Sara Parra, la mujer que conecta bicicletas de Boston con El Salvador
Desde Bikes Not Bombs, Sara Parra coordina un proceso que conecta bicicletas donadas en Estados Unidos con comunidades de El Salvador y otros países.
Una bicicleta abandonada en una universidad de Boston puede terminar años después facilitando el camino a clases de una estudiante en El Salvador. Entre esos dos puntos hay miles de kilómetros, voluntarios, contenedores y un proceso que Sara Parra ayuda a coordinar desde Bikes Not Bombs.
Parra de origen colombiano, es parte de esta organización sin fines de lucro desde hace cuatro años. Actualmente, participa en el Foro Mundial de la Bicicleta que se desarrolla en El Salvador, país con el que Bikes Not Bombs mantiene una relación de alrededor de 26 años a través del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA).
Su trabajo comienza mucho antes de que una bicicleta llegue a manos de una persona. Implica recibir donaciones, movilizar voluntarios, filtrar las unidades que todavía pueden tener una segunda vida y coordinar el envío hacia organizaciones de distintos países.
“Lo que más me gusta es ver que no importa en qué parte del mundo estés, hay un ciclista feliz”, contó Parra durante una entrevista en El Salvador.

De Nueva York a mover miles de bicicletas
Bikes Not Bombs nació en 1984 y utiliza la bicicleta como una herramienta para impulsar movilidad y oportunidades en Boston y en comunidades de otros países. A la fecha, trabaja con organizaciones en lugares como Kenia, Ruanda, Sierra Leona, la isla de Nevis y El Salvador.
La organización recibe unas 5,000 bicicletas al año. Parra explica que las unidades llegan de diferentes maneras: algunas personas las llevan directamente al taller, mientras que universidades y edificios entregan bicicletas que han quedado abandonadas.
Pero no todas pueden continuar el viaje. Parra aclara que su equipo no restaura todas las bicicletas recibidas. El proceso consiste en aplicar criterios para determinar cuáles pueden tener una segunda vida y cuáles ya no son adecuadas para enviarse.
“El objetivo nunca va a ser mandar una bicicleta que no sirva, sino son bicicletas que tienen una segunda vida útil”, explicó. También recolectan repuestos, debido a que las organizaciones receptoras necesitarán piezas para realizar reparaciones posteriormente.
Aunque Bikes Not Bombs cuenta con un equipo de aproximadamente 10 a 15 personas y recibe apoyo de jóvenes y voluntarios, Parra señaló que el equipo encargado directamente de las donaciones está integrado por dos personas.
Mover ese volumen requiere apoyo comunitario. Según Parra, llenar un contenedor con alrededor de 500 bicicletas puede requerir unos 40 voluntarios trabajando durante tres días.

Cada bicicleta puede contar una historia
Uno de los aportes personales de Parra dentro de Bikes Not Bombs ha sido fortalecer el sistema que permite seguir la historia de las bicicletas. Cuando llegó a la organización encontró un mecanismo utilizado principalmente para inventario. Ella vio allí otra posibilidad, conectar a quien dona una bicicleta con la historia de quien termina utilizándola.
“Yo fui la que terminé de implementar el proceso de traquear historias, porque ellos tenían este proceso donde solo traqueaban las bicicletas por inventario y vimos una oportunidad de contar una historia”, relató.
Cada unidad recibe un número y un código que permiten registrar información relacionada con su procedencia y destino.
Para Parra, eso permite “cerrar el círculo”. Durante la entrevista puso como ejemplo el recorrido que podría hacer una bicicleta donada por un universitario en Boston hasta terminar en manos de una niña de San Marcos que antes necesitaba caminar para llegar a estudiar.
No se trata únicamente de saber dónde terminó un objeto, explica, sino de mostrar el recorrido completo detrás de una donación.
Un contenedor ya viene hacia El Salvador
La relación de Bikes Not Bombs con CESTA se remonta a unos 26 años, según Parra. La coordinadora explicó que prácticamente han enviado un contenedor anual al país durante ese período, aunque algunos años han presentado dificultades logísticas.
El cargamento más reciente fue cerrado esta semana y contiene 451 bicicletas y 2,117 piezas. Todavía no han sido distribuidas en El Salvador. Parra explicó que el traslado marítimo del contenedor tarda aproximadamente 50 días.
Una vez en el país, CESTA se encarga de determinar la distribución. Para Bikes Not Bombs, que sea una organización salvadoreña la que tome esas decisiones es parte esencial del modelo.
Parra sostiene que las organizaciones locales conocen mejor las necesidades de sus comunidades y, por tanto, pueden determinar dónde pueden ser más útiles las bicicletas. Bikes Not Bombs mantiene posteriormente un seguimiento mediante el sistema de identificación de las unidades.
Trabajo físico
El trabajo tiene también una dimensión física que pocas veces se observa detrás de una donación. Parra recuerda jornadas manejando un camión de 20 pies y recogiendo cientos de bicicletas en un solo día.
“Hay días que son muy largos (…) donde digo: ‘Yo no quiero volver a ver una bicicleta jamás’”, contó entre risas.
La sensación cambia cuando recibe noticias desde El Salvador, Kenia u otro de los lugares donde trabaja la organización. “Yo toqué esa bicicleta, o sea, yo cargué, yo toqué esa bicicleta; con el equipo de voluntarios la cargamos (…) y ahora está sirviendo a una persona que seguramente jamás conoceré, pero como que la conocí por medio de la bicicleta”, relató.
Ese vínculo resume buena parte de la historia que Parra lleva ahora al Foro Mundial de la Bicicleta en El Salvador, una bicicleta que deja de ser utilizada en un punto del mundo puede comenzar otro recorrido a miles de kilómetros.
“A mí la bicicleta me ha llevado a lugares como acá, como acá a El Salvador, que yo jamás pensé, a tener conversaciones que jamás me imaginé que iba a tener”, expresó.
Y de la misma forma en que las bicicletas ampliaron sus propios caminos, Parra espera que las que llegan a otras comunidades también puedan hacerlo.
“Me gusta pensar cómo esa bicicleta que hemos mandado le está también rompiendo las fronteras o abriendo las puertas a una persona”, finalizó.
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