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Farolitos, pólvora y tradición iluminaron una noche inolvidable en Ataco

Farolitos, pólvora y tradición iluminaron una noche inolvidable en Ataco

Lluvia, granizo y un apagón no frenaron la fiesta en Ataco, donde farolitos, pólvora, fe y tradición iluminaron una noche inolvidable.

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Resumen del artículo:

La tradicional celebración de los farolitos volvió a iluminar Concepción de Ataco este 7 de septiembre, pese a la lluvia, el granizo y un apagón de unas dos horas. Familias, parejas, devotos y turistas recorrieron las calles empedradas entre farolitos de distintos diseños. La jornada incluyó una procesión en honor al nacimiento de la Virgen Niña, música de la Banda San Francisco, torito pinto y pólvora. También hubo comida típica, café, atole y artesanías. La tradición destacó además el trabajo de artesanos locales, quienes mantienen viva la elaboración de farolitos transmitida de generación en generación.

Este 7 de septiembre, los farolitos volvieron a iluminar las calles empedradas de este pueblo de Ahuachapán y reunieron a familias, parejas, devotos y turistas que llegaron para vivir una de las tradiciones más esperadas de la zona occidental del país.

Desde horas de la tarde, el movimiento comenzó a sentirse en las calles. Farolitos de diferentes tamaños, colores y formas aparecían frente a viviendas, negocios y distintos espacios del municipio, anticipando el espectáculo que llegaría con la oscuridad.

Sin embargo, el clima decidió ponerle su propio toque a la jornada. La lluvia se hizo presente y hasta cayó granizo. A esto se sumó un corte de energía eléctrica que se prolongó durante aproximadamente dos horas.

Lejos de terminar con la fiesta, la oscuridad hizo que los pequeños puntos de luz cobraran todavía más protagonismo.

Los farolitos iluminaron las calles empedradas de Concepción de Ataco durante la tradicional celebración del 7 de septiembre.
Los farolitos iluminaron las calles empedradas de Concepción de Ataco durante la tradicional celebración del 7 de septiembre.

Cuando la lluvia comenzó a dar tregua y los farolitos se fueron encendiendo, Ataco cambió por completo. Entre las calles empedradas y la oscuridad, cada luz resaltaba y creaba una estampa que emocionaba a quienes recorrían el lugar.

Parejas caminaban entre los farolitos, familias buscaban los mejores puntos para observarlos y tomar fotografías, mientras visitantes extranjeros se detenían para apreciar una tradición que mezcla historia, religión, artesanía y convivencia.

Una noche marcada por la fe

La celebración también estuvo acompañada por el fervor religioso en honor al nacimiento de la Virgen Niña, una tradición que mantiene un fuerte arraigo entre los habitantes y devotos de la zona.

A las 7:00 de la noche salió la procesión, uno de los momentos centrales de la jornada. La imagen religiosa recorrió las calles acompañada por fieles que, pese a las condiciones del clima, se mantuvieron presentes durante la celebración.

La fe y la devoción se podían observar en los rostros de quienes acompañaban el recorrido. Para muchos, la noche de los farolitos no es únicamente un espectáculo visual, sino una tradición transmitida de generación en generación y vinculada estrechamente con la celebración del nacimiento de la Virgen María.

La iglesia también vivió la jornada con especial fervor, mientras las luces de los farolitos acompañaban el ambiente religioso.

La tradicional celebración de los farolitos volvió a iluminar Concepción de Ataco este 7 de septiembre, pese a la lluvia, el granizo y un apagón de unas dos horas.
La tradicional celebración de los farolitos volvió a iluminar Concepción de Ataco este 7 de septiembre, pese a la lluvia, el granizo y un apagón de unas dos horas.

Música, torito pinto y pólvora

Y como toda buena fiesta salvadoreña, la música tampoco podía faltar.

La Banda San Francisco puso ritmo a la celebración y acompañó parte del ambiente festivo que se vivió durante la noche.

