Menores, que se alistara, pero siempre le bromeaban así, y no lo creía. “Déjenme descansar”, pero era verdad, y comenzó a saltar en la cama.

Y cuando debutó, abrió, ponchó a su primer rival, pero les fue mal. “Yo hacía de todo, abridor, cerrador, de todo”, recordó.

“Ya estás en caminado, doble AA, triple AAA (ligas menores), y ves a todo ese escenario, y ves a todo ese equipo, ya los conocía en entrenamiento de primavera, simplemente fue llegar, pero era para quedarme, era uno de ellos. Eso no tiene precio”, sostuvo.

“A mí, y a mis compañeros nos recibieron como uno de ellos, eso nos ayudó a relajar un poco y a hacer el trabajo que teníamos que hacer”, sostuvo sobre sus excompañeros. Y fueron clave también algunos que le aconsejaron "alejarse de las drogas, no quiero verte en esto, en el alcohol, fumando", le decía Steve Howe.

Para Mariano, “cuando uno triunfa como centroamericano, triunfa como latinoamericano, triunfamos todos. Y el deporte es para hacerlo en equipo".

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