Terremotos y cambio climático ¿están conectados?
El clima y el cambio climático no causan grandes terremotos, pero sí pueden influir en ciertas condiciones geológicas y agravar algunos de sus efectos.
Cuando ocurre un gran terremoto después de lluvias intensas, calor extremo o cambios bruscos en el tiempo, suele surgir la misma duda: ¿el clima puede influir en los sismos?
La respuesta es clara: el clima no provoca los grandes terremotos tectónicos. Estos se originan principalmente por el movimiento de las placas y la acumulación de esfuerzos en fallas geológicas durante largos periodos.
El Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, sostiene que no existe un “clima de terremotos”. Los sismos ocurren en temporadas frías, cálidas, lluviosas o secas. Aun así, ciertos procesos relacionados con el agua, la presión y el hielo pueden modificar ligeramente las condiciones de algunas fallas.
¿La lluvia puede provocar un terremoto?
Una tormenta fuerte o varios días de lluvia no tienen la capacidad de generar por sí solos un gran terremoto.
Aun así, el USGS explica que lluvias muy intensas o sequías prolongadas pueden cambiar la cantidad de agua sobre y bajo la superficie. Ese peso adicional, o su disminución, puede alterar ligeramente los esfuerzos sobre fallas que ya están sometidas a tensión. En determinadas condiciones, el agua también puede filtrarse y aumentar la presión dentro de las rocas.
Un caso estudiado por científicos del USGS ocurrió en Long Valley, California. Allí se encontró que el agua procedente del deshielo podía desplazarse hacia el subsuelo y aumentar la presión, acelerando la aparición de enjambres de pequeños terremotos superficiales.
Eso muestra que el agua puede modificar la actividad sísmica local, pero no significa que una temporada de lluvias produzca un gran terremoto.
¿Qué cambia con el calentamiento global?
La relación con el cambio climático ocurre en escalas mucho mayores. Uno de los mecanismos más estudiados es el derretimiento de glaciares y capas de hielo. Cuando desaparece esa masa, disminuye el peso sobre la corteza y el terreno puede elevarse o deformarse, modificando los esfuerzos en rocas y fallas cercanas.

Investigaciones sobre la interacción entre las capas de hielo y el sistema terrestre muestran que la pérdida acelerada de hielo ocasionada por el calentamiento puede producir cambios físicos en la corteza. La posibilidad de que la deglaciación inducida por el calentamiento actual reproduzca algunos de estos procesos observados en períodos anteriores forma parte de las investigaciones científicas en curso.
Esto no significa que el cambio climático genere terremotos en cualquier lugar. Para que ocurra un sismo tectónico debe existir previamente una falla sometida a esfuerzos; los cambios en hielo o agua solo pueden modificar esas condiciones.
El cambio climático también puede hacer más peligroso un terremoto
La conexión más preocupante puede estar no en la causa, sino en las consecuencias del terremoto. Una revisión científica publicada en Nature Reviews Earth & Environment advierte que el cambio climático y otras modificaciones ambientales pueden intensificar peligros secundarios como deslizamientos de tierra, licuefacción del suelo, tsunamis e inundaciones costeras.
Por ejemplo, lluvias más intensas pueden dejar las laderas saturadas de agua y más inestables. Si posteriormente ocurre un terremoto, esas pendientes pueden tener mayor facilidad para colapsar.
En las costas, el aumento del nivel del mar puede volver más vulnerables a las comunidades frente a inundaciones causadas por un tsunami, aunque el calentamiento global no haya provocado el sismo que originó la ola.
Entonces, ¿están conectados?
Sí, pero de forma indirecta y limitada. No existe evidencia científica de que el calor, una tormenta o el cambio climático sean responsables directos de los grandes terremotos tectónicos.
Lo que sí está documentado es que el agua, el hielo y la presión atmosférica pueden modificar ligeramente los esfuerzos sobre determinadas fallas. En algunos lugares eso puede influir en pequeños sismos o en una falla que ya estaba cerca de liberar tensión.
Además, el cambio climático puede aumentar la vulnerabilidad frente a los efectos de un terremoto. El clima no crea la fuerza tectónica que produce los grandes sismos, pero sí puede modificar el entorno en el que ocurren y agravar sus consecuencias.
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