Uno de los momentos que más llamó la atención fue la danza del torito pinto, que llegó acompañada de pólvora y le puso todavía más energía a la jornada. El sonido de los cohetes contrastaba con la tranquilidad de los farolitos encendidos y las calles llenas de visitantes.

Cerca de las 8:00 de la noche también hubo quema de pólvora, sumando otro elemento tradicional a una celebración que por momentos pasó de la calma de las luces a la intensidad del sonido y la fiesta.

La lluvia podía haber complicado los planes, pero la gente se quedó.

Entre paraguas, calles mojadas y momentos de oscuridad, los asistentes esperaron el momento de seguir recorriendo Ataco y disfrutar del encendido.

Los farolitos fueron los verdaderos protagonistas

Había mucho que ver durante la noche, pero ninguna atracción consiguió quitarles protagonismo a ellos: los farolitos.

Los había de distintas formas y diseños. Algunos mantenían una apariencia tradicional, mientras otros destacaban por el ingenio y creatividad puestos en su elaboración.

Cada uno aportaba una pequeña luz a las calles de Ataco y, juntos, transformaban el pueblo en un recorrido iluminado.

Detrás de esas piezas también hay historias de artesanos que han dedicado buena parte de su vida a mantener viva la tradición.

Familias, parejas, devotos y turistas recorrieron las calles empedradas entre farolitos de distintos diseños.
Familias, parejas, devotos y turistas recorrieron las calles empedradas entre farolitos de distintos diseños.

Durante la jornada conocimos el taller de don Edward Guevara, un artesano que desde pequeño aprendió a elaborar farolitos y que actualmente continúa este trabajo junto a sus dos hermanos.

Sus creaciones no solamente llegan a Concepción de Ataco, sino también a pueblos cercanos, convirtiendo su oficio en parte importante de la cadena que permite que cada septiembre cientos de luces vuelvan a aparecer en esta zona del país.

Entrar a un taller como el suyo permite entender que la fiesta comienza mucho antes de que se encienda el primer farolito. Hay trabajo, paciencia y conocimientos que pasan de una generación a otra detrás de cada pieza.

Café, atole, pupusas y comida típica

Con tanta caminata y con el clima fresco provocado por la lluvia, también había que buscar algo para comer o beber.

La oferta fue para todos los gustos.

Un café caliente o un atole se convirtieron en buenos acompañantes para recorrer las calles durante una noche lluviosa. También hubo comidas típicas y, por supuesto, no podían faltar las pupusas.

Entre un farolito y otro, los aromas de la comida también formaron parte de la experiencia. Familias y grupos de amigos aprovecharon para hacer una pausa, comer algo y luego continuar explorando las calles.

Las artesanías también tuvieron presencia durante la celebración, ampliando la experiencia para quienes llegaron no solo a observar los farolitos, sino a conocer parte del trabajo de los emprendedores y artesanos de la zona.

Ni la lluvia apagó la tradición

La noche tuvo prácticamente de todo: lluvia, granizo, un apagón, música, pólvora, procesión, comida, artesanías y cientos de visitantes recorriendo las calles.

Pero al final hubo una imagen que se impuso sobre todas.

En medio de la oscuridad, los farolitos comenzaron a brillar uno tras otro.

La falta de energía incluso hizo que por momentos su luz resaltara todavía más sobre las calles empedradas y las fachadas de Ataco. Mientras el agua daba tregua, las personas volvieron a salir, los teléfonos aparecieron para capturar fotografías y videos, y el recorrido continuó.

Turistas nacionales y extranjeros expresaban su emoción al contemplar el encendido, mientras los habitantes mantenían viva una tradición que forma parte de la identidad de estos pueblos.

Porque esta vez el clima intentó robarse el espectáculo, pero no pudo.

Los protagonistas fueron, como cada septiembre, esos pequeños puntos de luz que consiguieron iluminar Concepción de Ataco y demostrar que una tradición puede seguir brillando incluso cuando todo alrededor queda a oscuras.